Jean Paul Guevara: “siempre han existido prejuicios y una mirada señorial de parte del gobierno de Rodrigo Paz”

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A poco de cumplirse cuatro semanas de protestas sociales en Bolivia el panorama empieza a esclarecerse: el Gobierno se enfanga más y más y parece tener las horas contadas, mientras los bloqueos y apoyos a los movilizados se multiplican a lo largo y ancho del territorio nacional.

Un día la administración Paz dicta orden de aprehensión contra el secretario general de Central Obrera Boliviana (COB) y al día siguiente lo convida a “dialogar”. Otro día tilda a la población alteña de “vándalos” y seguidamente les halaga diciendo que son “personas de trabajo”. Cuando convoca una mesa de negociaciones, irrumpe el propio mandatario en tono amenazante: “si no quieren dialogar, para eso están las reglas de la Constitución”.

No parece auspicioso el futuro inmediato para el representante de la burguesía nativa. Las demandas sociales hace rato superaron lo puramente sectorial para confluir al grito de: ¡Renuncia Rodrigo Paz! ¡Queremos nuevas elecciones!

Para ahondar en la rebelión popular de masas y en la crisis estatal que vive el país andino-amazónico nos sentamos a conversar con el prestigioso cientista político Jean Paul Guevara.

¿Cuál es la raíz de la actual protesta popular en Bolivia?

Habría que partir por diferenciar dos elementos: 1) la raíz más estructural, más estratégica, profunda; y 2) la raíz más de la coyuntura de la gestión del Gobierno en estos seis meses.

Comenzando por lo estructural, el conflicto tiene su raíz en una mala lectura que hacen el gobierno de Rodrigo Paz y la derecha en su conjunto sobre el campo popular en Bolivia.

La derecha creía o entendía que el campo popular había sido derrotado, porque el Movimiento Al Socialismo (MAS) se había dividido y había tenido una pésima gestión en el gobierno de Luis Arce. Han hablado algunas veces del fin del Estado Plurinacional. Y nada de eso es tan así. De hecho, el resultado de las acciones que estamos viendo nos muestra que no hubo tal derrota del campo popular.

La derecha, y a veces gente de la izquierda, no entiende que el Instrumento Político, el Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), era de verdad un instrumento político utilizado por el movimiento popular pero no era el movimiento popular en sí.

La derrota que se sufre, la implosión del MAS, las divisiones internas, todos los desaciertos que fueron dando botes a partir de 2016, hicieron posible el resultado electoral  del pasado año; pero eso no significaba que el movimiento popular estuviera derrotado. Entonces, la derecha pensó equivocadamente que estaba derrotado y que llegaba el momento de acabar con el Estado Plurinacional y con todo lo popular.

Por el contrario, el mismo triunfo de Rodrigo Paz era una señal de la vitalidad que tenía el movimiento popular, porque la derecha quería hacernos escoger entre dos opciones claramente conservadoras: Doria Medina o Tuto Quiroga. Y el campo popular encontró un resquicio, una otra opción que no era el MAS ni la expresión de Adrónico Rodríguez.

Lo que hubo fue un voto de resistencia que se le da a Rodrigo Paz y que es refrendado en la segunda vuelta, porque la única opción era él o Tuto, pero además muy vinculado a esta alianza que tiene de llevar como vicepresidente a Edman Lara.

En sí se trata de un Gobierno improvisado desde el inicio,  porque ni siquiera Paz pensaba que iba a triunfar. En la primera vuelta las encuestas  le daban entre un 3% y un 7% y no el 36% que obtuvo; no tenía equipo, no tenía un partido, debió negociar con el Partido Demócrata Cristiano (PDC) para acceder a una sigla y hasta tenía a otro candidato a la Vicepresidencia, a quien tuvo que sustituir por razones legales. Ni Paz ni Lara tenían una trayectoria, ni formaron un equipo, carecían de alguna coincidencia política.

¿Así definiría el carácter del gobierno de Rodrigo Paz?

Efectivamente, es muy improvisado en todo el sentido de la palabra. Y cuando él no entiende –o la derecha no entiende– esa lectura y piensa que el campo popular está derrotado es cuando se convencen que pueden avanzar y acabar con el Estado Plurinacional.

