ENTREVISTA | Erick Sánchez: canto a la mujer, guapería y crítica social en la trova cubana de hoy

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A partir de mediados del siglo XIX la trova se enraizó en el cancionero cubano, para formar parte de la identidad nacional. Desde entonces Sindo Garay, Manuel Corona y Pepe Sánchez, pasando por Miguel Matamoros y Teresita Fernández, se convirtieron en los cimientos de toda una generación que tras el triunfo de la Revolución fundó el Movimiento de la Nueva Trova en 1972.

Pronto trovadores como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú y Sara González, sucedidos por Ángel Quintero, Santiago Feliú, Gerardo Alfonso, Frank Delgado y Carlos Varela, irrumpirían en escenarios internacionales como exponentes de un riquísimo fenómeno musical, artístico y cultural.

Desde allí a la fecha unas cuantas generaciones de trovadoras y trovadores han continuado con aquella tradición de la canción cubana, cada una con su estética y su decir propio. 

En esta edición, en exclusiva para Correo del Alba, conversamos con Erick Sánchez, autor de álbumes como A guitarra limpia (2002), Casa de cristal (2013) y Tirado en la calle (2019), cuyas fascinantes canciones se pueden escuchar en las plataformas digitales, pero sobre todo en distintos escenarios de La Habana.   

Naciste en La Habana, ¿en qué barrio y cómo transcurrió tu infancia?

Nací el viernes 13 de junio de 1969 a las 21:50 hrs., en el Hospital Luis Díaz Soto (conocido como Hospital Naval), y a los pocos días fui a la casa de mis abuelos paternos, donde vivían mis padres, en el barrio de Luyanó, calle Tres Palacios #458 interior entre Nivel y Manuel Pruna. Es decir, soy habanero, criado los primeros años en un barrio que rozaba la marginalidad, aunque mis padres me brindaron una excelente educación.

Mi infancia transcurrió juntándome con lo peor del barrio. En la escuela, un día la directora y vieja maestra Panchita le dijo a mis padres que yo era un buen alumno, pero tenía un gran problema: no sabía escoger mis amistades.

Pero, ¿qué hacías?

En el barrio jugaba a las bolas, la pelota, a los ladrones y policías, montaba chivichana y bicicleta.

¿Cuáles fueron tus vínculos iniciales con la música? ¿Qué artistas, discos o radios se escuchaban en casa?

Mi madre en casa escuchaba mucho la radio, fue así que se me pegaron las canciones de moda y que yo cantaba a capela junto con los cantantes del radio.

También había un tocadiscos, aún lo conservo y funciona, que mi padre trajo de la Unión Soviética y oíamos los primeros sencillos de Silvio Rodríguez en pequeños discos de 45 rpm, en aquel momento no me gustaban mucho sus canciones.

¿Recuerdas esas canciones a capela que cantabas?

Comencé cantando canciones de la década prodigiosa española, de grupos como Fórmula V, pues mi madre ponía “Nocturno” en Radio Progreso, un programa que pasaba esa música; yo tendría cinco o seis años.

¿A qué edad y cómo fue tu primer acercamiento a la guitarra? ¿Alguien te enseñó?

No fue hasta que tuve como 14 años, cuando ya vivíamos en otro barrio muy distante –cerca de Santiago de las Vegas–, que cayó en mis manos la guitarra de un amigo y vecino de mi padre. Traté de aprender con ella en cuatro oportunidades y nada… la dejaba siempre.

Luego entré a hacer el preuniversitario en una escuela militar, “los Camilitos de Capdevila”, y allí había algunos amigos que tocaban la guitarra y cantaban canciones de Silvio y Pablo. Para colmo, a la escuela fueron a cantar muchos artistas: entre ellos el grupo Síntesis y el propio Silvio con Afrocuba llevando de invitado a Santiago Feliú –que rondaba los 18 años–.

