Vender más, tener menos
Bolivia vive en 2026 una paradoja. En el primer semestre, las exportaciones de minerales sumaron cuatro mil 452 millones de dólares, un 91% más que un año antes, con un volumen físico 12% menor. La balanza comercial pasó de déficit a superávit. Y, sin embargo, el dólar sigue escaso y caro, la inflación de 2025 superó el 20% y el Banco Central proyecta una contracción del PIB (Producto Interno Bruto).
¿Cómo puede un país exportar cifras récord y carecer de divisas para importar combustible, medicamentos e insumos? La respuesta obliga a separar dos ideas que suelen confundirse: generar valor y retenerlo.
Productividad no es lo mismo que ganancia
Una maquila textil de La Paz y El Alto, como lo fue Ametex, que cosía para marcas de lujo (Polo, Nautica, Lee, Tommy Hilfiger y Lacoste) puede ser extraordinariamente eficiente. Pero el PIB no cuenta prendas, sino valor agregado a precios de mercado. Si la marca paga poco por cada pieza y la vende veinte veces más cara en París, casi todo el valor se registra fuera. La estadística dirá que la maquila es poco productiva; lo que en realidad mide es quién tiene el poder de fijar el precio.
Stan Shih, fundador de Acer, lo llamó la «curva de la sonrisa»: los márgenes altos están en los extremos de la cadena (investigación, diseño, marca, distribución) y los mínimos en el centro (fabricación). Los países periféricos suelen ocupar el fondo, o el punto previo: la extracción de materia prima. Parte del margen de las marcas es inversión real; otra parte es renta por controlar algo escaso. La economista Mariana Mazzucato lo resume como la diferencia entre crear valor y extraerlo.
Lenovo: subir la curva con el Estado detrás
En 1984, once investigadores de la Academia China de Ciencias, encabezados por Liu Chuanzhi, fundaron Legend con un pequeño capital público (alrededor de ochenta y cinco mil dólares de la época). Empezó revendiendo computadoras extranjeras; hacia 1990 fabricaba las propias y a fines de esa década lideraba el mercado chino. En 2005 compró la división de PC de IBM por unos un mil 250 millones de dólares, y con ella la marca ThinkPad y canales globales. En 2014 sumó los servidores de IBM y Motorola Mobility.
El Estado aportó capital, conocimiento y respaldo institucional, y conservó participación a través de Legend Holdings; la gestión tuvo autonomía, metas claras y reinversión constante. El caso no es perfecto: Lenovo aún depende de procesadores y sistemas operativos ajenos, los eslabones más rentables. Pero muestra que la propiedad pública puede ser plataforma para subir la curva.
Bolivia: el excedente que se va
La minería es hoy el principal generador de divisas. Según el IBCE, más del 90% de sus ventas externas corresponden a privados y cooperativas. El analista Héctor Córdova estima que la carga fiscal minera, entre impuestos y regalías, ronda el 9% del valor explotado: de cada 100 dólares, el Estado capta unos nueve.
El auge nace del precio, no de más inversión: el oro pasó de unos dos mil 790 a cuatro mil 842 dólares la onza y la plata de 30,72 a 83,92, mientras la inversión minera cae. Además, Bolivia exporta sobre todo concentrados; fundición y refinación ocurren fuera. Es la maquila trasladada a la roca. En el ciclo del gas, en cambio, YPFB concentraba la comercialización y el Estado captaba la mayor parte de la renta.
La agroindustria y la banca merecen el mismo análisis con datos propios. En la soya, parte de las divisas no retorna al sistema nacional; en la banca, el problema parece estar más en el ahorro dolarizado protegido fuera del país que en la remesa de utilidades. Los registros del Banco Central sobre el dinero que entra y sale del país permiten medir cuánta de la riqueza producida en Bolivia termina afuera.
Del dólar escaso a la mesa familiar
Desde el 29 de junio, Bolivia abandonó el tipo de cambio fijo de 6,96 bolivianos, vigente desde 2011, y el régimen flexible arrancó en 9,73 y ahora se mantiene sobre los 12 bolivianos. Un dólar más caro encarece combustibles, insumos y medicamentos. La inflación de 2025 llegó a 20,4% y el Banco Central proyecta una caída del PIB cercana a 3,6% este año: precios que suben y actividad que baja.
El asalariado pierde poder de compra, el pequeño emprendedor ve sus márgenes comprimidos, los hospitales pagan más por medicamentos y el Estado tiene menos recursos para salud y educación. No toda la crisis se explica por la fuga del excedente: pesan el declive del gas, los subsidios a combustibles importados y el déficit fiscal. Pero todo apunta a lo mismo: el sector que reemplazó al gas deja al país una fracción mucho menor de lo que genera. El empresario argentino Marcelo Diamand lo llamó restricción externa: una economía que no genera ni retiene divisas choca una y otra vez con el techo del dólar.
