Vadik Barrón: «El arte de la fuga» (parte siete)

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Vadik se ha convertido en un gran compositor, en un gran músico a escala nacional, en un songwriter, pero también empieza a ser reconocido como poeta.

La vuelta

En abril del 2014, después de varios meses en Bolivia, vuelve a Alemania. En julio del mismo año se entera de que ganó el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal. En ese tiempo había una repercusión más fuerte, ya que estaba Fondo Negro[1] y un montón de suplementos que hacían que tenga más relevancia.

Con todo esa difusión, empezaron a invitarle a más antologías[2] y festivales, se publicó el libro ganador del Premio Nacional de Poesía llamado El arte de la fuga. En febrero de 2015 retorna definitivamente a Bolivia. Fue una época de mucha bonanza, comenzó a presentarse en el circuito de la poesía, tenía un montón de actividades y ofreció conciertos en el Ministerio de Culturas, festivales, y otras ciudades.

También ese año le ofrecieron ser maestro de música en el colegio Yachay Wasy Leonardo da Vinci de Achumani, todo esto gracias a Adriana Lanza[3], quien era Coordinadora de Secundaria. Fue una nueva etapa para él: comenzar a trabajar como profesor de música. “De seguro he aprendido más de lo que he enseñado”, comenta. Además ese trabajo marcó una relación con la gente más joven, con las nuevas generaciones, es por eso que comenzó a impulsar talleres de poesía y de canción.

Ese año también comenzó a trabajar en un nuevo álbum con el maestro Álvaro Montenegro[4], músico, flautista y saxofonista. En realidad, el álbum había quedado interrumpido por la migración a Europa.

«El arte de la fuga»

Lo más importante para destacar de este poemario es que ganó el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal 2013. Vadik afirma que su poesía ha atravesado algunos procesos, pero, como en su música, estos no anulan etapas anteriores, sino que van incorporando (¿superponiendo, quizá?) diferentes formas de lenguaje y combinándolas.

La obra poética se destaca por el diálogo entre un lenguaje culto y uno coloquial. El título fue tomado del libro homónimo en el que Johann Sebastian Bach teoriza y trabaja las fugas musicales, el contrapunto, pero en este caso Vadik le cambió el sentido, o más bien lo tomó de un modo literal: el arte de fugarse, de huir, de emigrar, de dislocarse, de desaparecer. Señala:

“Se trata de un poemario de desengaño. El texto, muy humano, cínico pero emocional, profundo pero ameno, atestigua la zozobra del ser contemporáneo ante la disonancia creada por todas las fuerzas discursivas que impactan nuestras vidas.

Los mundos virtuales, los móviles, la programación reality, los telediarios, y el impacto de otros fenómenos contemporáneos como el avance tecnológico y el cambio climático son expuestos a lo largo del poemario como un contexto propicio para que el poeta cumpla su función de delatar.

También se tratan los temas del deseo y el de la poesía misma. Dentro de estos poemas el autor asume una postura bastante irónica e irreverente, pero siempre con un humor muy honesto que termina causando carcajadas, pero también ternura”.

Para Miladis Hernández Acosta[5] “’El arte de la fuga’ es de antemano un poemario de muchos paradigmas, surtido por una voz que habla en primera persona para ahondar en los problemas fieros de su existencia mostrando una latente aseveración de los males que confluyen en su entorno”[6].

Continúa y describe: “este autor busca nuevos sedimentos de vida, novísimos territorios para deglutir la realidad: una realidad por supuesto nada complaciente que lo insta a la fuga, al escape, a huir y al mismo tiempo a extrapatriarse de sí­; de ahí que erige un discurso que visualiza posibles ambientes para, con mucha precisión y agudeza formal, expandir sus utopías”.

«Los poetas«

En una entrevista que le hace Martín Zelaya Sánchez[7] y le pregunta sobre el poema “Los poetas”, Vadik tiene una respuesta muy interesante, fría y directa: “para mí es más un juego de ironía, de cinismo, como dice el epígrafe de Roque Dalton: ‘solo el cinismo nos hará libres’. Nunca me llamé a mí mismo un poeta, es hasta chistoso, creo que las palabras se usan irreflexivamente, livianamente. Peor ahora con las redes sociales: todos son ‘genios’, ‘grandes’, ‘brillantes’, eso es un poco irresponsable con el lenguaje porque es muy relativo y cuando estés ante un genio, un grande, ya no vas a tener palabras”.

Continúa diciendo: “lo mismo con la condición u oficio de poeta, que se usa como un adjetivo. El poema ‘Los poetas’ juega con eso, con la especie de cofradía que se conforma entre la gente que escribe poesía, con los festivales de poesía que parecen viajes de promoción”.

Al final nadie sabe lo que hace un poeta todo el día, se le atribuyen y proyectan ciertas actitudes y costumbres, hay una mitificación cuando no mitomanía que se crea alrededor del poeta y de la poesía. Eso tiene que ver con la educación que nos ha impuesto un aspecto limitadísimo de la poesía, siempre ligado a los temas y motivos religiosos y patrióticos y a un romanticismo de telenovela”.

Para cerrar esta parte tan interesante sobre los poetas Vadik añade: “como decía Urzagasti, nadie te ha pedido que escribas, y hay que hacerse cargo, por eso este premio lo disfruto, porque ser reconocido y publicado no es algo que pase todos los días. En el poema que mencionas no digo que los poetas son los elegidos, sino que son una especie de beautiful losers, de animales en constante peligro de extinción. Creo que hacer poesía es más bien como la venganza de los nerds, es tener el valor de dar la cara y ser feliz peleando por una causa perdida”.

________________________

Sergio Salazar Boliviano, escritor


[1] Fondo Negro era el suplemento cultural del diario boliviano La Prensa (editado en La Paz).

[2] Una antología es una recopilación de obras o fragmentos notables elegidos bajo un criterio específico, como poemas, cuentos o canciones.

[3] Poeta y educadora.

[4] Estudió en el Conservatorio de Música de La Paz, en el Montgomery School of Music de Maryland, Estados Unidos, y en la Escuela de Música de Nicaragua, donde obtuvo los títulos de Educador Musical e Instrumentista. Hizo cursos de perfeccionamiento en Japón, de arreglo y composición en Cuba y un postgrado en Música de Cámara en el Conservatorio Superior de Madrid, España. Fue director de la carrera de Música de la Universidad Evangélica (1994-1996).

[5] Poeta y ensayista cubana. Licenciada en Historia por la Universidad de Oriente. Actualmente se desempeña como especialista de literatura en la Casa del Joven Creador.

[6] https://www.loc.gov/item/hlas-bi2017001579/

[7] Periodista Literario, organizador de las IV Jornadas de Literatura Boliviana concluye que ‘Bolivia empieza a leer de nuevo’

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