Es necesario saber donde estamos y de donde venimos
Entendiendo que ninguna tarea de los venezolanos y de las venezolanas, en este momento debe estar separada una de la otra, conviene que todos los esfuerzos de los distintos sectores sociales, también tengan eco y efectos en el ámbito territorial donde los vecinos construyen la ciudadanía, de allí que las presentes reflexiones constituyen un aporte dirigido a fortalecer los grandes lineamientos que el Gobierno Bolivariano ha venido orientando, en función de la preservación de la paz duradera. Ese es el sentido del presente documento, que busca contribuir en la comunalización del diálogo y la reconciliación, territorializando el intercambio, el debate, la construcción de consenso y el establecimiento de acuerdos éticos y programáticos, cuyos resultados tengan también indicadores en la convivencia y en la productividad, de tal manera que el desarrollo de las ciudadaes comunales, sean expresión de estos propósitos de la Revolución Bolivariana, para que así no se dispersen las energías y los esfuerzos, sino que vayan confluyendo en un mismo propósito de la construcción consensuada de la patria, con protagonismo creador de la ciudadanía que pare un nuevo sujeto político territorial, el poder popular gestándose en las bases comunitarias.
Por ello, el documento contempla una breve y ligera reseña histórica por la que ha pasado el concepto de movimiento y poder popular durante los últimos cincuenta años, relacionando este curso, con la elaboración metodológica trabajada por luchadores populares con rigurosidad política y científicos sociales con disciplina orgánica, para luego concluir con unas propuestas de construcción colectiva en el despliegue del poder popular en la fase intensa de impulso del proceso de diálogo y reconciliación.
Comienzo compartiendo la idea de que en estos tiempos, cuando aún se escucha cerca y vigente la aseveración del comandante eterno Hugo Chávez Frías y de otros líderes latinoamericanos, de que estamos asistiendo a un cambio de época, no ha sido fácil la construcción de la convivencia social pertinente que se corresponda con esa demanada de la historia, pese a que esa afirmación tiene antecedentes en el pensamiento científico y filosófico emancipatorio, revitalizado a raíz del fenómeno histórico producido por los eventos de la década de los sesenta del siglo pasado, como fueron, el mayo francés, el concilio Vaticano II, la crisis de los misiles en el Caribe, la revolución cultural China, la primavera de Praga, la matanza de la Plaza Tatleloco, el arrojo del pade Camilo Torres en Colombia, el sacrificio del pastor evángelico Martín Luther King en los Estados Unidos y el sacrificio del Che en Bolivia, hechos que entre otros otros en el Africa y en el mundo Arabe, contribuyeron a enrriquecer el pensamiento marxista y cristiano, con los que los movimientos revolucionarios más lúcidos de América Latina y el Caribe, asumiendo el marxismo crítico y la teología de la liberación, cimentaron la decisión para las décadas posteriores, de construir el socialismo, no solo esperando la conquista del aparato del estado para luego transformarlo (1), sino que además de ir en esa dirección, comprendieron que también era necesario levantar enclaves esperanzadores en la construcción de la convivencia socialista en el seno del pueblo.
Esa comprensión de combinar las luchas tradicionales, es decir las insurreccionales de carácter armado de los pocos movimientos subversivos que todavían resistian, con las sociales en el ámbito sectorial de la izquierda que venía entrando al mundo legal de la democracia representativa (obreros, campesinos, estudiantes) y con las tendencias emergentes enmarcadas en el trabajo comunitario, condujo a la configuración de un concepto de poder popular, donde los escenarios de lucha para la construcción de una sociedad donde el sujeto protagónico fuese el pueblo y no sólo las élites y las vanguardias, se colocaban entre el posicionamiento en los espacios que permitía la institucionalidad representativa, el terreno sectorial (gremios, frentes, sindicatos, entre otros) y la nueva apuesta en lo territorial (lo comunitario)
La confrontación desde el territorio comunitario y la arremetida neoliberal
Con esa nueva configuración, más cualitativa que cuantitativa sobre el poder popular, triunfa la Unidad Popular en CHile, se realiza a principios de los setenta en Venezuela el Congreso Cultural de Cabimas con una variedad de intelectuales y luchadores sociales conovocados por el PRV-RUPTURA, la CIA derroca al primer gobierno socialista de América Latina que había alcanzado el poder por la vía lectoral, siete años mas tarde por la vía armada triunfa el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua, más tarde también en Veneuela se lleva a cabo el Congreso del Poder paralelo convocado por un sector de la Liga Socialista, en tanto que la ultraderecha socialcristiana de centroamérica vínculada a la venezolana, sin ningún escrúpulo ataca de manera sangrienta a otros cristianos, como es el caso del atentado a los padres jesuítas en la Universidad del Salvador, en un ciclo donde también asesinan a Monseñor Alnurfo Romero, dentro de la estrategia de apagar la llama de lucha que había prendido la teología de la liberación en el continente, nada distinto al ensañamiento con que la misma derecha ejecutara las masacres de Cantaura y de Yumare en Venezuela, sólo pormencionar algunos eventos que ocurrieron entre los años setenta y principios de los ochenta.
