¿Qué soñaba la gente durante el Tercer Reich en Alemania? ¿Cuál fue el impacto del régimen nazista en el inconsciente y en la dimensión onírica de los alemanes? El libro de la periodista alemana Charlotte Beradt El Tercer Reich de los sueños es un clásico de la literatura antifascista. Entre 1933 y 1939 la autora registró cientos de sueños de sus connacionales y víctimas del fascismo en Berlín, juntando y organizándolos en este libro y al mismo tiempo revelando qué tan profundo llegaron a actuar los mecanismos del odio, del miedo y la persecución durante la época del nazismo. No es casualidad que la editorial porteña Tinta Limón haya decidido reeditar esta joya de análisis social y político, originalmente publicado en 1966, justo ahora: desde la postguerra que no hubo momento en el que el contexto geopolítico haya exigido con más urgencia su reedición. Hoy, nuevamente, el fascismo está omnipresente. Y no en su traje de campaña, como en las dictaduras militares del siglo XX –de los Franco, los Pinochet, los Banzer, que llegaron al poder con golpes de Estado–, pero el fascismo en su indumentaria democrática, elegido en las urnas, como en su momento también lo fue Adolf Hitler.
El ascenso democrático de Hitler es algo de lo que no se habla mucho, como si fuese algo íntimo, vergonzoso de la historia de la democracia: Hitler no asumió el poder con traje militar montado sobre un tanque, sino que lo hizo de terno y corbata, siguiendo todos los protocolos parlamentarios previstos en la República de Weimar, la primera democracia parlamentaria alemana. Y no es para nada excepcional que el fascismo llegue con victorias electorales. Algunos de los líderes que dominan las noticias internacionales estos días o son abiertamente fascistas o gobiernan gracias al apoyo de fascistas. Hoy, un año después de la vuelta de Trump a la Casa Blanca de Washington y el saludo hitleriano de Elon Musk trasmitido en vivo a todo el mundo durante las celebraciones de su posesión; dos años después de la asunción de Milei a la Presidencia en Argentina, despeinado, con espuma en la boca y motosierra en la mano; después de más de dos años de una guerra genocida conducida contra el pueblo palestino por parte de un gobierno fascista electo en Israel; hoy más que nunca es importante recordarlo: algunos de los peores ejemplos del fascismo en la historia global no entraron al gobierno derrumbando puertas con tanquetas, pero entraron de manera mucho más fina –fina en el sentido de delgado– por las estrechas bocas de urna de democracias en estado de bancarrota moral y política. Los últimos a unirse a la célebre ronda de fascistas electos y gobiernos sustentados por fuerzas fascistas son José Antonio Kast en Chile, Nasry Asfura en Honduras y por último también Rodrigo Paz en Bolivia.
Aunque con Paz primero hubo alguna confusión: llegó a la Presidencia con votos prestados de la izquierda, pero apenas dos meses después de asumir ya ejerce por Decreto Supremo una marca política prestada de la derecha. El voto popular soñó con una salida de la profunda crisis económica en la que se encuentra el país, apostando por lo que identificaba como derecha moderada, y despertó con un presidente jurando por «Dios, Patria y Familia», eterno lema del fascismo de Mussolini, recibiendo la banda presidencial colocada por un Vicepresidente uniformado, eliminando los impuestos a las grandes fortunas, celebrando sus alianzas con los Gobiernos fascistas de los Estados Unidos e Israel, intentando eliminar de manera inconstitucional todo posible obstáculo para entregarles nuestros recursos naturales vía FastTrack y llamando a toda oposición a su rumbo extractivista y sumiso al imperialismo yanqui como traición a la patria.
Soberanía política, soberanía alimentaria, soberanía sobre agua, gas y litio: aquí nadie sueña con ser un traidor de la patria, pero soñar despreocupado es un privilegio al que la mayoría no tiene acceso. Paz nos muestra que construir ese sueño será un camino arduo; pero sobre todo nos muestra que será un camino sin él.
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Max Jorge Hinderer Cruz Boliviano, doctor en Filosofía