Me escapaba de esa escuela, los miércoles en la tarde noche, para ir a los ensayos de Silvio y Afrocuba en el Instituto Superior de Arte (ISA). En una de esas escapadas me sorprendió el director de la escuela y me puso un mes sin salir de pase, algo que yo no hice; después de una discusión con mi padre pedí la baja y me fui al preuniversitario del Vedado “Antonio Guiteras”. Para ese entonces habíamos vuelto a mudarnos, esta vez a Nuevo Vedado, y la bohemia de los 80 me atrapó, y mi madre, tras muchas súplicas, me dio 60 pesos cubanos (¡toda una fortuna!) con los que compré mi primera guitarra, con la que aprendí a tocar en la escuela al campo en onceno grado, ayudado por mi amigo y compinche del aula Javier Martínez.

“Canto y compongo para mí: si les gusta a los demás, perfecto; y si no les gusta, también”

¿Qué cosas tocabas?

Con Javier aprendí las primeras canciones de la Nueva Trova y de argentinos como Fito, Gieco y Charly.

¿Recuerdas cuando comenzaste a componer canciones? ¿Cuál fue tu primera canción?

Comencé a componer en 1986. Mi primera canción fue “Mercedes”, luego “Canción del aburrimiento” y después “El Cristo de La Habana”, que es de 1987 y me quedó muy buena.

¿Cuándo y por qué te inclinas por cursar la licenciatura en Enseñanza Artística Musical? ¿Dónde haces esos estudios?

Al salir del Servicio Militar estudié para pedagogo en Enseñanza Artística en la especialidad de Música. De alguna manera esa carrera me ayudó a consolidar algunos conocimientos musicales que tenía de manera empírica. Me gradué en 1997 en el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”.

¿Cómo fueron tus acercamientos, presentaciones y pruebas en la Casa del Joven Creador?

En 1987 frecuentaba la Casa del Joven Creador de La Habana, situada en el Muelle de Luz, hoy Museo del Ron. En ese lugar se reunía lo mejor de la bohemia artística y la vanguardia del arte, poetas, pintores, trovadores, diletantes, entre otros. Era un combustible tremendo que pude quemar con alevosía.

En aquel lugar nos cantamos nuestras primeras canciones muchos de los trovadores de mi generación.

¿Tienes algunas anécdotas de esos años?

Máximo, el barman, nos regalaba uno que otro trago y al final de la noche, a eso de las dos, nos botaba de allí con extrema delicadeza. Entonces nos íbamos a la Plaza de Armas o al muro del Castillo de la Fuerza a rematar la madrugada.

En tu cancionero uno distingue una variedad de géneros musicales, sin embargo siempre está muy presente el son… ¿Hay realmente una preferencia por ese género?

Ciertamente he compuesto en distintos géneros de la música: boleros, canción, bossa, reggae, balada, canciones de estilo renacentista, fusiones de bolero con jazz. Hasta hice un tema fusionado con rap y reguetón. Pero tengo una gran predilección por la guaracha y el son, aunque en los últimos tiempos lo he dejado descansar un poco.

¿Qué soneros te han influenciado?

Mis patrones a seguir siempre fueron Miguel Matamoros y Ñico Saquito. También escuché mucho y tengo influencias de Rubén Blades, y pude compartir bastante con Frank Delgado y Pedro Luis Ferrer, amigos y cultores de este género.

Creo que el son llega harto a la gente, más aún cuando le pones una letra interesante.

Al escuchar tus discos y asistir a tus conciertos se hace inevitable –si es que es válido encasillar– distinguir una suerte de proximidad entre tu obra y la de otros como Frank Delgado o Pedro Luis Ferrer… ¿Cómo evalúas la trayectoria de estos otros dos trovadores?

Sin dudas Frank y Pedro han sido mis referentes más cercanos, he podido compartir escenarios con ambos.

Son artistas inmensos, paradigmas inalcanzables para mí. Con ellos aprendí mucho y desde esta entrevista aprovecho para agradecerles por lo que han significado para mí y por la amistad que conservamos.

