Elecciones parlamentarias en Surinam

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Por Víctor Bahamonde

El pasado lunes 25 de mayo se celebraron elecciones parlamentarias en Surinam, un interesante país de Sudamérica que colinda con Guyana, Brasil, Guayana Francesa y el Mar Caribe. Con una población de poco más de medio millón de habitantes y una superficie que se aproxima a la de Uruguay, como cada cinco años, eligieron a los 51 parlamentarios de su congreso unicameral, donde votaron al rededor de 380 mil personas bajo medidas de seguridad sanitaria por la pandemia de coronavirus. La mayoría la obtuvo Chan Santokhi del opositor Partido por la Reforma Progresista (VHP) con 20 escaños y, en segundo lugar, Dési Bouterse del oficialista Partido Nacional Democrático (NDP) con 16, lo que cambia el escenario político nacional; sin embargo, a ninguno de los dos le alcanza para gobernar solos, es decir, se necesitará un gobierno de coalición.

Surinam probablemente resulte casi desconocido para los sudamericanos, aunque pertenece a esta parte del continente. Quizás, porque hasta 1975, año en el que declaró su independencia, fue colonia de los Países Bajos, conocido hasta ese entonces como Guayana Holandesa, cuya capital es Paramaribo y tiene una población compuesta por diversas culturas, donde destacan principalmente les Hindustaní (migrantes de India del siglo XIX), con un 27% de la población; les cimarrones o afrodescendientes (21%); mulates (16%); y javanés (descendientes del sudeste asiático traídos como mano de obra por Países Bajos), que representan un 14% de la población, y el resto mestizos. Es extraño contar la realidad de una nación con porcentajes de grupos humanos, pero resulta clave para entender el desenvolvimiento social y político de quienes están construyendo un Estado joven, luego de haber sido una colonia de un país europeo que sigue influyendo en sus asuntos internos, sobre todo en el proceso de edificación de la «surinamidad», que se posiciona cada vez más crítica y alejada de los Países Bajos y Estados Unidos, quienes se han disputado su influencia y recursos naturales, entre los que destacan los minerales (oro principalmente), madera y petróleo.

Surinam en estas elecciones expresa una tensión política interesante, pues perdió relativamente el hasta hoy presidente Bouterse, exmilitar que encabezó un golpe de Estado progresista en los años 80 y 90 (la «Revolución de los sargentos») contra la política neocolonial que se había dado, pero que en el 2010 fue elegido democráticamente con un 45% de los votos, mismo porcentaje que lo reelegiría en 2015.

Bouterse navegó entre un gobierno cívico-militar progresista y de izquierda, la instalación de un régimen anticolonial y la resistencia a países como Estados Unidos, Países Bajos y Brasil, quienes trataron de contener el creciente sentimiento nacionalista y de izquierdas entre la población y el desarrollo de una democracia de izquierda progresista después a partir de 2010. Bouterse ha sido enjuiciado sin su presencia en Países Bajos, por 15 crímenes cometidos en 1983, y por supuestos vínculos con carteles de la droga, lógica y argumentación que se da en otros países latinoamericanos que se rebelan contra las políticas metropolitanas. Bouterse alega inocencia y que no ha sido invitado a dichos juicios y que en el caso de los crímenes de los años 80 se trataba de civiles y militares implicados en un golpe contrarevolucionario orquestado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Actualmente Surinam integra la Comunidad del Caribe (Caricom), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y mantiene buenas relaciones diplomáticas con todos los continentes. Su gobierno ha sido condenado desde Washington por mantener relaciones estrechas con Cuba, Venezuela y China, sin embargo, este país valora la importancia que se le dado en el concierto caribeño, pues al ser un Estado aparentemente pequeño, sigue lidiando hasta el día de hoy con las relaciones tormentosas de dominación que libran en su contra Estados Unidos y los Países Bajos, luchando contra lo que han llamado «independencia sin descolonización”.

La oposición que ganó las elecciones parlamentarias está representada por el Partido por la Reforma Progresista (VHP), de corte social-demócrata y liberal, cuyo líder es el exparlamentario y exministro de Justicia y Policía, Santokhi, y la emergencia del Partido de Liberación General y Desarrollo (ABOP) con ocho escaños, de centro-izquierda o socialista democrático, arraigado en la cultura cimarrón y liderado por el exlíder paramilitar Ronnie Brunswijk, que en los años 80 luchó contra Bouterse.

Con esto, la política de Surinam denota una mirada fuerte hacia el Caribe, hacia Europa y Estados Unidos. La primera por una cercanía histórica y geográfica, las otras dos a partir de su lucha contra la herencia colonial y las agresiones de las que han sido víctimas sus pueblos.

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Víctor Bahamonde Historiador ambiental

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