El movimiento rapero y el hip hop tuvieron sus orígenes en los suburbios de los Estados Unidos, como expresiones de críticas al sistema social, político y económico dominante. Sin embargo, esta cultura urbana se resignificó en otras partes del mundo como una forma de plasmar el sentimiento y rebeldía juvenil.
El rap en Bolivia siguió su propio rumbo y pronto se transformó en un modo de entender la realidad y también de comunicar el mundo aymara a través de la música, la danza y el arte callejero. Así lo manifiestan los jóvenes alteños de Nación Rap.
“En Bolivia el arte del rap se fue desarrollando hace mucho tiempo atrás, con la globalización y la llegada de jóvenes de los Estados Unidos. Como toda cultura fue aceptada y apropiada localmente, sobre todo en La Paz y en el área andina”, señala Tawit Lipan, uno de los integrantes del grupo con el que La Correo tuvo un grato encuentro en Plaza Murillo.
«El rap empezó a crear conciencia en El Alto y lo importante fue que su contenido se comenzó a cantar en aymara».
Durante el diálogo aclara que “el hip hop es un arte en general, el cual engloba diferentes acciones y expresiones, como por ejemplo el graffiti, el breakdance y el rap mismo”. “Es interesante como se dio en nuestro país –añade el joven–, donde fue desarrollando otra visión, mucho más local”.
“El rap es una creación lírica improvisada, que es acompañada por un ritmo llamado bit, pero lo más importante es el mensaje que difunde”, afirma, y con un halo de orgullo remarca que la identidad que logra Nación Rap surge a partir de un grupo de jóvenes de La Paz y El Alto que se apropiaron de esta movida y comenzaron a “fusionar el rap con música andina, bits con zampoñas, quenas y otros instrumentos propios”.
Los orígenes
“Nación Rap trabaja estas fusiones desde hace mucho tiempo”, cuenta Tawit, y sitúa su irrupción en los acontecimientos de la denominada “masacre de octubre” de 2003, hechos que enlutaron a la ciudad de El Alto, La Paz y a toda Bolivia, a partir de los cuales “el rap irrumpió como denuncia”, recuerda.
Tras la masacre, “el rap empezó a crear conciencia en El Alto y lo importante fue que su contenido se comenzó a cantar en aymara. Esto permitió que mucha gente que no habla castellano pueda entender y descifrar el mensaje que se dio en esas épocas”, asegura.

Es así que Nación Rap decidió consolidar el rap en aymara como un canal comunicativo, no sólo para las ciudades, sino también para el campo, donde es mayor el trabajo que desarrollan y el fenómeno se vuelve más interesante, por la interacción con las comunidades, en la que “no sólo participan los jóvenes, también los awichos, las awichas y los jilatas en general”, relata el joven.
Raperos multilingües
Tawit recuerda que pasó a ser integrante de Nación Rap tras haber formado parte de un grupo en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la carrera de Lingüística, donde la diversidad del lenguaje tomó gran relevancia a la hora de hacer rap. “Por un lado fusionamos bits con música regional, la de nuestras comunidades, pero además es importante el idioma, por eso cantamos en aymara”, remarca, aunque amplía que cantan en inglés, francés y castellano, y que las temáticas que abordan siempre ponen el énfasis en la “conciencia social y rebeldía”.
El rap en la comunidad
Otro integrante de Nación Rap, Erik Copa Tapia, conocido artísticamente como Poncho, oriundo de Patacamaya, municipio cercano a la frontera con Chile, también le relató a La Correo cómo nace su inquietud por el rap y cuáles son sus influencias artísticas.
“Cuando era niño recuerdo que venían muchos voluntarios gringos de ONG, como Save The Children, a apoyar a las comunidades y yo participaba de esos trabajos. Me llamaban la atención sus MP3 y el rap que escuchaban y hacían, yo no cachaba ni pedo, pero mi primera reacción fue acercarme y hablarles para saber de qué se trataba. Así descubrí el hip hop y otros estilos, pero como aymara no cachaba del todo que era eso. Ahí nace mi inquietud y desde esa experiencia comencé a investigar esta cultura”, explica Poncho.

A partir de esta vivencia en el Municipio de Patacamaya, el joven Erik define su rumbo: “Mi objetivo no son los cuates de la ciudad, lo que más me interesa es llegar a las comunidades rurales, al hermano al jilata, a las tías y tíos que están con poncho, para demostrar que nosotros también podemos hacer hip hop, pero no del comercial, del sexo, la violencia y el alcohol, sino de uno que tenga contenido social y que hable de contextos locales, de lo que es el aymara, de nuestras vivencias y que sea un portavoz de esta cultura al mundo”.