Las letras de tus canciones son una especie de testimonio de tu generación, de tu entorno, con sus luces y sombras, con dulzura y crítica aguda… ¿sientes un compromiso con cronicar tu mundo?

Mis letras han sido un reflejo fiel de mi vida real, de mis historias, de cómo pienso y de cómo se proyecta mi pensamiento. Soy desde niño un ser irreverente.

¿Has dicho lo que te has propuesto decir o a veces te has autocensurado?

He dicho a mi tiempo y con respeto todo lo que he querido. No me he autocensurado jamás, solo he sabido qué canciones cantar en determinados medios y cuáles no; pues así como hay determinadas cosas que pueden pasar en un teatro y no pasan en la televisión o en el cine, igual sucede con las canciones, pero no creo que eso sea censura o autocensura, sino que los medios tienen sus características.

¿Por qué crees que unas cuantas personas suelen destacar tu imagen de trovador crítico y no la del hacedor de canciones finas referidas a lo amoroso, tan presentes en tu repertorio?

La gente siempre quiere que les cante las canciones que critican cosas de nuestra sociedad, quizás yo me burló de algunas cosas o las enuncio con algún matiz humorístico y eso les mueve un poco. Pero realmente mi obra más intimista, mis canciones de amor y desamor, son mayoría y las más importantes para mí.

Discografía del trovador.

¿Te acomoda o incomoda, o te da igual, esa “etiqueta” que te puedan poner?

No me molesta en absoluto que me pidan más las otras canciones, pues siempre canto entre ellas las más finas, estas de las que te hablo. Y así pueden conocer a ese hombre que soy, además del que critica todo el tiempo.

¿Cómo creas una canción? ¿Desde la letra, desde la música? ¿Hay algún método en particular que uses?

Antes, en los comienzos, creaba un giro armónico para el que componía una o varias melodías, a las que les escribía unas letras. Ya después todo eso empezó a salir junto o en un orden diferente. Y ahora ya es un desorden total que no sé ni qué decirte.

¿Cuál es el origen de “Casa de cristal”?

Estuve enamorado durante años de una muchacha llamada Lía Rodríguez y la canción surgió un poco de la nostalgia de ese amor de los comienzos de mi vida. Y además de algo que sucedía en la ciudad de La Habana todos los días de 23:00 hrs. a 24:00 hrs., que paso a comentarte.

En Radio Metropolitana transmitían un programa en vivo conducido y dirigido por Ana María Ramos; jamás había escuchado cosa igual, tanta poesía radial más una buena selección de música. Aparte de que la gente llamaba por teléfono y le dejaba mensajes de amor o de odio, que es lo mismo, a otras personas, y todo eso era leído en los últimos minutos del programa.

Esa emisora quedaba cerca de mi casa, y sin que nadie me lo pidiera, teniendo como combustible aquel primer amor y todo lo que espiritualmente me transmitía el programa, fusioné aquello y nació “Casa de cristal”.

Una noche salí con mi guitarra y esperé al equipo del programa en la puerta de Radio Metropolitana y les canté la canción. Ana María Ramos quedó encantada y a los pocos días la grabamos allí mismo y durante un tiempo fue el tema de presentación del programa.

“Ena Lucía”, “Mercedes”, “Anita la pinareña”, “Claudia”, “Mi jevita de la Alianza Francesa” o “La piscología”… ¿qué lugar ocupan las mujeres en tu cancionero?

Las mujeres ocupan un lugar cimero e importante en mis canciones; los amores difíciles en general provocan poesía y música. Mi vida fue azarosa, cambiante y complicada por mucho tiempo, ya no.

El legado de todos mis colegas antepasados está llenito de canciones con nombres de mujer. No hago lista, porque no terminaría jamás.

Asimismo, “Amistades peligrosas”, “Canción del adelantado”, “No quiero que toquen en mi puerta”… ¿cómo tratas “la guapería”? ¿A qué se debe esa presencia de “la calle” y la jerga arrabalera en tu obra?

