De acuerdo a investigaciones hechas por distinta instancias, gubernamentales y no gubernamentales, en El Salvador existen cuatros principales pandillas: Mara Salvatrucha, Mara Barrio 18, Mara Revolucionaria, la Mau Mau y otras más pequeñas que tendrían un aproximado de 50 a 60 mil integrantes.
Las maras se expandieron a través del control territorial “las clicas”, que son células que reclutaban a jóvenes para las distintas pandillas y se mantenían con la extorsión, al estilo de la mafia italiana, y con el menudeo de estupefacientes. Además de generar “guerras” por el control territorial que han dejado miles de muertos y desaparecidos.
La capacidad de reproducción y la acumulación de dinero llevaron a las maras a obtener negocios de diversas maneras, desde el despojo a sus dueños o la compra bajo extorsión a ínfimo precio. Así, fueron pasando de una economía de supervivencia a la expansión y acumulación de activos. También ofrecen servicio de sicariato y protección para las estructuras de los grandes carteles de la droga mexicanos y colombianos.
El arribo a la presidencia de El Salvador de Nayib Bukele logró, por primera vez, que se llegaran a acuerdos con todas las pandillas. Tal ha sido la cercanía del primer mandatario con los pandilleros que estos le apodan “Batman”, como el personaje de los cómics.
La respuesta del Gobierno, con la aplicación del régimen de excepción, ha generado respaldo de una parte de la población, pero también criticas ya que un importante porcentaje de la ciudadanía no está vinculada a las pandillas. Hoy el Ejecutivo habla de más de 65 mil capturados, muchos de los cuales están en calidad de desaparecidos porque ni sus familiares ni sus abogados saben dónde se encuentran encarcelados. Aún más grave han sido las denuncias de asesinatos y fallecimiento de personas que son inocentes de las acusaciones por las que han sido capturadas.
El confinamiento carcelario hizo que el Gobierno anunciara la creación de una megacárcel con una capacidad para 40 mil reclusos en en el municipio de Tecoluca en el departamento de San Vicente, en la zona paracentral del país. A varios kilómetros de ahí está otra cárcel de máxima seguridad, en la ciudad de Zacatecoluca, que es denominada popularmente como “Zacatraz” (haciendo referencia a la cárcel de Alcatraz en los Estados Unidos), donde se hallan los principales jefes de las pandillas. Se especula que el propio Presidente habría llegado a visitarles para negociar el acuerdo de la tregua antes que decretara el régimen de excepción.
Nayib Bukele tiene control de los tres poderes del Estado. En 2021 su partido ganó las elecciones legislativas con mayoría absoluta y también la mayoría de las alcaldías. Con este respaldo sus diputados dieron un autogolpe, en su primer día de oficina, y destituyeron a jueces de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y al Fiscal General, sustituyéndoles con personas de su bancada. Con esta consolidación de su poder dictaminó el régimen de excepción, algo que no sucedía desde la dictadura militar, medida utilizada para dar paso a los episodios más cruentos de la guerra que permitió la captura masiva de personas, recordándose como la etapa más oscura y brutal de la vida política de El Salvador.
Estas acciones están acompañadas por una estrategia comunicacional que implica el uso masivo de las redes sociales, respaldadas por un ejército de troles y el uso de Big Data y la inteligencia artificial, que manipula los sentimientos de las personas. Además, complementadas con amenazas de ser capturadas bajo el régimen de excepción, lo que produce el síndrome de Estocolmo: El secuestrado siente cariño por su secuestrador.
La megacárcel de Bukele fue construida en tiempo récord, en menos de un año. Ni el hospital El Salvador, hecho para combatir la pandemia del Covid-19, se hizo con tanta rapidez, mientras que en espera yacen muchos proyectos de las obras que prometió en campaña. La cárcel de Tecoluca es la más grande del país y, de acuerdo a Bukele, del continente. Fue edificada para recluir a parte de los más de 60 mil pandilleros detenidos bajo el régimen de excepción.
Con el control total del poder, Bukele ha anunciado que se presentará como candidato para las elecciones presidenciales de 2024. Poco le interesa que la Constitución prohíba contundentemente la reelección inmediata; la correlación de fuerzas le favorece, pero hay una carrera contrarreloj que no ha podido resolver: la desmejora de la economía. Esta depende, fundamentalmente, del envió de las remesas familiares, mientras que la producción interna está estancada y el déficit fiscal, a causa de la balanza comercial negativa y el endeudamiento, sigue incrementándose.
Uno de los fracasos a nivel económicos de Bukele ha sido la introducción de la criptomoneda Bitcoin como dinero de circulación legal. Se pretendió, con ello, convertir a El Salvador en un centro financiero al estilo de Singapur, pero con el desplome de estas monedas virtuales el Gobierno perdió más de 250 millones de dólares, obteniendo a cambio el rechazo total de la población al uso de esta forma de transacción.
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Carlos Ramírez Salvadoreño, periodista