En la actualidad Poncho vive en La Paz, por cuestiones de estudio, aunque mantiene la esencia de su comunidad. “Fue muy impactante venir del campo a la ciudad, yo tengo otra perspectiva, veo a las ciudades de La Paz y El Alto como revolucionarias. Mi pueblo, Patacamaya, es revolucionario, bueno, un gran referente histórico es Zárate Willka, que es de mi provincia, así que toda esta región es un bastión revolucionario, y que mejor que utilizar el hip hop como una fuente para manifestarnos”.
La consolidación como grupo
Si bien la chispa de Nación Rap se originó durante la masacre de octubre de 2003, no es hasta 2007 que toma forma el proyecto. “Éramos tres raperos en una carrera (lingüística) donde en su mayoría eran cumbieros y rockeros, entonces decidimos conformar el grupo. Los compañeros hablaban muy bien inglés y francés, y yo aymara y castellano, en aquel momento empezamos a improvisar en las aulas y la combinación de rimas en distintos idiomas le gustó mucho al resto de los compañeros”, apunta Tawit.
“Y bueno, el primer disco de Nación Rap surge de esta experiencia, en el que fusionamos nuestros bits con charangos y quenas de amigos y amigas. Conjuntamente realizamos un videoclip llamado Pueblo, dedicado a mi hermano que falleció. Lo interesante es que junto a la productora Rap Polítics hicimos el vídeo en tiempo récord, de un día al otro”, añade el rapero.
Con su primera producción discográfica y videoclip, Nación Rap poco a poco fue haciéndose conocer en el mundo del hip hop local. “Decidimos hacer un evento en El Bunker, el ex espacio cultural cerca de la Terminal de Buses, que tuvo una repercusión que nunca imaginamos, porque llegaron cuates de Bélgica, Perú, Ecuador y otros países. Fue nuestra primera presentación y la gente colmó el lugar para ver al grupo y expusimos todo nuestro material”, relata Tawit.
Luego comenzaron a presentarse en otros espacios culturales de La Paz y El Alto y en eventos callejeros. “Tuvimos un buen recibimiento en los centros culturales Wayna Tambo y Kala Kalla, e igualmente en el patio del Ministerio de Culturas; además decidimos tomar las calles, donde es mucho mejor hacer rap”, explica el joven.
En su largo recorrido Nación Rap tuvo la oportunidad de presentarse en Perú y en Chile, aunque uno de los grandes hitos de su carrera es haber grabado su último trabajo, llamado Nuestra lucha, junto al músico sueco Yaku Mc, que incluye un videoclip que se puede ver en Youtube.
Sujetos creativos y rebeldes
“El hip hop es una cultura muy grande en la que nosotros creamos nuestro propio lenguaje, como nuestra propia vestimenta, saludos, forma de caminar e identidad, todo esto es una expresión de rebeldía, contestataria y revolucionaria con esta sociedad”, de esta manera los jóvenes en su conjunto se definen y autodeterminan, conscientes de sí mismos y de su entorno, una lectura de la realidad para valorar, que no debería pasar desapercibida.
Ukamau y Ké, una referencia indiscutible para el rap criollo
Los integrantes de Nación Rap a lo largo la entrevista mencionaron varias veces al rapero boliviano Abraham Bohorquez Sánchez, fallecido en mayo de 2009, conocido popularmente como Ukamau y Ké. Lo sitúan como un referente ineludible del hip hop andino y aymara, y como un símbolo de resistencia durante los trágicos hechos de 2003.
“Existió un cambio radical en 2003 y Ukamau y Ké empezó a cantar y a ser parte importante de la resistencia que se gestó en El Alto. Él le puso contenido revolucionario y de denuncia social al rap, eso fue lo que hizo que tenga una gran recepción”, describe Nación Rap.
“A partir de ese momento –recuerdan–, Ukamau y Ké y muchos otros raperos fuimos entrando en asambleas y reuniones vecinales, sobre todo estábamos presentes en las calles, en los bloqueos y barricadas, junto al pueblo, así se empezaron a cantar sus temas, como un aporte más a la lucha de los alteños”.
“Así comenzamos a cuestionarnos nosotros mismos como raperos –reflexionan–. ¿Qué estamos haciendo? ¿Seguimos escuchando rap estadounidense o empezamos a dialogar con nuestro pueblo, a través de lo que nosotros mismos creamos?”.
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Raúl Soruco Colaborador








