Bolivia: elecciones en tiempos de coronavirus y golpe de Estado

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Por Boris Ríos Brito

Evo renunció el 10 de noviembre, pero los sectores sociales, algunos de los cuales habían sido contenidos por sus direcciones, sintieron en carne propia la violencia reaccionaria a manos de los brazos parapoliciales del golpe –quienes, con la Policía amotinada, pisotearon y quemaron whipalas, símbolo de la plurinacionalidad y de las naciones originarias–, y decidieron movilizarse desde abajo. Cientos de miles de personas, por no decir millones, desde sus territorios, iniciaron una defensa de lo popular que tuvo como detonante, siempre presente, a las mujeres de pollera que habían sido atacadas por la violencia reaccionaria mientras, el 12 de noviembre, una desconocida Jeanine Áñez se autoproclamó presidenta, ante a un puñado de parlamentarios de derecha sin el mínimo quórum requerido, y con un militar colocándole la banda presidencial.

El contexto estuvo pintado por un conjunto de acciones violentas contra parlamentarios y autoridades del Movimiento Al Socialismo (MAS) y sus familiares, lo que provocó la renuncia de varios de estos, dejando un vacío de poder por horas, con la consecuente escalada de la violencia reaccionaria y el desconcierto del movimiento popular. Fue justamente en este escenario que la reorganización popular tomó más impulso, al margen de las estructuras o por lo menos las direcciones de las organizaciones y movimientos sociales que iniciaron una gran movilización, sobre todo en los departamentos de Cochabamba y La Paz.

Las movilizaciones populares de la Zona Sur de Cochabamba se caracterizaron por el desbloqueo de las barricadas de los grupos de choque y de sectores urbanos movilizados por varios discursos interpeladores, como el recuperar la democracia –pero siempre centrados por el racismo–. Mientras que las del Chapare pasaron del bloqueo de la carretera a incluir la movilización de un contingente importante para la realización de marchas de protestas. A estas, el 15 de noviembre, el régimen de Áñez respondió desplazando a varios contingentes militares y policiales, resultando en una masacre en el puente Huayllani, ubicado en el municipio de Sacaba, colindante con el municipio y ciudad de Cochabamba, y en El Alto en la zona de Senkata, donde se encontraba una planta de combustibles que la población había decidido bloquear.

“Fueron las organizaciones y movimientos sociales los que permitieron que el MAS pueda participar en las elecciones presidenciales del 3-M”

La ola represiva masiva se fue apaciguando, al tiempo que las organizaciones y movimientos sociales continuaron movilizados y también porque organismos de DD.HH. alertaron de la situación y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) intervino casi de inmediato. Pronto se llegó a una llamada “pacificación”, en que se estipuló el cese de la persecución política, el resarcimiento a las víctimas directas de la represión, entre heridos y muertos, y la realización de elecciones (cumpliéndose muy poco).

No queda duda, fueron las luchas populares las que arrancaron democracia de las botas militares y policiales del régimen de Añez, mientras que un Parlamento de dos tercios del MAS buscó reencontrarse con muy pocas figuras valientes que denunciaron la violación de los DD.HH.

En un escenario adverso, al que se ha sumado a todo el aparato estatal para descalificar la gestión del MAS y se jugó, en todo momento, la proscripción, fueron las organizaciones y movimientos sociales los que permitieron que el MAS pueda participar en las elecciones presidenciales del 3-M, aun cuando hoy en día no se descarta que las autoridades electorales, que responden directamente a los intereses del régimen, calculen finalmente inhabilitar a los candidatos masitas.

Las encuestas publicadas han colocado al MAS como primero en preferencia, siempre con más del 30% de los votos, de donde se calcula una proyección que puede alcanzar entre el 45% y el 50%, pese a que las empresas encuestadoras suelen tener alguna intencionalidad de posicionar a la candidatura oficialista del régimen en un lugar favorable. Es ahí donde, en medio de la pandemia del coronavirus, el régimen tantea la posibilidad de postergar las elecciones, al tiempo que le viene bien prohibir las concentraciones masivas que caracterizaron los sectores que apoyan al MAS y que las tiendas de derecha no pudieron propiciarse a pesar suyo.

El régimen de Áñez ha ingresado en un acelerado proceso de descomposición, donde graves casos de corrupción se han evidenciado, como el descalabro de las empresas estatales que reportaban otrora ganancias que aportaban al pago de bonos y que ahora aparecen próximas al quiebre, con casos dudosos como el de Boliviana de Aviación (BOA), que ha tenido a gerentes del régimen que venían de empresas privadas competidoras.

Se prevé que la postergación de las elecciones del 3-M se convierta en una jugada del régimen para buscar mejorar sus posibilidades electorales, como también que se inhabiliten a candidatos del MAS, incluidos los del binomio a presidente y vicepresidente. ¿Serán las organizaciones y movimientos sociales bolivianos los que den la talla histórica nuevamente en una lucha por recuperar la democracia y significarla?

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Boris Ríos Brito Sociólogo y militante del Movimiento Guevarista (MG) de Bolivia

Cortesía de http://la-epoca.com.bo

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