Boris Johnson: lo que construyó y está dejando en el Reino Unido

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Finalmente Boris Johnson renunció; abrumado por los escándalos, el Partygate y el caso Chris Pincher, sumado a la hemorragia de dimisión de ministros y  altos cargos de su Gobierno. Johnson dijo en su discurso de despedida “Me voy, pero no hubiera querido hacerlo. Es el mejor trabajo del mundo, pero nadie es imprescindible”. Hasta la madrugada del 7 de julio, el premier  se había mostrado incluso hostil a cualquier hipótesis de dimisión; el momento decisivo, según la prensa británica, tuvo lugar durante una conversación con la reina Isabel II. La soberana, de 96 años, se habría negado a disolver el parlamento a petición del primer ministro, evitando así el anuncio de elecciones anticipadas por el que apostaba Johnson. Esto llevó al Premier a la única alternativa que tenía, que era ceder ante las presiones de su partido.

Esperar otoño para un nuevo Primer Ministro

Pero con esta dimisión de Johnson, no cesa la polémica, por el contrario, continúa en el ojo del huracán. Su decisión de permanecer en el cargo hasta el otoño, cuando se elegirá al nuevo líder, no parece agradar a la clase política londinense. La fecha de la salida definitiva de Johnson debería ser cuando se celebre la conferencia anual de su partido en octubre. Pero tres meses es bastante tiempo y muchos quieren verlo fuera de Downing Street lo antes posible.

La prensa británica está llena de declaraciones clamorosas como la del líder laborista Starmer, quien en tono  amenazante dijo refiriéndose a Johnson “váyase inmediatamente, o le desafiaremos en el Parlamento”. También los conservadores están atizando el fuego, Kwasi Kwarteng, ministro de Economía, declaró “necesitamos un nuevo líder lo antes posible, alguien que pueda reconstruir la confianza, aliviar al país y construir un nuevo enfoque económico sensato y coherente para ayudar a las familias”. Todo este rechazo puede hacer insostenible la permanencia de Johnson en Downing Street, por lo cual se estaría apuntando a una sustitución inmediata.

Borexit, Brexit y tensiones con Bruselas

Europa observa con sutil complacencia la caída de Johnson que algunos caricaturistas han denominado «Borexit». No cabe duda quea partir del referéndum del Brexit de 2016, las negociaciones entre Londres y Bruselas han sido constantes y complejas. Pero desde la llegada de Boris Johnson, a Downing Street, la relación fue totalmente tensa; por una parte el  Reino Unido no respetó el acuerdo de salida de la Unión Europea que había firmado, inclusive llegando hasta a amenazar con levantarse de la mesa de negociaciones. Es decir, Londres quiso ignorar una de las principales cláusulas del acuerdo, la que permitía que no se cuestione la ausencia de frontera en Irlanda. En este sentido, hubo mucho del estilo de Johnson, haciendo que las relaciones bilaterales entre Londres y Bruselas se caractericen por mayores tensiones, retrasos, mentiras y provocaciones.

El país que deja Johnson

Con esta salida de Johnson, prácticamente por etapas, deja atrás un país debilitado. Si bien es cierto que completó el Brexit, lo hizo  de forma equivocada al enfrentarse a la Unión Europea, con Irlanda del Norte quejándose del aislamiento de Londres y con Escocia deseando obtener mayores beneficios. No obstante debemos decir con objetividad, que Johnson no inventó el Brexit, pero su apoyo a la campaña del “Leave” (salir) de la Unión Europea (UE) en el referéndum de 2016, dio impulso y credibilidad a una causa que hasta ese momento no tenía mayor importancia en la opinión pública. Inclusive Johnson llegó a prometer “un futuro brillante” una vez que el Reino Unido se hubiese liberado de los grilletes de la UE, pero esta como la mayoría de sus promesas resultaron ser engañosas.

Así mismo, el premier  se ufana de haber liderado a Occidente en el Conflicto Rusia-Ucrania, pero en la práctica se ha visto que es un títere de Biden, claro está bajo los intereses de los Estados Unidos. Por ello ha colocado al gobierno británico al frente en el suministro de armas y  ayuda económica y financiera a Kiev. De esta manera la deuda pública británica se ha disparado, pasando del 75-77% del PIB a casi el 100 % en primavera, un nivel que, de acuerdo a diferentes analistas,  no se alcanzaba desde los años 60.

La dimisión de Johnson no puede ser justificada solo con sus  escándalos y la pérdida de credibilidad por sus repetidas mentiras en la Cámara de los Comunes. Hay un peso fundamental en el abismo económico en el que está dejando al Reino Unido por su desastrosa gestión en el ejercicio del gobierno.

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Yoselina Guevara López Corresponsal en Italia

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