Esa sería la raíz más estructural del conflicto: por un lado, un momento popular todavía vital, cada vez con más fortaleza en este tiempo; por el otro, una lectura equivocada de la derecha y del Gobierno al pensar que ahí tenían un muerto político y podrían cumplir su mayor anhelo que sería volver a un período pre2005.

¿La derecha busca retrotraer la Historia?

Ellos quieren restaurar, son negacionistas de lo que ha pasado y del cambio. Pero, bueno, más allá de eso y sin desviarme del asunto, los factores más coyunturales son todas las acciones que a partir de esa lectura implementa el Gobierno, y ahí no se trata de seis meses, sino más bien de qué hizo el Gobierno en este tiempo, porque ha llevado a cabo una serie de medidas directamente contra el campo popular y contra cualquier relacionamiento con esa base de votantes que le habían dado la victoria.

¿Podría mencionar algunas de esas medidas?

Para hacer un repaso rápido, tenemos que a partir del 26 de noviembre elimina el impuesto a las grandes fortunas beneficiando a la gente más rica. Luego está el tema de esas opacidades que hay en cuanto el narcotráfico, cuando se conoce el caso de las 32 maletas que llegaron al Aeropuerto de Viru Viru sin ninguna declaración de Aduana ni de impuestos, ni nada.

Una cosa más dura en su ruptura con el campo popular fue el decreto del 29 de diciembre que le permite al Presidente gobernar desde el exterior, rompiendo con la tradición que había en Bolivia y que dicta la Constitución en relación a que se tiene que hacer una transmisión de mando a la Vicepresidencia cuando el primer mandatario emprende algún viaje internacional. Lo simbólico en este caso, además, es que rompe con el vicepresidente Lara, con quien tenía conflictos desde la primera semana de gestión y que era uno de los pocos vínculos que conservaba con el campo popular.

Todas esas medidas, más el gasolinazo –que la gente soportó–, el tema de la gasolina basura, el evento tan trágico del avión con dinero que se estrella en El Alto –que sigue sin explicación–, la estigmatización y el hablar mal las aleteñas y los alteños para cambiar el foco mediático y disimular… ¿Y el cherry? La ley 1720, actualizada por Branco Marinković, que favorece únicamente a la agroindustria del Oriente. Tal es su ingenuidad o provocación que Rodrigo Paz presenta la ley en la oficina de la Cámara Agropecuaria del Oriente CAO) en Santa Cruz.

Esos ya son factores y elementos más coyunturales a partir de esa lectura errada que tenían y tienen respecto a la situación política del país.

¿Qué sectores/actores están movilizados y cuáles son las reivindicaciones principales?

Los sectores movilizados son mineros, transportistas, campesinos, indígenas, magisterio urbano, magisterio rural, es decir, casi todo el campo popular, porque se fueron juntando distintas demandas. Por ejemplo, los mineros asalariados del Estado buscan un aumento salarial; mientras que los mineros cooperativistas obtuvieron una serie de concesiones de parte del Gobierno. Los transportistas han pedido que haya un resarcimiento por el daño causado por la gasolina basura. Los campesinos indígenas emprendieron una marcha desde Pando para la abrogación de la Ley 1720. La COB a su vez dio a conocer un pliego petitorio presentado en abril al Gobierno. A eso se suman las reivindicaciones de los maestros urbanos y rurales –cada uno por su lado– y hasta los pedidos enunciados por el senador Nilton Condori, que tuvo un cabildo de respaldo el 15 de abril, seguido del cabildo de la COB del 1 de mayo.

La idea de renuncia del Presidente viene desde el cabildo del 15 de abril, cuando le dan dos semanas para que resuelva las demandas; entre ellas que se rebaje el salario a todo el sector público y al Gobierno. Pero no se tomaron en cuenta las demandas y no se respondió ninguna: ni al pliego petitorio de la COB –que más bien se caricaturizó y se hicieron la burla– ni a las del cabildo del 15 de abril.

¿Qué características particulares tiene esta protesta respecto a otras de meses y años pasados?