Mientras sobrevivía la izquierda de pensamiento crítico emergente y la derecha arrasaba con toda oposición estructural, abriendole camino fácil al avance tecnocrático del neoliberalismo, los sectores creativos de la emancipación, incluyendo la izquierda menos ortodoxa, toma un conjunto de iniciativas, establece vínculos y activa encuentros de constructores del socialismo, que habían venido emergiendo en forma dispersa a lo largo y ancho del territorio continental con experiencias puntuales de control obrero, de autogestión y cogestión en cooperativas de producción, consumo y servicios, de organización comunitaria por medio de los comités de barrios, las comunidades eclesiales de base, los frentes culturales, que desafiando la represión en distintos sentidos, pero sobre todo la manipulación mediática de esos tiempos, incorporaron el concepto de artiuclación orgánica, concretado en redes de intercambio y apoyo mutuo que fueron verdaderas escuelas de aprendizaje en la lucha contra el sectarismo partidista en el caso específico de Venezuela, como ejemplo de ello tenemos la lucha de los trabajadores en Ciudad Guayana que logró movilizar a esa zona del hierro a los mejores cuadros obreros e intelectuales de dstintos movimientos de izquierda, la conjugación de fuerzas para la conquista del cupo en las universidades, así como el apoyo que brindaron amplios sectores a la huelga de los textileros y en otro ámbito la defensa de la laguna de Arestinga en Nueva Esparta, la de la puerta en Trujillo, la lucha contra las camaroneras en todo el oriente, las respuestas del movimiento cooperativo en Lara ante el alto costo de la vida, el despliegue del Movimiento ochenta que logró unir a distintos factores de la izquierda y movilizar a estudiantes y profesionales a distintos barrios de Caracas y del interior del país, construyendo respuestas metodológicas, técnicas, organizativas y políticas en las comunidades, la insurgencia estético-espiritual indoamericana y afrocaribeña con el canto, el baile, el teatro, la poesía, que sirvió de resistencia subjetiva ante la omnipotente arremetida cultural imperialista, con los mensajes emblemáticos de Alí Primera, el Grupo de Teatro Obrero y Socialista (TPOS de Yorlando Condes), Gloria Martí, Un Solo Pueblo, Grupo Ahora, Grupo Madera, el Frente de Trabajadores Culturales del estado Sucre, el Frente popular de la Cultura en Anzoategui, los Comités de Unidad Popular (CUP), la Federación de Centros Culturales del Estado Trujillo, el Grupo Guachirongo y el movimiento pedagógico de Sanare, como referentes de movilización concurrente.
