Por Correo del Alba
La antigua imagen descolorida de la mujer encerrada en la casa, cuidando de los hijos e hijas y haciendo las tareas del hogar, parece haber regresado con la llegada de la cuarentena que, en algunos países de Latinoamérica, se ha tornado irreversiblemente obligatoria por el aumento de los casos de contagio. Por otra parte, el cierre de escuelas, instituciones educativas, guarderías y jardines de infancia ha incidido que, sobre todo, las mujeres ejerzan las funciones de docentes en educación formal de sus hijos e hijas, en todas las áreas. Asimismo, las profesionales o empleadas de empresas y oficinas como consecuencia de las medidas de cuarentena por pandemia se han visto en la imperiosa necesidad de trasladar su vida laboral a su hogar. Sin restricciones de tiempo u horario, sumando a ello la gestión de la vida doméstica y el cuidado de los niños y niñas puede ser bastante pesado de sobrellevar.
Aumenta la brecha de género
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de Naciones Unidas en su «Informe Especial Número 5 Covid-19» del 15 de julio de 2020, expresa textualmente: “La crisis derivada de la pandemia tiene un impacto desproporcionado sobre las mujeres: sobrecarga de trabajo no remunerado, aumento de la pobreza y precariedad laboral, acceso limitado a los servicios públicos y financiamiento insuficiente para las políticas de igualdad de género”. Es decir, la cuarentena ha puesto de manifiesto la brecha de género ya existente en las relaciones familiares, la vida y las condiciones de trabajo de las mujeres latinoamericanas.
Por otra parte, se están reforzando los estereotipos de género, que se consideraban ya superados, mediante los cuales se encasilla a las mujeres ocupadas en el cuidado de la casa, los hijos e hijas, y los hombres dedicados principalmente al trabajo formal o profesional. También se refuerzan los modelos machistas generalizados que regulan la división de los papeles y la vida familiar, por ejemplo: “es mejor privilegiar y proteger el trabajo de los hombres; es preferible que las mujeres se ocupen del cuidado de los niños y niñas”.
La vulnerabilidad de las mujeres y niñas originarias
En América Latina y el Caribe los pueblos originarios constituyen más del 8.5% de la población. El Departamento de Economía y asuntos sociales de las Naciones Unidas expresó en el documento “Pueblos Indígenas y la pandemia del Covid-19” que las mujeres y niñas originarias “suelen verse afectadas de manera desproporcionada por las epidemias y otras crisis. Los pueblos indígenas tienen casi tres veces más probabilidades de vivir en la extrema pobreza que los no indígenas“. El informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para la “Aplicación del convenio sobre pueblos indígenas y tribales” del año 2019, determina que la pobreza extrema está asociada al género y a la población originaria y que, como resultado, el 7% de las mujeres indígenas vive con menos de 1.90 dólares diarios. Aunado a ello el desconocimiento que algunas poblaciones originarias mantienen en cuanto los riesgos de contagio del Covid-19, medidas preventivas, formas de transmisión de la enfermedad y escasas condiciones de salubridad adecuadas que las coloca en una situación de extrema vulnerabilidad.
Violencia femenina en pandemia
La pandemia ha desmovilizado en Latinoamérica las manifestaciones sobre las desigualdades de género y la violencia en contra de las mujeres. Mientras el Covid-19 sigue su curso devastador, los feminicidios aumentan de una manera alarmante; son diversos los casos en los cuales las mujeres deben cumplir la cuarentena confinadas con su agresor.
Los datos al respecto que maneja la oficina regional de ONU Mujeres para América Latina y el Caribe señalan en México, por ejemplo, un notable incremento en el número de feminicidios. El Sistema Nacional de Seguridad Pública Mexicano reporta el asesinato de mil 932 mujeres entre enero y junio de 2020, más de 10 cada día.
En Argentina, desde la declaratoria de la cuarentena el 20 de marzo de 2020, fueron asesinadas en cuatro meses 92 mujeres. Bolivia no escapa a esta tragedia con la cifra de 59 feminicidios registrados durante el primer semestre de este año.
En Venezuela, que hasta ahora mantiene un control considerable en la propagación del Covid-19, de acuerdo con el Centro de Justicia y Paz (Cepaz) en un informe del Monitoreo de Femicidios se indica que desde el 14 de abril hasta el 13 de junio de 2020, a través de los medios de comunicación digital, se reflejaron 24 casos de femicidios, lo que representa en promedio un femicidio cada 50 horas. Es necesario mencionar que este país suramericano posee dos importantes instrumentos legales diseñados para la protección de las mujeres y niñas: la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida libre de Violencia; los mismos han sido desarrollados y consolidados durante el proceso revolucionario venezolano. Además de ello ha sido notable la participación y organización de la mujer venezolana en todos los ámbitos de la vida pública.
En cuanto al tema de la violencia contra la mujer, el Informe de Cepal indica los tímidos esfuerzos que se están tratando de implementar en algunos países, entre ellos el incremento de los presupuestos para los albergues y casas de refugio de mujeres víctimas de violencia en Colombia y México, las campañas publicitarias para la disminución de la brecha de género, así como también la voluntad política de algunos gobiernos de disminuir las diferencias salariales entre hombres y mujeres en todos los niveles del mercado laboral.
Mujeres en primera línea en la lucha contra el Covid-19
De acuerdo con un estudio publicado por el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades se ha demostrado que al contraer el Covid-19 los hombres tienen más probabilidades de morir que las mujeres por un margen de casi 3 a 2. No obstante, la Cepal señala específicamente que las mujeres latinoamericanas están en la primera línea como personal sanitario enfrentando la pandemia. En la mayoría de los casos las trabajadoras en salud no poseen los implementos necesarios que las proteja de contraer la enfermedad, poniendo en riesgo su vida, la de sus familiares y allegados. De acuerdo al mismo organismo, las mujeres representan el 72.6% del personal sanitario en la región; una muestra más de la vocación de entrega, servicio y valentía de la mujer latinoamericana.