Es muy importante como antecedente la huelga que hubo entre diciembre de 2025 y enero de este año, cuando ya el Gobierno pretendió implementar por medio de decreto un conjunto de reformas a la Constitución, donde se aumenta el precio de la gasolina, cuestión que la población acepta a pesar de ser tan dura. Pero ahí inicia una de las características definitorias: la recomposición del campo popular en cuanto a un liderazgo, el tema del surgimiento de la nueva dirigencia de la COB que puede llevar adelante esas movilizaciones, y que pese a ser denunciada de haber traicionado por haber firmado un acuerdo con el Gobierno ya desde ese instante permite a la Central agarrar un nuevo protagonismo que se complementa con un carácter de autorganización muy fuerte, porque para ese momento y aún ahora es clave esta autorganización que hay, que no tiene un liderazgo político centralizado y donde no hay un partido que esté a la cabeza ni un dirigente liderando las movilizaciones.

Es una diferencia sustantiva con lo que teníamos en años anteriores. Usualmente las movilizaciones estaban dirigidas y lideradas por el partido gobernante, el MAS, y principalmente por Evo Morales y otros líderes; pero ahora no hay esa figura política. Y lo que podría parecer una debilidad, para mí es una fortaleza ya que no hay ningún líder capaz de desarticular al movimiento.

Además del tema de la ausencia de un liderazgo personal o partidario, ¿hay otro elemento que le de originalidad a estas protestas?

Otro elemento es la velocidad y la profundidad de la autorganización. Tal vez mucha gente del Gobierno no pensara que en tan poco tiempo podía recomponerse el campo popular para oponerse a una nueva medida del Ejecutivo, pero lo concreto es que la Ley 1720 articuló, movilizó y sensibilizó a toda la sociedad y fue como un imán al que fueron traídos cada vez más y se articularon distintas demandas.

En otras palabras, la gente que comienza a profundizar las demandas y a movilizarse de manera más activa es justamente la que había votado por Rodrigo Paz en las elecciones del año pasado.

¿Y qué lecturas se pueden extraer de eso?

Hay distintas lecturas. Más allá de la trivialidad de decir que empezó a gobernar sin su base social o que las medidas que tomó fueron para favorecer a los sectores oligárquicos del Oriente –que no habían votado por él, sino por Tuto Quiroga– o que rompió indebidamente con el vicepresidente Edman Lara, a mí me resulta muy interesante la idea de que la gente que votó por Rodrigo se sienta con el derecho de que le devuelvan su voto, con el derecho de pedir una rendición de cuentas.

¿Eso dio un giro al conflicto?

En mi perspectiva, me parece que eso ilustra una profundización de la democracia.

¿Por qué?

Nuestra Constitución reconoce distintos tipos de democracia; reconoce la democracia participativa y la democracia comunitaria. No abunda mucho en eso, pero menciona que pueden reconocerse cabildos, asambleas, etcétera. Señala que se van a reglamentar esas instancias en algún momento.

Ahora, parte de lo que sería una democracia participativa, una democracia que pudiéramos llamar de alta intensidad, es la demanda de rendición de cuentas permanente.

La democracia para el campo popular no se reduce a un acto de sufragio cada cinco años. Después de la experiencia del Estado Plurinacional, de haber entendido que ya no son invitados ni son integrados a este Estado, sino que son el Estado y son parte del Estado mismo y los actores principales de construcción del Estado Plurinacional, la gente se siente con el derecho de reclamar, de pedir rendición de cuentas y de pedir la devolución de su voto. Y para esa práctica democrática uno no tiene que esperar cinco años ni seis años.

Lo que más quisiera la derecha es que se le dé un cheque en blanco y que como fue elegida por “voto mayoritario” la dejen vivir en paz por cinco años. Pero eso no es democracia y menos todavía democracia participativa.

Ahí se abre una veta para la reflexión: hay que tener presente que se puede estar innovando en el ejercicio de la democracia. Esa es una de las características fundamentales que nos está revelando la actual movilización.

Manifestantes en La Paz, mayo de 2026.

¿Cómo comprender que, en el desarrollo de la protesta, se escale de pedidos como la derogación de tal o cual decreto o ley a la renuncia del Presidente?

Para comprender eso, al igual que todos los fenómenos sociales, políticos o económicos que ocurren en Bolivia, hay que poner en el centro el factor de la colonialidad interna. Un elemento que ha estado permanentemente presente en todo este conflicto y en el gobierno de Rodrigo Paz. Basta ver el teatro que hubo el día de su posesión, más parecido a la asunción de un monarca que al juramento de ley para ser mandatario, lo cual es parte de una lógica y de un prejuicio señorial que existe y está plenamente vigente en el país.

