Argentina, periodista, escritora y analista internacional, es una de las voces más reconocidas de América Latina en materia de geopolítica. En esta conversación con Correo del Alba Luzzani reflexiona sobre la disputa global entre las grandes potencias, el lugar que ocupa nuestra Región en ese escenario, los desafíos de las fuerzas populares y las posibilidades de construir alternativas al orden capitalista.
¿Hacia dónde camina América Latina? ¿Qué papel juega en la disputa entre superpotencias?
Ciertamente América Latina se ha convertido quizás en el lugar más importante del mundo en la disputa entre superpotencias. Para los Estados Unidos, que está en declive, y cuyo declive ya es visto por todos y es irreversible, la necesidad de contar con un dominio absoluto sobre América Latina no solo pasa por absorber los recursos naturales y las riquezas, y evitar que esos recursos naturales y esas riquezas las obtenga algún otro país, por ejemplo China. No solo eso, sino que necesita tener control y dominio total sobre el aspecto militar, sobre las mentes de los latinoamericanos, sobre los gobiernos de América Latina y fundamentalmente sobre el comercio. Es decir, en este momento nuestra Región está siendo acosada más que nunca por el Imperio.
Eso se nota en la actividad que tiene no solo la Cancillería, con Marco Rubio a la cabeza, sino en general en todas las políticas, tanto en las estrategias militares como, pongamos por caso, en la doctrina “Monroe-Donroe”. Y no solo esto, sino también en todas las políticas que están desplegando en el último tiempo los Estados Unidos. Pongo como ejemplo el Escudo de las Américas, que intenta una suerte de tratado interamericano de defensa con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ya fracasado, y busca aglutinar a los ejércitos y a los ministerios de Defensa de la Región. Ahora bien, la situación en América Latina es tan dinámica que tampoco podríamos estar seguros de que los Estados Unidos van a ser exitosos en ese plan.
Fijémonos, por ejemplo, en lo que es el Gobierno de Claudia Sheinbaum, lo que fue el de Gustavo Petro o el mismo de Lula da Silva. La situación es muy dinámica, porque es un año de elecciones.
No sabemos con precisión quién va a gobernar Perú, con su importantísimo puerto de Chancay, dominado en un amplio porcentaje por China. No sabemos qué va a pasar en octubre con las elecciones en Brasil y tampoco sabemos qué va a pasar en noviembre en las elecciones legislativas de los Estados Unidos, que podrían ser un grano más en esta decadencia que vive el Imperio.
Entonces, ¿hacia dónde camina América Latina? Creo que América Latina siempre ha sido un territorio de hombres y mujeres con mucha dignidad, con mucha garra para la lucha y estoy casi segura de que el camino que va a elegir, con idas y vueltas, por supuesto, va a ser el de la liberación y el de la unidad regional, como lo fue en los primeros años y décadas del siglo XXI.
¿Qué es ser de izquierda hoy?
El término izquierda hoy está, de alguna manera, puesto a veces en debate. Lo que hay que plantear es qué actitud, qué posición tomamos en relación con la defensa de los pueblos, con los intereses de las mayorías, con la defensa de la patria y con la defensa de nuestras queridas naciones latinoamericanas. En vez de pensar en términos políticos de izquierda o derecha, porque han pasado muchos años desde aquellas etiquetas y hoy tal vez haga falta usar otras palabras.
Esto como hipótesis, la realidad no la sé. Pero creo que hay que encuadrar cuál es la defensa de las mayorías, la defensa de la democracia, la defensa de las necesidades y de los derechos –salud, educación, vivienda, trabajo, libertad y libertad de expresión– en un momento en que se está intentando un mayor cercenamiento de los derechos, con una guerra cultural que intenta convertir eso en una normalidad.
“La Tercera Guerra Mundial, como dijo nuestro querido Papa Francisco, ya está en marcha; es una guerra fragmentada, que no es al estilo ni de la primera ni de la segunda”
¿Es posible construir alternativas viables al capitalismo?
Claro que sí, el gran ejemplo ha sido la Revolución cubana, en primer lugar, por más que haya sido y siga siendo asediada; pero también la Revolución bolivariana. Me parece que el ejemplo que dio el comandante Hugo Chávez con la reforma de la Constitución y sus nuevas alternativas, las políticas antineoliberales, una reforma constitucional y una forma de elección que reemplaza el viejo modelo de la democracia representativa y la suplanta por una democracia participativa y protagónica, la posibilidad de que la comunidad y los barrios puedan en forma de asambleas ciudadanas decidir temas muy vinculados a lo local de manera directa, los Consejos Comunales, todo esto es, sin duda, una de las tantas formas de alternativas al capitalismo.
Nuevamente, es muy dinámico, tiene avances y retrocesos, pero estas experiencias, que han sido de muchos años, no son en vano. Pueden retroceder, pero de ninguna manera desaparecer. Al contrario, se transforman, se mejoran y se van consolidando en nuevas formas que en muchos casos sirven de ejemplo a otras naciones, incluso a naciones de otros continentes.
¿Qué tan cierto es que estemos ad portas de una Tercera Guerra Mundial? ¿Qué papel juegan en el reordenamiento global los magnates de la Inteligencia Artificial (IA)?
Entre las situaciones novedosas e inéditas del actual momento político en esta tercera década del siglo XXI está, por un lado, la instalación de la IA con sus nuevas metodologías y con sus dueños magnates, que se entregan al Pentágono para implementar nuevas formas de asedio militar. O sea, el asedio militar ya no es solamente con las armas, es también con otras tecnologías y con armas de otro tipo que se insertan en las formas de conducir las elecciones libres o democráticas en las distintas naciones.
Esta forma de IA, de la que todavía no sabemos siquiera hasta dónde puede llegar, abre las puertas a una diferencia. Y ahí respondo sobre la Tercera Guerra Mundial.
La Tercera Guerra Mundial, como dijo nuestro querido Papa Francisco, ya está en marcha; es una guerra fragmentada, que no es al estilo ni de la primera ni de la segunda. No sé si se puede llamar Tercera Guerra Mundial, porque tiene otras características y distintos escalones y frentes. No es solamente una guerra de trincheras o de enfrentamiento de ejércitos; tiene una dimensión mediática, una dimensión de guerra cultural, una dimensión de guerra comercial, de sanciones, de uso de la IA para asesinar civiles.
Es una guerra que ya no espera, o que ni siquiera hace el gesto falso de consultar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sino que rompe todas las reglas habidas y por haber hasta el momento y mata, por ejemplo, a 168 niñas en una escuela en Irán, como ha hecho Israel el 28 de febrero.
En esta ausencia total de reglas respecto de lo que conocíamos hasta ahora es donde se enmarca esta IA, este reordenamiento global en torno a ella y esta guerra que estamos viviendo hoy. Es difícil encuadrarla, porque está en proceso, con nuevas reglas y nuevos métodos y tenemos más que nunca que estar alerta como pueblos frente a esta situación.
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Cris González Fundadora








