Gloria al bravo pueblo

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El 24 de junio la tierra tembló, pero también despertó algo que jamás debería dormirse,  ¡nuestra humanidad! Entendimos que en cuestión de segundos las paredes pueden caer, que los planes pueden cambiar y que la vida es mucho más frágil de lo que imaginamos. Pero aún en los peores momentos de nuestra historia siempre brota la dimensión espiritual de Venezuela, esa resiliencia extraordinaria frente a la adversidad, esa que tiene su base en una profunda fe en lo religioso y en el heroísmo humano. Somos los hijos de las dificultades, somos los hijos que vencen las dificultades.

Un sismo doble no puede contra el amor de un pueblo que comparte lo que tiene para levantar a su hermano. No nos definen las dificultades, nos define cómo damos la mano para superarlas. Claro que sismos dobles y de esas magnitudes son inusuales, pero nuestra resiliencia y solidaridad son extraordinarias, esa dimensión espiritual está en el hombre, la mujer y hasta en los héroes caninos de esta tierra gloriosa.

Frente a las adversidades el futuro puede constituir un espacio de incertidumbre, pero también la oportunidad de ser mejores personas, de consolidar lo bueno, de aprender de las heridas de la vida. Todos hablamos y avizoramos el futuro de cierta forma partiendo del hoy, pero tenemos que entender con claridad el ayer de nuestra historia para obtener la certeza de nuestra grandeza.

En nuestra historia nunca ubicarán que este pueblo se rindió frente algún obstáculo. El 24 de junio 1821 varios perecieron pero los que quedaron no se rindieron, hoy la naturaleza se opuso pero la inmensa mayoría luchó y sigue luchando de distintas formas. Solo basta ver y saber de médicos y enfermeras que trabajan aún con la pérdida de sus casas, los rescatistas y bomberos que ayudan aún tras la pérdida de sus familias, los policías y militares que dan sus manos, sudor y lágrimas sin fotos ni likes, o los voluntarios que sin ser profesionales en búsqueda y rescate se graduaron de expertos de la solidaridad.

Las crisis y catástrofes funcionan como un espejo extremo de la condición humana, acelerando y magnificando tanto nuestras virtudes más profundas como nuestros defectos más oscuros. Los terremotos del 24 de junio del 2026 en Venezuela, sacaron a relucir tanto los extremos más negativos como las virtudes más nobles de la humanidad. Mientras que la incertidumbre y el miedo provocan desorden y noticias falsas, también surgen de inmediato redes masivas de solidaridad nacional e internacional, ayuda de servidores públicos, brigadas de rescate y voluntarios salvando vidas sin descanso.

Hoy no es momento para discutir diferencias o alimentar el odio, hoy es momento de abrazar, de llamar a quienes amamos, de tender una mano a quien lo perdió todo y recordar que ningún venezolano debería enfrentar el dolor en soledad. En esta hora difícil es el momento de la unión nacional, la serenidad y al amor concreto. Es hora de máxima unión, solidaridad y acción, es momento para proteger a niñas y niños, adultos mayores y personas enfermas, así como respaldar el trabajo de los cuerpos de rescate, salvamento y reconstrucción desplegados en las zonas afectadas.

Venezuela ha enfrentado grandes pruebas y de ésta también vamos a salir más fuertes, con fe, disciplina y solidaridad. El progreso y la victoria de Venezuela están sustentadas en luchar cuando otros dudan, en resistir cuando algunos ceden, en unirnos cuando unos pocos quieren dividir. En estos momentos complejos debemos ayudar, proteger, compartir, levantar y reconstruir. Es necesario acompañar para que nadie esté solo. Cada uno de los venezolanos debemos ser las columnas y las vigas de los que están cerca de nosotros. Nadie está solo cuando un pueblo se abraza.

Hoy entre la esperanza que se levanta entre grietas, con la fe que no tiembla, en zonas heridas pero con brazos firmes decimos: Gloria al bravo pueblo, gloria al pueblo de este país que lo supera todo hoy mañana y siempre. Gloria al Pueblo que frente a nuevas pruebas agiganta el alma nacional.

Gloria al bravo pueblo, gloria al pueblo valiente, gloria al pueblo que en la adversidad se crece.

Gracias a todos los servidores y voluntarios de Venezuela y el mundo.

 ¡Que Dios bendiga y proteja a Venezuela!

¡Venezuela renacerá!

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Yonder Canchica Venezolano, abogado experto en Derecho Internacional

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