Aunque no se ha dicho, eso es lo que está en el trasfondo de esta demanda y es lo que ha posibilitado que escale tan rápidamente el conflicto, porque siempre han existido prejuicios y una mirada señorial de parte del gobierno de Rodrigo Paz.

¿Cómo se han expresado esos prejuicios y conductas que apunta?

Se han reído de las demandas del campo popular y no solamente con acciones como eliminar los impuestos a las grandes fortunas o con la ruptura con el Vicepresidente, sino mediante la caricaturizaron las demandas y las movilizaciones del campo popular.

A tal punto ha llegado el Presidente que tuvo el cinismo de decir que la derogación de la Ley 1720 sobre tierras fue producto de una negociación. En otras palabras, hubiera podido negociar antes, incluso antes de aprobar la ley; pero sabemos que la derogación fue causada por una marcha heroica de 30 días de gente que vino desde Pando hasta La Paz. Lo que eso se invisibiliza y se pretende denigrar.

Un segundo ejemplo puede ser la reacción del Gobierno frente a la tragedia de la caída del avión en El Alto y la muerte de personas que estaban circulando alrededor del Aeropuerto. ¿Qué hicieron? Comenzaron a vilipendiar a las alteñas y los alteños y a deshumanizarlos; una característica que se va a repetir en el Gobierno en aras de  minimizar al campo popular.

Otro ejemplo. El pasado fin de semana organiza una caravana, un corredor humanitario para levantar los bloqueos de la carretera La Paz-Oruro, pero resultó en un acto que quería más bien deshumanizar a los que estaban bloqueando. Ese fue el mensaje. Y es ese carácter colonial el que le lleva poco a poco al Gobierno a un callejón sin salida y que provoca que vayan escalando las demandas y la movilización, porque el Gobierno no evalúa ni puede valorar de manera equilibrada ni horizontal ni como un otro sujeto a lo indígena, a lo popular.

Es posible que en eso tenga algo que ver el famoso asesor de Paz, el argentino Fernando Cerimedo, que en distintos países siempre ha buscado exacerbar las diferencias y plantear alternativas de blanco o negro, de buenos y malos, de que sus causas son nobles y el resto son los bárbaros. No hay que olvidar que el Presidente calificó de vándalos a los movilizados.

Más allá de que eso pueda ser una estrategia política y comunicacional que busca sentar contrapuntos fuertes, pienso que en el fondo está la lógica que digo: la mirada señorial que tienen del país y que le impide y le niega poder negociar horizontalmente con un otro, con los movimientos sociales.

¿Cómo evalúa el tratamiento de los conflictos desde el Ejecutivo? ¿Cuál es el significado y la potencia de que sectores conservadores vuelvan a pronunciar cantos racistas y enarbolar las banderas del racismo?

De alguna forma en la anterior respuesta he tratado el conflicto desde el Ejecutivo, así como el significado y la potencia de las acciones de los sectores conservadores. Sin embargo, eso evidencia que los cambios que han habido en los 19 años de gobierno del MAS no han avanzado en las cabezas de los sectores conservadores y que persisten los prejuicios raciales y la discriminación.

En ese sentido, ¿cómo se vive esta tensión en torno a la existencia misma del Estado Plurinacional?

Aunque sea solamente un nombre y todavía una tarea pendiente a construir en todo el sentido de la palabra y sus institucionalidades y demás, es indiscutible que a partir del Estado Plurinacional se ha cambiado el imaginario social, porque en la forma de actuar de los movilizados uno percibe que ya no están en una posición de solicitar cosas, de pedir que el Gobierno los atiende, sino que están demandando. Hay una actitud y un lenguaje totalmente diferentes. Están clarísimos que le pueden reclamar al Presidente que está ahí por ellos y que si sus abuelos y tatarabuelos fueron esclavos en la Colonia y siguieron siendo esclavos en la era republicana ya desde el Estado Plurinacional ellos no van a ser más esclavos. Y aquí estoy citando literalmente a un movilizado que sin ser dirigente ni nada se expresó con esas palabras.

«El 80% o el 90% de los movilizados no tienen nada que ver con Evo Morales, de hecho están en sus antípodas»

¿Estaba lejos de ser el fin del Estado Plurinacional lo que pasó en las últimas elecciones presidenciales?