Esta experiencia, en algunos casos, de manera progresiva también fue penetrada por la ola neoliberal en franco desarrollo, a través de las ONGs y otras figuras orgánicas del poder transnacional y del estado representativo, que incorporararon prácticas tecnocráticas en el funcionamiento de la organización, entre muchas otras, el emprendimiento económico personalista, los liderazgos individualistas y lucrativos y modos conductistas de planificación y desarrollo social, con la introducción de técnicas conductistas como el árbol de problemas, la matríz FODA, con una concepción de la democracia basada en la inmediatez de los resultados independientemente del sacrificio de la dignidad humana y del deterioro de las fuentes naturales de vida, donde la interpretación colectiva de la realidad y el debate participativo, debían ser sustuidos por las técnicas provenientes de la programación neurolinguisticas, dentro de una orientación ideológica neoliberal que determinó la dirección política a través del comportamiento del gerente, como sustituyente del líder humanista y con pensamiento crítico autónomo y donde el boon de la autoayuda no sólo se conducía a desdibujar las tendencias de agregación social y de organización de los estudiantes en las universidades, sino también a desmantelar el pensamiento crítico en el conjunto de la sociedad, con los referentes superficiales de la era de acuario, con los mensajes consumistas de los medios masivos de información y con el auge de las nuevas religiones más snobistas que reflexivas, con las que las élites tecnocráticas y académicas intentaron desvirtuar y contrarrestar la fuerza creadora y de soberanía de las ciencias sociales insurgentes, que en consonancia con el marxismo crítico, la teología de la liberación, la teoría crítica, los aportes de la escuela de Franfkurt, pretendían facilitar al movimiento popular su posicionamiento como sujeto histórico, no solo caracterizado por la autonomía frente a los órganos tradicionales del ejercicio político, las instituciones del estado y las otras formas de control de los ciudadanos, sino que además en su lucha antimperialista y de constructor del socialismo latinoamericano en alianza con los partidos políticos de izquierda, se convirtiera en productor soberano de ciencia social latinoamericana, más próximas a las ideas de Simón Rodríguez, de Antonio gramsci, de José Carlos Mariategui, de José Martí, entre otros, que inspiraron las corrientes de trabajo social comunitario y de organización de luchas obreras y campesinas, como las experiencias de la Vega en Caracas, la del Movimiento Sin Tierras y las Comunidades Eclesiales de Base en el Brasil, la de los habitantes de la costa colombiana o la vida colectiva del padre Ernesto Cardenal en la isla de Solentiname de Nicaragua, en las que jugaron un papel un papel determinante el pedagogo Paulo Freire y el sociólogo Orlando fals Borda con sus respectivas propuestas de educación popular y de observación militante, que provenientes de la Acción-Reflexión-Acción, dieron pié al surgimiento de la Investigación Acción Participativa Transformadora.
Si bien es cierto, que en el caso venezolano, con un pueblo marcado cultural e ideologicamente por la dependencia de la renta petrolera con su indicador más importante en la carrera competitiva y desigual de consumismo a lo foráneo, con un régimen democrático representativo caracterizado por la represión y la persecusión a toda expresión política distinta a la práctica electorera y con unos partidos políticos desprestigiados y sin capacidad de presentar alternativas creadoras y pertinentes, la ola neoliberal de la década de los ochenta que proclamaba el fín de las utopías logró arrinconar al movimiento popular emergente, hasta el punto de que la rebelión espontánea del pueblo en el asombroso evento del caracazo no encontró direccionalidad política, también es cierto que la experiencia de esas dos décadas el movimiento popular incorporó a la trayectoria política de la lucha por la conquista del poder, un nuevo ingrediente organizativo, que trascendía lo institucional y lo sectorial, abriendo paso al ámbito territorial a traves de la organización comunitaria.
El movimiento popular venezolano presente en el nuevo rumbo
Es verdad que esa experiencia no logró sobrevivir masivamente como alternativa a la influencia tecnocrática en auge, que postulaba la derecha en el poder y ante la conducta con énfasis electoralista que asumió la mayoría de la izquierda de esos años, lo que contribuyó a profundizar el sectarismo en el campo socialista y a debilitar la unidad del pueblo, cuando la vanguardia no supo equiparar la importancia de la construcción de consenso con la defensa del voto como instrumento de legitimación en la organización comunitaria, pero también es verdad que pese a ese fenómeno, el movimiento popular emergente en los años setenta y ochenta produjo un legado que junto a otros actores políticos e intelectuales, colocaron un nuevo referente del poder y del estado, que se traduce en la necesidad de trascender el concepto de democracia representativa al de democracia participativa, directa y protagónica, entendiendo que las fuerzas revolucionarias no conquistan el estado para garantizar su conservación sino para transformarlo, comprendiendo que en esa línea el ejercicio del poder es una construcción permanente de autonomía colectiva y de soberanía productiva y creadora, donde la nueva institucionalidad implica el concurso determinante del poder popular, tal como lo establece políticamente el libro azul (2) al definir el carácter participativo y cogestionario del autogobierno comunal y como lo blinda juridicamente la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (3), lo cual ratifica la validez de todo movimiento organizado de ciudadanos que sostenga, alimente y dinamice al ejercicio del poder popular, activando la articulación en redes de apoyo y ayuda mutua, donde la autogestión y la cogestión entre las comunidades y el estado vayan crecientemente, creando la condiciones para la superación progresiva de la dependencia de la renta petrolera, hasta conquistar la plena soberanía, basada en la producción material, intelectual y tecnológica y en la interdependencia solidaria de unos venezolanos con otros y de los venezolanos con el resto de los ciudadanos del mundo, sin que esas relaciones interdependientes estén tuteladas por ninguna fuerza imperial.
