Novelista argentino Alejo Brignole: “los medios, las corporaciones de la estética, el sistema mismo, invitan a las mujeres a sumergirse en ilusiones de eterna juventud y perseguir una belleza estandarizada”

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Tras la aparición de más reciente trabajo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Correo del Alba quiso conversar con Alejo Brignole, analista político y autor de varias novelas. Dialogamos sobre su última y polémica El demonio del mediodía que narra el cuestionamiento de un personaje masculino atormentado por la crisis de Gabina, su mujer, que en la edad madura se resiste al cambio físico e inicia una búsqueda –por momentos desordenada e incluso destructiva– obligando a todo su entorno a sumergirse en las profundidades que impone el paso del tiempo y el miedo a la decadencia.

Por Cris González*

Antes que nada me gustaría abrir esta entrevista con una afirmación, en tanto lectora de la novela:

Usted dirá…

Recorrer sus páginas me pareció, sencillamente, una experiencia brutal, de una crudeza difícil de ignorar.

Entoces le recomiendo mi novela El Ansia… Esa sí es aterradora, aunque en un sentido más psicológico.

Me apunto esa. Pero este reciente libro me ha robado todo un fin de semana en el que decidí cancelar compromisos. No pude parar.

Son 435 páginas… Usted no lee: devora.

Lo que allí cuenta no da tregua. Además la estructura narrativa, de hacer capítulos gemelos entre España y Argentina, entre el pasado de la protagonista y su vida actual cerca de Buenos Aires, me ha parecido todo un acierto. ¿Había ya escrito algo en esa modalidad? ¿Lo influyó algún autor?

Nunca leí nada estructurado así, con capítulos bis, pero por supuesto hay novelas corales que van y vienen entre pasado y futuro o con voces múltiples. La literatura está llena de ellas. Sin embargo, la idea de poner un capítulo 1, y luego capítulo 1 bis surgió a poco de comenzarla ante el escollo de intentar contar dos historias en paralelo que luego confluyen, y hacerlo de una manera atrapante para el lector.

¿Por qué el título El demonio del mediodía?

Porque los franceses le llaman “le démon de midi” a la crisis de la mediana edad, aunque el origen surgió en la Edad Media entre los monjes que llamaban así a la pereza. También hay una novela homónima del francés Paul Bourguet publicada en 1914 y que toca la problemática de la crisis de la medianía. Muy distinta en sus contextos, por cierto. Es un título que ya fue utilizado incluso en una serie de otras obras, pero que guarda gran representación simbólica sobre la historia que cuento.

En su libro hay muchas capas de cebolla para interpretarla. El mismo texto puede leerse como una trama sobre los “divorcios grises” [los que ocurren después de los 50 años] yuxtapuesta a otra sobre los desvíos de cierto feminismo desclasado y lumpen. Pero también una tremenda novela sobre las imposiciones del sistema en la psique colectiva. En cómo el consumo y la dictadura del mercado colonizan las subjetividades más vulnerables. En este caso, el de una mujer castrada y atrapada en ansias de legitimación social. La protagonista, Gabina Esquerdo, me pareció un retrato preciso, pero también patético y muy descriptivo de estas nuevas formas de relacionarse con el cuerpo y con la mirada del otro. ¿Cuánto hay de autobiográfico en la novela? (teniendo en cuenta que el narrador por momentos es un escritor del cual no sabemos su nombre en todo el libro).

La novela, en efecto, está escrita en clave autobiográfica (aquí hay un matiz que lo separa de lo estrictamente biográfico) y narra una experiencia de divorcio. Coincidentemente, mi exesposa es de un pueblo de Cuenca, como la protagonista, y también de extracción obrera con una madre psiquiátrica, pero la carga autobiográfica de una novela queda siempre en la sombra. Sólo los implicados y los círculos adyacentes saben con exactitud cuál es el grado de verismo y lo enraizado en la realidad que tiene un texto. También suelen haber razones legales para que eso sea así. Las editoriales lo saben muy bien. En rigor, toda ficción o novela carga elementos autobiográficos del autor, ya sea encriptados o subconscientes. Cuando Manuel Puig escribe su bellísima novela “El beso de la mujer araña”, pone allí toda su historia personal encriptada, su homosexualidad y las dificultades que conllevaba esa condición en la década de 1970 en países con dictaduras. Es muy difícil despegar totalmente al autor de su vida concreta, incluso en la más delirante ficción (que no es el caso aquí)

Usted describe una parte de España que desde el sur global tenemos muy distorsionada. No todo es riqueza, modernidad o beneficios del entorno europeo. La novela muestra descarnadamente una España rural llena de un tardofranquismo machista y muy activa en sus prejuicios de clase. Incluso plasma los abusos familiares que aún hoy se hallan naturalizados en esa ruralidad oscura y recóndita de la cual los latinoamericanos no tenemos muchas noticias.