Lo que estaba en juego en las elecciones después de Luis Arce era ver hasta dónde había quedado y qué tanto habíamos avanzado en la construcción del Estado Plurinacional y en la transformación de la sociedad. Al perder tan estrepitosamente las elecciones mucha gente pensó que ya se había acabado el proyecto del Estado Plurinacional.

Lo que estamos viendo es que no fue así. Lo que está desarrollándose más bien es una expresión combativa de la resistencia que se tenía frente a todos los proyectos que querían restaurar la República, con todo su negacionismo de hablar de “somos ciudadanos de la República, no del Estado Plurinacional”. Recién estos restauradores están dándose cuenta que no fue gratuito ni fue casual y que dejaron una marca los gobiernos del MAS.

Sobre este punto, ¿cómo explicar que parte de la base movilizada contra el presidente Paz le haya apoyado en esas elecciones de octubre? ¿Qué ha pasado en estos meses para tan acelerada desafección?

Es lo que hemos hablado, que para mí tiene que ver con otra proyección de la democracia y el entender cómo puede haber una desafección tan acelerada, que no lo podría llamar tal vez desafección, sino más bien una profundización y una concientización de la capacidad de demandar una rendición de cuentas permanente.

Eso es también un cambio que puede haberse dado en este proceso plurinacional mencionado. Cuando ya te aceptan que participes, no vas a hacerlo solamente cada cinco años y siempre vas a buscar más.

¿Hacia dónde pudiera caminar el conflicto? ¿Puede multiplicarse la protesta y caer el Gobierno?

Aquí vuelvo a la idea de que cada vez se están cerrando más las posibilidades de una solución negociada. Sobre todo viendo el repetido discurso que hizo el día martes el Presidente en Sucre, porque se nota que no entendió nada cuando dice que pide disculpas por si se ha dejado de atender a algún sector que votó por él, que ha sido por falta de tiempo y que ahora se va a dar ese tiempito para poder atenderlos. No hay ni siquiera una disculpa sincera y decir, por ejemplo, “saben qué, vamos a corregir el rumbo y volveré a escuchar a la gente que ha apoyado”. Nada de eso.

Como están planteadas las cosas, el escenario más realista es pensar que el Presidente va a tener que renunciar. Lo duro es que están levantando los contrapesos que había para el Estado de Excepción, como fue una ley aprobada en la gestión de Eva Copa en el Senado en respuesta a la experiencia mortífera de Áñez. El Gobierno actual revierte esto supongo que con la intencionalidad de declarar un Estado de Excepción y de reprimir directa y abiertamente; por eso ha habido todo un proceso de deshumanización del movimiento popular, para que no haya reclamos para con la represión que puedan desatar.

Ese es el escenario principal, que sería el más catastrófico porque la violencia siempre está acompañada de muertes y heridos.

Lo menos probable, que no estoy seguro que pudiera darse porque ha quedado demostrado que la inteligencia o el olfato político del Presidente es casi nulo, sería que se siente a negociar y que pueda proponer un gobierno de coalición, un gobierno de unidad. Pero esto es bastante ilusorio a la hora de ver su actuar.

¿Hay un antes y un después de estas protestas para el Ejecutivo?

Ciertamente ya nada va a quedar igual. Estas movilizaciones, esta confrontación, no va a ser inocua en términos históricos. Si por alguna razón se queda el Presidente, dudo que pueda imponerse por la fuerza y tendrá una gobernabilidad tan limitada y tan frágil que no avizoro que llegue mucho más allá.

¿Qué sería lo determinante de esos límites?

Tendría que tomar conciencia de que no tiene el poder de decisión sobre el país y menos sobre el proyecto de Estado Plurinacional. Por tanto, su gobernanza sería muy limitada, muy pobre.

Pero la Constitución prevé su renuncia y que el Vicepresidente llame a elecciones. Ahí hay un escenario posible como sería el que tengamos elecciones dentro de los próximos tres o cuatro meses.

Cómo se resuelve lo electoral va a ser otro desafío, pero por ahora la gente no está tan focalizada en qué va a pasar después, sino más en que tiene que irse el Presidente.

«Estoy convencido que superar la polarización va a pasar necesariamente por avanzar en la transición hacia la construcción del Estado Plurinacional»

¿Cuáles serían los mínimos para una victoria popular?

