Vadik Barrón: «Tragaluz» (parte ocho)

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Vadik había venido a Bolivia de vacaciones, después de dos años en Alemania, sin fecha de retorno. En ese ínterin publicó “Minoría absoluta”, un libro de prosas breves, y el poemario “Los Espejos sonoros”; también lanzó su quinto disco solista llamado “Efectos Personales”. Más tarde, en el mismo 2014 ganaría el Premio Nacional de Poesía con el poemario “El arte de la fuga”.

Tragaluz, el disco

El año 2016 presentó su sexto disco que, como novedad se había grabado y filmado en vivo en 2014, en formato acústico, en dos sesiones en vivo en el Teatro Municipal de Cámara.

Es una obra conceptual que une música, poesía y audiovisual. Se presentó como un DVD con diez canciones inéditas y un poemario. Contiene las canciones “Venado”, “Tragaluz”, “Autobahn”, “Las Antenas”, Mary Posa”, “El Tata”, “Sunday”, “La hora de la estrella”, “Un juego”, “Alalay”.

La mayoría de las canciones fueron escritas entre 2012 y 2014 en Berlín, Alemania, donde vivió unos años. Por ejemplo, “El Tata”, la escribió a partir de anécdotas de migrantes bolivianos en España, “La Hora de la Estrella” reinterpreta el título de un libro de Clarice Lispector para hablar del tiempo y la trascendencia. Otras, como “Mary Posa” y “Las Antenas” son minificciones. Es un disco alucinante.

“Tragaluz” es una producción independiente, bajo el sello del cantautor, Parque Astral Discos, con la productora Foko Films del realizador Daniel Suárez, encargado de la dirección y edición del DVD y con la Editorial 3600, que editó el libro. El audio fue registrado por Joe Salinas de Elektra Records, y la postproducción de sonido fue realizada por la ingeniera Bernarda Villagómez en estudios Pro Audio SRL.

Tragaluz, el libro

El libro está compuesto por 30 poemas y fue publicado por la Editorial 3600. Vadik señala que el concepto, la imagen y la idea están muy amarrados a la nueva trova cubana, en el disco solo se escucha guitarra y voz, y no está demás decir que la experiencia europea -donde tocó mucho en formato solista- dio pie a este nuevo proyecto.

En Berlín, como no tenía una banda, ofrecía su música él solo, en locales de todo tipo, preferentemente pequeños e íntimos bares. Como se dice: “esa es la forma que tiene un músico de ganarse la vida”. En su tiempo libre pudo escribie todas estas canciones y la nueva poesía.

Vadik sostiene: “soy un poco de la vieja escuela y me gustan el álbum y el libro porque engloban más la obra, te dan un contexto referencial de tiempo, de espacio, de temática, de concepto, más claro y más amplio. Soy un poco fetichista, me gusta tener el producto físico en la mano”.

Tragaluz es su séptimo libro y su sexto disco. Los 30 poemas proponen una poética coloquial y desenfadada, exploran, desde otro discurso, los mismos temas que las 10 canciones, y hablan de una relación que al artista le parece “naturalmente conflictiva”: la que se establece entre el mundo interior y el exterior gracias a las experiencias que nutren una obra y una vida, y también las que quedan en los márgenes de ella.

Nuestro autor reflexiona y dice: “En la poesía el lenguaje no es solo un discurso, es también un territorio por el que te puedes mover. En la música te mueves menos libremente. La restricción la pone la versificación, la melodía e incluso el género musical que se elija, en el que algunas cosas encajarán mejor y otras, peor. Por eso Barrón separa bien el poema y la canción”[1]. El autor continúa: “Hay otros que no las diferencian, como Chico Buarque o Joaquín Sabina… en ellos es muy difícil de distinguir una cosa de la otra, incluso en la métrica”.

Prólogo Tragaluz[2]

Rodolfo Ortiz,[3] quién elaboro el prólogo del libro menciona: “Voy a parafrasear un título de Derrida para iniciar estas notas y para referirme a este séptimo libro de Vadik Barrón. Se trata de una frase que arremete contra los portavoces de la muerte de la filosofía y que aquí me permito trasladar hacia el terreno de esa “risible variedad de la neurosis” (Pacheco dixit) en la que se ha constituido desde el siglo XX y hasta hoy la bien habida poesía. Entonces, me referiré a ese “tono apocalíptico adoptado recientemente en poesía”, donde el presente, este presente cada vez más entrópico, parece burlarse de todos los llamados “herederos del espíritu””.

En uno de los párrafos dice: “Voy a traer a estas páginas una frase de Edmond Jabés, que siguiendo las reflexiones del poeta Eduardo Milán, adquiere cierto grado de validez en este contexto. Jabés propone que “siempre se escribe al borde de la nada” (otras traducciones proponen “…al filo de la nada”); pero en fin, Milán completa la cita señalando que “por eso resulta un llamado de atención la facilidad con que escriben los poetas de hoy en día”. Yo estaría más tentado en pensar que todo dependerá del tipo de “borde” al que uno se arrima o al que uno termina arrimado para decir lo que dice. Y si esto es así, agregaría que el “borde” que nos propone Barrón en este libro es, en primer lugar, el borde que sugiere un tragaluz”.

Menciona también: “Por lo mismo quedamos expectantes ante “el efecto bíblico de un tragaluz”, y para extender la resonancia, ante el tono apocalíptico de tal efecto. Apokalupto (palabra griega del hebreo gala, precisa Derrida) tiene que ver con aquello que se desvela, se descubre, con aquello que revela la cosa, una cosa del cuerpo como un queloide (“un queloide cárdeno en mi pierna izquierda”, dirá Barrón), una cosa, dicho sea, para más, que se oculta y que aparece como el sexo, una cosa que significa pero que no siempre se entrega a la evidencia. Y tal “efecto bíblico” resuena en zonas de agujero, como en el epígrafe de “Tragaluz” o en un “poema hueco, transparente e impermeable [que] flota sobre el agua sucia de un canal urbano, llevado por un corriente autómata”, como se lee en “Uroboros”.

________________________

Sergio Salazar Boliviano, escritor


[1] Por José Emperador: https://hemeroteca.larazon.bo/tendencias/2016/04/04/un-retorno-cargado-de-musica-y-poesia/

[2] https://ecdotica.com/tragaluz-de-vadik-barron/

[3] Poeta y ensayista con estudios de literatura en la UMSA. Egresado de psicología de la UCB de La Paz. Director de la revista especializada en literatura ‘La Mariposa Mundial’ (2000). Baterista de rock. Pertenece a la nueva generación de cultores de la literatura boliviana, quien además hace labor de editor.

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