El año 2016 Vadik comenzó a trabajar con el maestro Álvaro Montenegro, productor, flautista y saxofonista, con quien hicieron el disco Agua; el arte gráfico del álbum fue realizado por el artista Marco Tóxico.
Agua
Hicieron el disco con Álvaro Montenegro juntando los sellos de música independiente Jiyawa Música y Parque Astral. Participaron en el álbum Marcelo Murillo en percusiones, Ramón Zúñiga, contrabajista mexicano, Juan Carlos Cordero en el charango y tiple y la cantautora argentina Analía Abat en voces, entre otros.
Vadik siempre dice que «los músicos se producen solos no por ego, sino por falta de presupuesto», así que trabajar con Montenegro «fue un lujo y un honor». No hay industria discográfica en el país y eso lo hace difícil. Pese a todas esas barreras, fue una época bonita para él. Agua se presentó en el Cine Teatro Municipal 6 de Agosto de la ciudad de La Paz.
En el disco se encuentran las canciones “Agua”, “La arena”, “Charco”, “Komorebi”, “Victoria”, “Milagro”, “Mozambique”, “Fe de erratas”, “Bálsamo”, “El carnaval”, “Marina San Antonio” y “Ternura”.
El álbum busca un diálogo con la diversidad rítmica, tímbrica y sonora de las Américas. Las canciones exploran ritmos como el son, la samba, el baión, la murga y el landó, como una construcción estética que imbrica la poesía de las letras con músicas enriquecidas con una pluralidad de sonidos bajo la producción musical de Álvaro Montenegro, quien además aportó arreglos de brasses y cuerdas.
Análisis de las canciones
En el blog Letra 88[1] Martín Zelaya Sánchez hace una descripción de las canciones, escuchándolas me parecieron una genialidad, es por eso que lo compartimos tal cual escribió:
«‘Y el sentido común/ parece una utopía’, dice en ‘Agua’, el primer tema… tema de desamor y desasosiego, de la ilusión que se va, tan irremediable, como la corriente de agua. Y la incertidumbre –que no desesperanza– sigue en ‘La arena’: ‘Extraño las cosas que nunca perdí/ las vidas ajenas/ me quedan secuelas y hasta cicatriz/ pero no la pena’.
En ‘Vitoria’ sigue la misma tónica que, ahora que lo veo, me parece un reflejo generacional de la insatisfacción, la búsqueda permanente, la inconformidad e inestabilidad disfrutables –preferibles, adrede todas ellas– tan caras y comunes a los ahora casi cuarentones, o poco más, o poco menos; los pre milenials: ‘Tú te marchaste a encontrarte/ volviste y ya no estabas/ no habían puertas ni aldabas /ni aquí ni en ninguna parte’. Pero no todo es sombrío, y ‘Milagro’ así lo recuerda: ‘la vida es tu amiga/ la dejas o la tomas’.
‘Mozambique’, uno de los puntos altos y con una musicalidad enorme, tiene una de las frases memorables: ‘Qué tiempo cruel/ abarca contra jet’. Es la canción más ‘social’, muestra de que la nostalgia llega también –y el sonido y los ritmos lo reafirman– a las enormes, viejas y eternas influencias: Silvio Rodríguez y la Nueva Trova Cubana, Chico Buarque, Lito Nebbia, Jaime Ross, etc. ‘¿De qué sirve ganar batallas/ si la guerra es un filme que no tiene final/ y no se apagan las pantallas?’, se pregunta Vadik en otro verso con evidente amplitud de registros y connotaciones.
Otro tipo de saudades… (¿o la misma contada diferente? ¿No hay acaso solo una nostalgia que se adapta a nuestras situaciones?), se ve en ‘Fe de erratas’: ‘No alcanzan fe de erratas/ para cambiar de color/ los días que se marchan/ nunca volverán a vos’.
En ‘El carnaval’ no puedo ser muy ecuánime dada la orureñidad que empezó a hermanarme con Vadik. Una gran canción –melancólica y feliz a la vez– para el carnaval mayor… y acertadamente sin ningún aire carnavalero: ‘Diablo, moreno/ el cerro negro/ de donde vengo,/ toma mi mano/ vamo’ bailando/ no me detengo’.
No son muy comunes en el repertorio de Barrón canciones ‘personalizadas’, historias específicas, puntuales, ficciones hechas canción… ‘Marina San Antonio’ es una de ellas y está muy bien lograda; se me antoja lo mejor del disco junto a ‘El carnaval’ y ‘Fe de erratas’. ‘Marina ya es un huayño./ El mundo se le acaba…”.
Cierra el CD ‘Ternura’: ‘Para aprender el mundo/ me dieron las coordenadas/ pero perdí mi rumbo/ entre tanto cuento de hadas'».
Todo ese es el análisis de Zelaya, que enriquece esta obra de arte.
Matrioshka y Tren a la isla
El 2017 salieron dos poemarios en un solo libro publicado por la Editorial 3600. Cada obra no supera las 50 páginas. David Mamani Cartagena[2], en su crítica sobre el primer poemario, nos dice: «En el caso de Matriohska, sin hacer referencia directa al título, abstrae a esta idea del cerebro Matriohska de Robert Bradbury, como un modelo de energía”[3]. La Matriohska revela varios elementos recurrentes que se funden como energía. El caso de la luz, la compañera, y el mar; que a su vez derivan en la nada.
David comenta sobe el segundo libro: «en el caso de Tren a la isla, que a gusto personal supera a Matriohska, reúne dos mundos paralelos. Por un lado, voces de habitantes de una isla; como la voz de un náufrago. Soledad, despojo de credos, vida, muerte, etc. Hay un replanteo del ser, una metamorfosis desde la filosofía».
Y termina diciendo: «la poesía de Barrón supone un ying/yang temporal y personal. Luz y oscuridad, energía generada desde el relato de la nada, como ese viaje introspectivo del ser. Para la poesía boliviana, un halo infinito».
Para Giovanni Bello[4] «en Tren a la isla efectivamente se busca construir un mito o acaso esbozar una religión. La voz poética oscila entre la primera persona singular y la plural, pero a despecho de la segunda, el mito o la religión en construcción de Tren a la isla es puramente individual: la isla es en realidad la circunstancia de aislamiento del individuo. El mito individual en Tren a la isla recurre a algunas de sus más básicas formulaciones, designa su origen y su geografía. Aunque a veces la isla aparece habitada por otros, son la desolación y el aislamiento los que priman»[5].
Giovanni aumenta y dice: «El tratamiento de la palabra en Tren a la isla tiende a la paranomasia, la aliteración y la anáfora, figuras de lenguaje centradas en la música de las sílabas. De ahí la impresión de fragmentación que prima en su lectura: las sílabas se repiten, se desdoblan y se retuercen»[6].
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Sergio Salazar Boliviano, escritor
[1] https://letrasietebolivia.blogspot.com/2016/11/cancion.html
[2] Periodista Freelance. Licenciado en Comunicación Social
[3] Extraído de su blog personal, https://artenoexiste.blogspot.com/2017/11/el-valor-de-la-poesia-de-vadik-barron.html
[4] Escritor y editor
[5] https://hemeroteca.larazon.bo/tendencias/2017/08/27/las-dos-caras-del-poemario-de-vadik-barron/
[6] Ídem