Reconociendo que frente a la cultura de la dependencia arraigada en el curso de la edad media y de la edad moderna, primero a fuerzas sobrenaturales y luego a la subjetividad del capital, entonces, el cambio de época anunciado por el comandante CHávez y argumentado cientifica y filosoficamente en la necesidad de un nuevo paradigma frente a las incertidumbres (4), porque en este momento los métodos de acción e investigación académicos no son adecuados para las nuevas circunstancias (5) y la ética dominante ya no es tan cierta (6), que como manifiesta Edgar Morín, corresponden a una realidad donde las ciencias clásicas, si bien han contribuido al bienestar material, no son suficientes para enfrentar la complejidad de la crisis general (7), para superar los periodos de dependencia debe ser una época determinada por la interdependencia de los seres humanos entre sí y de estos con la madre tierra y con todas las divinidades que no produzcan más dependencia, sino que refuerzan la cultura científica y espiritual de al ser hijos comunes, somos hermanos, lo cual explica que la construcción del socialismo como posibilidad histórica interdependiente, que en su advenimiento nunca descarta la lucha de clases por la presencia en el capitalismo de intereses contrarios, sea necesaria una espiritualización del Movimiento Popular que irradie de nuevas fuerzas morales, la vitalidad del poder popular, a partir de la articulación basada en redes de apoyo mutuo para la producción y para la construcción de bienestar integral.
En este marco, cuando presenciamos el colapso del modelo de desarrollo dominante, que no sólo ha abusado de la disponibilidad de las fuerzas de trabajo y violentado los derechos políticos y sociales de los pueblos, sino que también ha puesto en riesgo la continuidad de la especie humana en el planeta, que sumado a los efectos de la pandemia del covid-19, agravándose la complejidad y la incertidumbre para la humanidad, con impacto en todos los rincones del globo terraqueo, el cambio de época demanda que además de las élites y las vanguardia, los ciudadanos y ciudadanas, organizados y organizadas en múltiples formas, avancemos en la construcción de un consenso contundente para la salvación y la preservación de la vida.
El método y las Propuestas
La construcción de ese consenso en tiempos de complejidad, amerita un método que distinto al de la representatividad, al de la investigación individualista y al del iluminismo academicista, despliegue el intercambio, el debate, la reflexión, en miras a la operativización de la ayuda mutua y el apoyo mutuo de las bases entre sí, sin obviar la necesaria y fundamental articulación con la vanguardia y la Dirección política de la Revolución Bolivariana Ese despliegue se justifica en estos términos, porque en un momento como el presente, cuando es evidente una aguda crisis de paradigmas, ya no son exclusivamente, los expertos, los dirigentes consagrados y los caudillos, los llamados a la construcción de la alternativa, sino toda la ciudadanía, como tampoco lo son sólo las técnicas tradicionales de participación, por más que las mismas hayan tenido en su tiempo la exclusividad desde los soportes teóricos, con el riesgo de que esos soportes hayan sido de corte neoliberal, con los que se ha profundizado la alienación con respecto a las relaciones de dependencia a lo foráneo y con los que se ha mantenido la idea de que es más eficiente la división social de trabajo, que ciertamente es una tendencia contraria al apoyo mutuo, al diálogo y al consenso.
Este método, soportado en la dinámica de Acción-Reflexión-Acción y en una perspectiva organizacional basada en el apoyo mutuo y en la construcción de redes de intercambio y de ayuda cocreadora y productiva, se dirige a fortalecer la Unidad Popular a partir de las necesidades e intereses de la población y de las expectativas de transformación estructural de la sociedad.