Nací en el barrio de Luyanó, en un pasillo, en el último apartamento… ¡Ya tú sabes! Me reuní y compartí con lo peor del barrio desde niño.

Como te comentaba al principio, la directora de mi escuela primaria me caló en las primeras semanas, llamó a mis padres y les dijo que era un buen alumno e inteligente, pero que tenía el gran defecto de no saber escoger mis amistades.  

Imagínate si después de todo eso y de lo irreverente que soy mi gran paradigma es Rubén Blades.

¿Cómo llegas al Centro Pablo de la Torriente Brau y cómo valoras ese espacio cultural? ¿Cuáles fueron las fortalezas y debilidades epocales para una generación como la tuya, que le tocó irrumpir a mediados y fines de la década del 90?

El Centro Pablo abrió sus puertas a todos los trovadores cubanos con varios espacios, uno pequeño llamado “Puntal Alto” y otro más grande como es “A guitarra limpia”. Participé de ambos, fue un bello proyecto liderado por Víctor Casaus y María Santucho.

Llegué allí como uno más, y se me abrieron las mismas puertas que al resto. Eran tiempos en que ese centro era tan importante como la Casa de las Américas. Por demás, los finales de los 90 y principios de los 2000 fueron convulsos para mi generación ya que había pocos sitios donde cantar con buenas condiciones de sonido.

¿Cómo fue tu experiencia en el Primer Encuentro Iberoamericano de Cantautores?

Fue una linda experiencia en la Casa de las Américas, pero creo que fue el primero y el último encuentro iberoamericano de cantautores. Vinieron cantores de España, Chile, Venezuela, Argentina y otros países.

Recuerdo que compartimos y nos cantamos nuestras canciones y nos presentamos en Casa de las Américas y en otros espacios. Ese evento fue organizado por Vicente Feliú y la Casa de las Américas. Fue una idea muy bonita.

“He dicho a mi tiempo y con respeto todo lo que he querido. No me he autocensurado jamás, solo he sabido qué canciones cantar en determinados medios y cuáles no”

En una entrevista leí cómo te cautivó oír, descubrir y ahora transmitir boca a boca historias de los viejos trovadores, ¿cuánto han influido en ti? ¿Quiénes son los que más te atraen a la hora de visitar sus trabajos?

Es un deber y un encanto poder cantar las canciones de quienes nos antecedieron y ya no están, y más reconfortante aún si te identificas tanto con ellos y con sus canciones. Eso me fascina, no hay una presentación donde no cante algo de ellos.

Me identifico con Miguel Matamoros, Manuel Corona, Miguel Companioni y otros; así como disfruto cómo decían antes, con sus palabras, lo mismo que yo digo ahora con las mías. Es un honor para mí.

¿Cuáles son los puentes de unidad y ruptura de una trova como la tuya respecto a la de los trovadores de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX y lo que fue el Movimiento de la Nueva Trova?

Creo que la trova es una sola, es una forma estética de hacer canciones. Los puntos de contacto son inmensos: cantarle al amor de una forma diferente y a la vez cronicar el tiempo en que vivió cada uno de nosotros y criticar o alabar los sucesos, según el cristal con que observe cada quien.

Pienso que hemos hecho lo mismo desde el principio, solo que cambian los géneros, los ritmos y el tiempo en que realizamos la obra.

¿Cómo es la relación entre los trovadores cubanos hoy? Pienso en tus compañeros y compañeras de generación, en la Trovuntivitis… ¿Cuál crees que sea la mayor riqueza de lo que se hace actualmente?

Los trovadores en general somos gente bien llevada. A pesar de los estilos, de los pensamientos y de las distancias de muchos tipos que puedan existir, siempre prima el origen de lo que sentimos y hacemos y al reconocernos nos apoyamos. La mayor riqueza de lo que se hace actualmente anda por Santa Clara, desde hace años.