España es un país infraestructuralmente moderno, pero culturalmente aún con muchas asignaturas pendientes, muy atrasado respecto del resto de Europa, y eso se refleja con claridad en la España profunda, donde transcurre parte de la novela. La otra parte se desarrolla en una ciudad que no se nombra, a una hora de la capital argentina.

La menopausia de la protagonista y sus 50 años parecen ser el catalizador para exhumar todas esas lesiones psicológicas que le dejó su propia idiosincracia familiar y su extracción humilde. En este sentido, si me permite la observación, la novela tiene puntos controversiales por cómo se muestra la menopausia de Gabina: sin rumbo, sexualizada con un drogadicto que podría ser su hijo, con encuentros sórdidos en una vivienda precaria, como su hogar de niña. La describe, además, disociada de su propio cuerpo mediante una obsesión por el bótox, las cremas y métodos que le den la ilusión de detener el paso del tiempo. No todas las menopausias son así… ¿Qué piensa al respecto? Le pregunto al padre de familia y pensador de la realidad, no al escritor

Bien… comprendo su curiosidad. Le aclaro de todos modos que me resulta muy difícil disociar al hombre común del escritor o el padre de familia. Todos convergen y somos uno. Creo que cada menopausia, como cada adolescencia o proceso hacia el envejecimiento, son caminos individuales e intransferibles. Yo no describo el fenómeno menopáusico, sino apenas el proceso personal de la protagonista en esa etapa, tan carente de herramientas emocionales y recursos estructurales para llevarla adelante con dignidad. Usted que es mujer, además artista plástica, exdiplomática, poeta y periodista, seguramente habrá tenido su propio viaje al climaterio, único e irrepetible. Acaso parecido al de otros millones de mujeres de características similares a usted, pero ninguno igual. Gabina, en el trámite de confrontar con su vejez (con su finitud y muerte algún día), entra en una crisis autodestructiva que también destruye todo su entorno, dinamita lo alcanzado y edificado y se adentra en arenas movedizas que terminan degradándola como mujer.

Me pareció muy interesante en la novela la rica intertextualidad que despliega. Hay muchas reflexiones muy oportunas apoyadas en textos de psicólogos, filósofos y hasta de la mitología griega. Habla mucho también de la Sombra Junguiana.

En efecto… Jung nos dice que podemos abrazar la Sombra (lo que para Freud sería el inconsciente) incluso al precio de desbaratar todo. Pero si el resultado finalmente resulta útil para visibilizar lo reprimido e integrarlo, el precio bien vale la pena. Pero Jung también señala que muchas veces la Sombra “nos toma, se apodera de nosotros” y a la postre nos destruye, que es lo que parece apuntar el proceso de mi protagonista, que pretende retornar a una suerte de juventud a deshora y psicológicamente turbia.

Parece sugerir que el ejercicio de la propia sexualidad degrada a la mujer si lo ejerce fuera el matrimonio…

En absoluto… La sexualidad es un territorio privadísimo que no puede ni debe contenerse. La vieja disputa freudiana de cultura versus natura (las pulsiones primarias) han definido la Historia. Por supuesto hay acuerdos respecto a fidelidad y a veces se vulneran o son motivo de conflictos nada desdeñables en términos emocionales. Pero no apunta a eso lo que señalé y la novela lo deja en claro. Lo que degrada a la protagonista es su prostitución frente a los mandatos sistémicos, a la depauperada mirada de sí misma, mercantilizada y superficial, buscando sólo un estándar de belleza que ya perdió para la mirada heteropatriarcal. En este punto, la protagonista avanza a tientas como una entidad denigrada frente al espejo y ante sí misma, que sólo busca parecer, aparentar, disfrazar y maquillar un proceso (la propia vejez) que debería ser digno, o al menos un portal hacia nuevas formas de disfrute y crecimiento. Sin embargo, Gabina Esquerdo, una mujer profundamente dañada en su infancia por factores culturales y afectivos, se ofrece como un cuerpo en oferta en las redes sociales y en el mundillo nocturno y sórdido de su ciudad a cien kilómetros de Buenos Aires. Un ambiente habitado por oportunistas decadentes que solo buscan maduras en el otoño de su atracción, ansiosas de legitimación antes del deterioro imparable de sus cuerpos. Un contrafeminismo en toda regla, que es también un tema que subyace a lo largo de toda la novela.

Las redes están llenas de mujeres (y hombres) así. Hay una deshumanización de las relaciones, de los afectos y de la propia relación con uno mismo en esta Era Digital. Hay un libro muy recomendable que leí hace mucho, titulado la “Sabiduría de la menopausia”, de la Dra. Christiane Northrup y que aborda muchos de estos aspectos.