Propuestas para continuar fortaleciendo la organización comunitaria en el poder poder popular
1.- Siguiendo la orientación del Presidente Nicolás Maduro, de que los grandes desafíos que tiene la revolución Bolivariana para los próximos meses e incluso para los próximos años, es que en el plano político activemos el diálogo y la reconciliación, y en el ámbito económico, trabajemos por la superación progresiva de la dependencia de la renta petrolera, es necesario que en la perspectiva de evitar que esos retos se burocraticen o sean entendidos como tareas exclusivas de las vanguardias y élites nacionales, desatar un proceso de evaluación, coevaluación y autoevaluación, en el seno de las organizaciones comunitarias, de los movimientos sociales, de las organizaciones populares, gremios, sindicatos, consejos comunales, de todas las instancias de organización y movilización del pueblo, con el propósito de hacer una caracterización sistematizada del movimiento popular y del poder popular, a fín de detectar los indicadores, prácticas, comportamientos y métodos que aún persisten en las bases comunitarias y populares y que puedan obstaculizar los procesos de diálogo y reconciliación en el seno de las comunidades, de las fábricas, de los centros de producción agrícola y de las instituciones. En el mismo sentido, esa evaluación, coevaluación y autoevaluación, asumida como experiencia de crecimiento cualitativo de los liderazgos, de los cuadros de dirección y de la militancia del proceso bolivariano, en una crítica solidaria que contribuya a a la unidad y a la articulación y en una autocrítica que fortifique la espiritualidad de la moral revolucionaria, también debe identificar los comportamientos, las prácticas y los métodos, que ha incorporado la Revolución Bolivariana durante estos veinte años y que han servido para avanzar en la participación ciudadana y que a partir de estos momentos pueden ser indicadores claves para que el proceso de diálogo y reconciliación, activados con el intercambio, la reflexión y la construcción de consensos, continúen contribuyendo en la decisión de superar la dependencia de la renta petrolera, apoyando y estimulando las iniciativas productivas y tecnológicas, en las familias y en las comunidades dentro de proyectos y planes de desarrollo integral comunitarios consensuados por la enorme mayoría de vecinos en cada territorio comunal, evitando que la falta de diálogo y de construcción de cauerdos comunitarios, desdibuje el carácter político transformador del poder popular.
2.- Esta automirada del movimiento popular y del poder popular, acompañada de un sistema de evaluación, coevaluación y autoevaluación, con herramientas metodológicas de registro, análisis y síntesis, que permita a los dirigentes sociales y comunitarios autodiagnosticar sus prácticas y sus métodos, tiene la finalidad de una evaluación endógena que detecte en las prácticas concretas, en los comportamientos con nombres y apellidos y en las formas de funcionamiento, las conductas sectarias contrarias a todo diálogo y reconciliación y los procedimientos burocráticos que el movimiento popular y el poder popular ha heredado de la democracia representativa y que reproduce trasladando mecanismos formales y administrativos del estado constituido a las maneras de actuación del poder popular, reduciendo las posibilidades de avanzar en la construcción del estado constituyente.
3.- Este despliegue autoevaluativo con instrumentos técnicos y metodológicos para el intercambio, el registro, la reflexión, la síntesis y el consenso programático, debe ser una experiencia relevante y significativa de diálogo y reconciliación en el seno del pueblo, que además de contribuir a superar la dispersión de esfuerzos, de recursos e iniciativas, sea una oportunidad, que anclada a procesos de diagnósticos participativos y de actualización de cartografías e historias locales, también sea una experiencia de auotoreconocimiento de capacidades y potencialidades dentro de las comunidades, con el cual, se vayan tomando decisiones, para el planteamiento de proyectos dentro de los planes de desarrollo integral comunitario, identificando oficios, profesiones, disponibilidades, equipos, terrenos, casas, entre otras capacidades y potencialidades que puedan aflorar en el proceso de autodiagnóstico.