Se está construyendo la narrativa, y me parece que en base a datos reales, de que la victoria popular ya se ha dado. Eso se ve en la derogatoria primero del Decreto 5503 y ahora de la Ley 1720, más allá de que no hubo ningún festejo y que el Presidente lo mostró como si hubiera sido algo consensuado. Claro, en el caso de la última con un apéndice que pusieron referido a que en 60 días tenían que elaborar una nueva ley. Pero, pregunto, ¿qué nueva ley van a hacer sobre la tierra luego de esta movilización?

Ya las líneas rojas están dadas y las capacidades y la fuerza mostrada por los movilizados va a hacer pensar a cualquier otro gobernante. Aunque en las elecciones ganara Tuto Quiroga, que sería el sueño mojado de toda la derecha, igual tendría que revisar sus proyecciones y posibilidades de implementar cualquier proyecto.

¿Tienen algún proyecto Quiroga y la derecha?

Ese es el punto, la derecha no tiene un proyecto estatal para Bolivia; no lo tuvo antes y no lo tiene ahora. Más allá de defender los privilegios que ha mantenido durante la época republicana, no tiene otro proyecto. Por eso son negacionistas del cambio que ha habido y quieren volver a un escenario inexistente como es el de antes de 2005.

¿Cuáles son las fortalezas y los límites y debilidades de los movimientos sociales movilizados?

Mucha gente puede interpretar, aunque yo lo veo de otra manera, que la mayor debilidad está en que no hay un liderazgo fuerte o un partido que puedan guiar las movilizaciones y las transformaciones.

¿De qué otra manera usted enfoca ese asunto?

En que precisamente es esa capacidad de autorganización la mayor fortaleza que tenemos. Es una forma de confirmar que el chip comunitario existe y que puede prenderse y caminar juntos de forma casi espontánea cuando hay una causa que se considere que nos afecta a todos y a todas.

Desde el Gobierno han insistido que detrás de un supuesto plan golpista estaría Evo Morales, ¿cuál ha sido el real peso del exmandatario en estas jornadas? 

Evo Morales ha sido en buena parte “revivido” por el propio Gobierno. Parte de la estrategia comunicacional política de buscar la confrontación y la polarización de la sociedad para derrotar a un enemigo no político es personificarlo, individualizarlo y pensar que es una persona la que está guiando toda la movilización existente. Y en ese caso le resulta perfecto al Gobierno utilizar la figura de Evo Morales.

¿O sea que no estaría detrás de las movilizaciones?

En términos fácticos, el 80% o el 90% de los movilizados no tienen nada que ver con Evo Morales, de hecho están en sus antípodas.

¿Usted se refiere a quiénes?

A la Federación Departamental Única de Trabajadores Campesinos de La Paz Túpac Katari, a las 20 provincias de La Paz, a los maestros urbanos de Bolivia y a la federación de maestros urbanos de La Paz –que son trotskistas–.

Hasta la dirección de la COB actual nace de una ruptura con la dirección que estaba subordinada a Morales.

¿Entonces Evo Morales no tendría ninguna incidencia?

Yo creo que no la tiene. Obviamente que tiene una historia detrás y eso es algo muy presente en el pueblo, su figura está encarnada en el pueblo, es parte de su piel, pero no veo que esté detrás de algún plan golpista o que tenga el peso mayor en estas jornadas.

Pienso que Evo Morales más bien se ha subido a la ola de las movilizaciones y de las denuncias contra el Gobierno para poder sacar ventaja y provecho en su propio beneficio.

¿Sacar provecho en qué sentido?

En que políticamente debe ser muy difícil querer estar vigente cuando se está recluido en un espacio de territorio reducido como es el del Chapare.

¿Cuáles son las posibles salidas para superar una polarización que se prolonga por al menos una década?

El escenario más probable, o tal vez que tenga un cauce más institucional dentro del marco de lo que se llama la democracia en Bolivia, sería el realizar nuevas elecciones.

¿Eso resolvería el impase actual?

No resuelve la polarización, pero sí este impase y la falta de gobernabilidad que existe. Y habrá que ver qué pasa, según cuáles sean los resultados de la movilización y la capacidad que tenga el campo popular, ya que hay que elegir una o más cabezas para llevar adelante esas elecciones.

Aunque estoy convencido que superar la polarización va a pasar necesariamente por avanzar en la transición hacia la construcción del Estado Plurinacional.

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Javier Larraín Director

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