¿Puedes contarnos algo acerca de tus composiciones para Teatrova? ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Con Teatrova lo que hice, a partir de ser un invitado habitual en sus presentaciones, fue  tratar de darle una continuidad cuando salió del proyecto Augusto Blanca. Pero fue en unas pocas presentaciones, ya que eso lo siguió mi amigo Óscar Huerta.

Teatrova fue una escuela y una experiencia distinta para mí, donde se mezclaban la trova y el teatro de una bella forma.

¿Y cómo ha sido componer o arreglar canciones para series de la tv?

Solamente hice, junto a Enid Rosales, parte de la música para el programa “Entre manos”. Fue a pedido de su director, Juan Carlos Travieso.

Mira, a mí no me gusta hacer música por encargo. Si alguna de mis canciones le sirve a algún programa no tengo reparos en hacer un contrato y que la usen.

¿En qué estado se encuentra el álbum Siluetas?

Siluetas se encuentra en mi mente aún, no sé si podré realizarlo alguna vez. Las canciones están ya seleccionadas, pero la economía es hostil ahora para ello. Quizás pueda gestionar algún tipo de ayuda, y si eso ocurre lo grabó de manera independiente.

Ya acabando, quisiera pedirte respuestas a modo de ping-pong:

Compositor preferido: Silvio Rodríguez.
Disco preferido: 19 días y 500 noches, de Joaquín Sabina.
Canción predilecta: “Y sin embargo”, de Joaquín Sabina.
Escritor preferido: Milan Kundera.
Libro preferido: La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera.
Plato de comida: salmón en cualquiera de sus variantes.
Lugar en el mundo: Madrid.
Sindo Garay: el cimiento de nosotros.
Silvio Rodríguez: Dios.
Pablo Milanés: voz, bondad, sinceridad, sencillez y perfección.
Pedro Luis Ferrer: ajiaco, folklore, cubanos, changüí y hombre a todo sin miedo.
Frank Delgado: son, escuela, amigo, paradigma.

Por último, ¿por qué y para qué se canta? ¿Qué proyectos futuros y sueños tienes  en la escena musical?

Cantar es una necesidad para mí, pero lo hago a partir de las cosas que me pasan y de mis vivencias. Canto y compongo para mí: si les gusta a los demás, perfecto; y si no les gusta, también.

Mi proyecto futuro es vivir y cuidar de mi familia, eso me puede acercar o alejar de la escena musical a ratos.

Sueño terminar mis días como Compay Segundo… ¡Ya tú sabes!

*

Cuando aparezca el petróleo

Cuando aparezca el petróleo
y la cosa no esté tan dura.
Cuando se acabe el bloqueo
y florezca la agricultura.

Cuando la Base Naval
sea otra playa de Oriente.
Y en las Naciones Unidas
un cubano sea presidente.

Cuando la ley asesina
no se trague a mis hermanos.
Cuando ya no nos condenen
por los Derechos Humanos.

Cuando la Unión Europea
nos levante las sanciones,
para que todo no sea
de hacerlo a “Pepe cojones”.

Cuando en Miami la mafia
se quede sin el Padrino,
y aquí sigamos cambiando
de los rusos pa’ los chinos.

Yo quiero que a mí me digan
cómo será la tajada.
A mí, que canto bonito,
que me canten la jugada.

Porque yo soy un cubano
de la raza paranoica,
que vengo oyendo lo mimo
desde antes de la Perestroika.

Que mi proyecto de vida
lo vivo en cámara lenta.
Y no voy hablar del absurdo
ni del precio de la tienda.

Yo quiero que cuando enciendan
la nueva refinería,
respeten más mi criterio
y no piensen que es bobería.

Por qué al final….
No se vive estando en cuarentena.
No sé si mi coro te suena.
Tú allá en el agua y yo en la arena.
Que ayer lo vimos por la antena.
Si hasta a Chan Chan le daba pena
oír los cantos de sirena: bla bla bla bla bla.

No se vive estando en cuarentena.
Si es pa’ cortarse las venas.
Aquí en el barrio de la condena.
No se vive estando en cuarentena.

__________________________________________________________________

Javier Larraín Director

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