4.- Al mismo tiempo que el despliegue vaya arrojando resultados evaluativos, estos al estar vinculados a procesos de dignósticos participativos y de actualización de cartografías e historias locales cada más desburocratizados y libres de la tecnocracia cuantitivista, deben ser los primeros insumos en los procesos de planificación participativa para atender situaciones contigenciales, necesidades coyunturales y problemas estratégicos de las comunidades, por lo que debe reactivarse la insersión de proyectos familiares, comunitarios y municipales, en los Planes de Desarrollo Integral Comunitario y en los Planes de Desarroloo Municipal.
5.- Esta experiencia de evaluación y planificación, para que contribuya a una nueva espiritualidad que sostenga la altura de la moral popular, es entendida como un sacudon renovador de la esperanza, donde la construcción de consensos programáticos con condiciones de seguimiento humanista, de acompañamiento político y de control administrativo, además de contribuir a crear identidad de clase entre los sectores populares, dicho de otra manera, conciencia de clase, en la programación y la planificación debe considerar la articulación de las familias, de las comunidades y de los sectores organizados en redes de apoyo mutuo para la producción, el intercambio tecnológico y el diálogo de saberes, como una medida para el fortalecimiento de la unidad popular alrededor de proyectos productivos, el apoyo técnico y el aprendizaje compartido, por lo que es necesario convertir estas experiencias en procesos de empoderamiento popular, activando las constituyentes familiares, las constituyentes municipales, las constituyentes comunitarias y comunales, donde cada familia elabore su plan de desarrollo familiar, donde cada municipio alcance consenso de desarrollo después de haber acordado metas a corto, mediano y largo plazo sobre el municipio que se aspira tener, en el mismo orden las comunidades y comunas con sus planes de desarrollo acordados en procesos de construcción colectiva.
6.- Un proceso de evaluación y planificación con esas características de desburocratización y de lucha contra el sectarismo, activando el diálogo y la reconciliación y en la dirección estratégica de contribuir a la superación de la dependencia de la renta petrolera, desatando procesos de constituyentes familiares, comunitarias y municipales que vayan generando condiciones para la gestación de ciudades comunales productivas y autosustentables, requiere de un método de trabajo que garantice victorias tempranas en la satisfacción de necesiddades básicas de la población y que apunte a éxitos estratégicos en la convivencia productiva. Este método al considerar el seguimiento programático, el acompañamiento político y el control administrativo, no puede ser otro que aplique la Acción-Reflexión- Acción, incorporando de manera oportuna y adecuada los análisis coyunturales y estructurales, sin abortar datos e informción que más bien pueda confundir y forzar procesos de conocimiento.
7.- La aspiración de continuar fortaleciendo la Unidad Popular, sólo se garantiza si evitamos prácticas y procedimientos que en vez de estimular el diálogo y el encuentro, más bien producen situaciones de dispersión, conductas de autoexclusión y comportamientos de desarticulación, por lo que es necesario darle el mismo peso de interés y dedicación a los procesos constituyentes de evaluación, planificación y programación, que se le ha dado hasta ahora a los procesos electorales en el funcionamiento del poder popular, de allí que es conveniente que toda experiencia electoral se realice posteriormente a los procesos de evaluación, planificación y programación, logrando que los vecinos y las vecinas, comiencen a elegir vocerías que estén comprometidas con los proyectos y planes consensuados por las comunidades, en las constituyentes familiares, comunitarias, comunales y muncipales.
8.- Lo que define al poder popular no es la reproducción de los mecanismos de la representatividad, sino la insurgencia de un nuevo sujeto político caracterizado por la manera como se toman las decisiones, por lo tanto, el esfuerzo por fortalecer al poder popular debe traducirse en la aplicación de un método que vaya colectivizando crecientemente la toma de decisiones alrededor de las espectativas, metas, objetivos y propósitos de los ciudadanos organizados.
9.- En tal sentido, la existencia del poder popular tiene como primer indicador, no la repartición mecánica de cuotas de poder, sino el ejercicio de los gobiernos comunitarios, entendido como la capacidad de tomar decisiones, producir soluciones en la alimentación, el gas, la luz, el agua, la recreación y tener planes para el mediano y largo plazo que contemplen la producción económica y la construcción de convivencia, que sin desconocer la presencia de conflictos, se acuerden en contextos de consenso,ampliando cada vez más la participación de los vecinos y las vecinas, que en el caso de la sociedad venezolana, ese consenso y esa ampliación de la participación, se debe expresar en autosustentabilidad progresiva que vaya sustituyendo poco a poco la dependencia de la renta petrolera.