Empresas estratégicas: propiedad pública con reinversión
Cuando una empresa estatal exporta, sus dólares pasan por el sistema nacional y sus utilidades financian al Estado. Comibol, con una fracción minoritaria de las exportaciones, reportó en 2025 un aporte de dos mil 148 millones de bolivianos. Sergio Almaraz Paz, en las décadas de 1950 y 1960, advirtió que Bolivia produjo riqueza para otros mientras se empobrecía; René Zavaleta situó el control del excedente en el centro de la cuestión nacional. Ambos criticaron tanto a las empresas extranjeras como a las élites nacionales que actuaban como intermediarias de ese saqueo; situación que permanece hasta nuestros días.
Pero la nacionalización del gas de 2006, que capturó renta como nunca, no reinvirtió lo suficiente en exploración. La propiedad estatal es necesaria para retener el excedente, pero no suficiente para multiplicarlo. El modelo debe parecerse a Lenovo, o a lo que Alice Amsden y Robert Wade (economistas que estudiaron por qué algunos países asiáticos lograron industrializarse en pocas décadas) describieron en Corea y Taiwán: gestión profesional, autonomía técnica y resultados exigidos a cambio de apoyo.
A las objeciones habituales sobre que el Estado es un mal gestor de sus empresas cabe responder con experiencia: la ineficiencia depende de la gobernanza, no de la titularidad (Codelco en Chile, Equinor en Noruega, son un claro ejemplo); la inversión huye de reglas inestables, no de reglas firmes; y la escasez de capital es justamente la razón para captar más de la renta extraordinaria actual, que produce la minería, la banca y la agroindustria. Además, se debe apoyar a las empresas estatales que tengan rentabilidad potencial y no privatizarlas, entendiendo que la respuesta a la mala gestión es mejor gestión, no renunciar a la renta.
Qué se puede hacer
- Capturar la renta extraordinaria con regalías e impuestos escalonados según el precio internacional.
- Asegurar el retorno de divisas de exportación al sistema financiero nacional en plazos definidos.
- Fundir y refinar en Bolivia, modernizando Karachipampa y Vinto y elevando la producción estatal de estaño, antimonio, bismuto y cobre.
- Trazar el oro cooperativo y sancionar el contrabando, con compras del Banco Central a precio de mercado. Utilizar tecnología que ya existe y no es costosa para seguir el oro desde la mina hasta la exportación: registros digitales de cada lote, imágenes satelitales y el cruce de datos con los países compradores. Sin embargo, el gobierno parece más interesado en rastrear a su población que a sus minerales. Tras los errores del bono PEPE, que dejaron fuera a cientos de miles de personas por registros desactualizados, el gobierno plantea construir un nuevo registro social de hogares, cuando el país ni siquiera cuenta con una ley de protección de datos personales. El orden debería ser diferente: primero una ley que proteja los datos de la ciudadanía, en paralelo a un control estricto sobre la riqueza que sale del país sin dejar rastro.
- Crear un fondo de estabilización con la renta de los años de precios altos.
- Profesionalizar la gobernanza de las empresas estratégicas, con reinversión obligatoria y auditorías independientes.
- Controlar los precios de transferencia para evitar exportaciones subfacturadas a empresas vinculadas.
- Invertir en capacidades: técnicos, metalurgistas, universidades y compras públicas a proveedores nacionales.
Quién decide dónde queda el valor
Los y las trabajadoras de Bolivia ya somos productivos; lo que nos falta es que el valor de nuestro trabajo no se evapore camino a una vitrina lejana. Bolivia no es pobre porque produzca poco, sino porque retiene poco. Raúl Prebisch (padre del pensamiento de la Cepal) mostró que la periferia (países que exportan principalmente materias primas o productos de poco valor agregado; importan tecnología, maquinaria y bienes industriales; dependen de decisiones, precios y mercados que se definen en el centro) transfiere sus ganancias de productividad a países económica y tecnológicamente más desarrollados; China demostró que esa tendencia puede torcerse con disciplina. La pregunta no es si el Estado debe participar en la economía, sino si decidirá dónde se queda el excedente. De ello dependen el precio del pan, el sueldo del trabajador y el funcionamiento de colegios y hospitales.
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Carlos Bonadona Vargas Boliviano, ingeniero de sistemas, con especialidad en energías renovables y medio ambiente