10.- De allí que la organización debe estar determinada en primer lugar por las responsabilidades que demande cada plan de desarrollo comunitario, partiendo del principio de que la programación va por delante de la organización, garantizando de esta manera que la unidad está definida a partir de las necesidades e intereses de la comunidad. Esta organización popular, en su rumbo desburocratizador y en batalla contra el sectarismo, siempre preservando las conquistas de la Revolución Bolivariana teniendo como primer escudo de defensa la unidad popular, frente al capitalismo depredador, la despiadada derecha internacional y el inescrupuloso imperialismo, a la vez debe ser, una organización flexible, oportuna, adecuada, contextualizada, ágil y creativa en las contingencias comunitarias de la alimentación, del gas, de la gasolina, de la energía eléctrica, de la seguridad personal, de la convivencia familiar, de la salud, al mismo tiempo que debe ser una organización preparada para la sutentabilidad en el mediano y largo plazo, en lo coyuntural y en lo estructural.
En esta propuesta, conviene precisar, que más que la formalidad burocrática, lo que se requiere organicamente es un funcionamiento donde los gobiernos comunitarios, si bien tienen como primer escenario de gobernabilidad al territorio comunal, para la sobrevivencia, preservación e irreversabilidad de la Revolución Bolivariana, este poder de los gobiernos comunitarios no tendrá trascendencia si no asciende crecientemente en el fortalecimiento de los vínculos comunes, con las instituciones y el estado revolucionario, con otras comunidades y con las variadas organizaciones sectoriales dl poder popular, en un espectro de redes de intercambio y apoyo mutuo que hagan valer las coincidencias y las complementariedades, en el carácter y la orientación de la gestión de soluciones, de la autogestión solidaria y la cogestión productiva. por lo tanto, la traducción de la articulación en forma organizativa son las redes intercomunitarias, entre áreas de capacidades y potencialidades en el seno del pueblo y entre el pueblo y el estado.
11.- En esta orientación, el concepto de la planificación no es unidireccional sino bidireccional, es decir, que los planes de desarrollo familiar, comunal y municipal, si bien deben interpretar fidedignamente las necesidades, intereses, espectativas, capacidades y potencialidades de las comundades, es tarea de la dirigencia política más inmediata a las comunidades, preservar en esos planes los indicadores que diferencien a la construcción socialista de otros modelos de desarrollo. Esto significa, que también los procesos contemplan el diálogo constructor y confluyente entre las bases y la vanguardia.
12.- El primer paso programático para un despliegue con estas características, es la conformación de nucleos políticos estadales y municipales de cuadros metodológicos de las organizaciones de vanguardia del polo patriótico y de todos los factores formales o no, que en los actuales momentos comprendan la orientación de la Dirección Política de la Revolución Bolivariana y estén dispuestos a desplegarse por las comunidades, armados de la herramienta metodológica, envestidos de la moral militante desde la espiritualidad solidaria y el desprendimiento personal, capacitados para comprender sistemas de funcionamiento político y con actitud reflexiva, analitica y creadora, por lo que es necesario que estos nucleos experimenten jornadas de formación que contengan:
12.1.- Autoconocimiento, crítica y autocrítica en contextos de solidaridad y apoyo mutuo
12.2.- Liderazgo y métodos de dirección política
12.3.- Metodología de Análisis colectivo, intercambio, diálogo, consenso, registro y síntesis.
12.4.- Dirección de reuniones, talleres y asambleas
12.5.- Método de Acción-Reflexión-Acción para el mejoramiento de la calidad política de las prácticas revolucionarias.
12.6.- Sistematización y socialización de procesos.
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José Humberto Guariguata Osorio Investigador en desarrollo comunitario y en pedagogía crítica
Referencias
(1).-Wladimir Lenín. las tareas del proletariado en la revolución.
(2) .-Hugo CHávez Frías. El libro azul.
(3).-República Bolivariana de Venezuela. Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
(4).-Miguel Martinez Miguelez. El paradigma de la nueva racionalidad científica.
(5) .-Frijof Capra. El Punto Crucial.
(6).- Francois Hourtart. la ética de la incertidumbre en las ciencias sociales.