Coincido en eso. También leí ese bien abordado ensayo clínico de la autora en mi última estadía en España. Me pareció un gran libro pero con cierta inclinación a idealizar el climaterio, que en realidad suele ser una verdadera tortura psicofísica para buena parte de las mujeres y conflictivo para sus entornos. Creo que falta una verdadera docencia hacia los hombres sobre lo profundo y complejo de ese proceso vital que muchas veces ni las propias mujeres comprenden. Hay ahí una gran asignatura pendiente por solucionar. Aunque paradójicamente, los medios, las corporaciones de la estética, el sistema mismo, invitan a las mujeres a sumergirse en ilusiones de eterna juventud y perseguir una belleza estandarizada, lo cual las aleja aún más de comprender el túnel que deben atravesar en la década de sus 40 o 50 años.

Perdone que vuelva a la pregunta inicial: lo que me impresionó de su obra es la crudeza con que relata los traumas, el hastío y el tedio existencial del norte rico, que busca placebos y anestesias vacías en medio de sociedades abundantes, pero profundamente deshumanizadas. Aunque usted no se detiene mucho en ello –salvo en la patética descripción de las amigas de Gabina en Carrascas del Campo– ese hastío y deshumanización están implícitos en la caída existencial del personaje Soledad, la hermana de Gabina, que quedó en su Cuenca natal y que sólo encuentra consuelo en un sexo enfermizo por las redes, entregándose en Tinder y otros portales a todo tipo de desechos masculinos, enfermos terminales e incluso lisiados, en una búsqueda erótica frenética que intenta llenar un vacío aterrador y casi sin solución posible pasados los 50 años en gente que ha perdido el sentido de su vida.

El libro explora allí, precisamente, las huellas indelebles que deja el legado heteropatriarcal más abusivo cuando es naturalizado dentro de las familias y no es cuestionado. El hermano de ambas (de Gabina y de Soledad) llamado Luis, fue un sujeto abusador que las utilizaba como siervas a su servicio doméstico y comodidad personal, con la anuencia de los padres y de un sistema familiar muy propio de Castilla-La Mancha, vigente aún hoy. Describe el patetismo de los pueblos manchegos (esas escenas discurren, en efecto, en Carrascas del Campo, un pueblo conquense de 700 habitantes), con sus sombras colectivas y sus contradicciones: padres que padecieron hambre y dictadura, con hijos que se compran coches en cuotas y gozan del consumo más obsceno. La novela intenta poner el ojo en esas dinámicas contrapuestas desde que España entró a Unión Europea y que son factores que gravitan psicológicamente en la sociedad actual española. Y esa carga pesada es la que se llevó Gabina a su nueva vida a 10.000 Km en la provincia de Buenos Aires, a pesar de vivir desahogada de toda privación y en un matrimonio aparentemente nutritivo para todos. Sin embargo, los mandatos sistémicos, los traumas silenciados, las profundas carencias emocionales y complejos de clase pudieron más que ella porque, precisamente, demostró ser una mujer amputada desde la raíz y desde su más tierna infancia por aquellas sombras colectivas que describo. Lo que sintetiza la novela, es que Gabina decide resolver sus viejos conflictos transgeneracionales, en un un escenario mucho más saludable y libre, que es el de la familia que formó y que resultaba bienhechora para sus integrantes. Hay allí, en síntesis, una pulsión de muerte, un Tanatos que la protagonista –al igual que su hermana en Cuenca– no saben ni pueden domeñar. Las domina y finalmente las atraviesa destructivamente.

Usted es escritor, vive a cien Km. de Buenos Aires y estuvo casado con una española manchega de orígenes campesinos. En ninguna novela que leí hasta ahora –y que fueron muchas– jamás pude hallar fragmentos sobre el desgarro, el dolor masculino con tanta intensidad y poesía. Un tema, además, que resulta tabú: el hombre no puede mostrar su dolor, pero el narrador muestra allí todas sus heridas sin ningún complejo o artificio.

Sin embargo, El demonio del mediodía cuenta una historia universal de decadencia colectiva, de un pathos social que sigue creciendo a nivel global conforme avanza la tecnología y el capitalismo depreda las subjetividades. Da igual el grado ficcional o lo autobiográfico del texto. Lo importante es que la historia de Gabina Esquerdo y su atormentada familia en Carrascas del Campo son tan reales como la sociedad en la que vivimos. Revelar si es una metáfora o un relato verista, es una prerrogativa que guardo para mí intimidad –salvo que mi abogada diga lo contrario y me autorice a una confesión o a un sincericidio– (risas). En ese sentido, la novela tiene un trasfondo muy, muy pesimista. Gabina Esquerdo y su hermana Soledad finalmente resultan, de alguna manera, el arquetipo de personas quebradas por el sistema (familiar, social y capitalista). Ellas simbolizan y muestran con mucha precisión lo que los españoles llaman un “juguete roto”, aunque en la superficie todo parezca aceptable. Son seres malogrados desde su infancia que no supieron o no descubrieron las vías de fuga para superar sus traumas. Son, en definitiva, entidades necrófilas (diría Fromm) atrapadas en sus obsesiones y carencias. Incluso cuando la vida les ofertó puertas de salida muy accesibles y claras. En realidad lo que habita en ambas es un gran abismo, un vacío inllenable que siempre resulta escabroso y que tarde o temprano dinamita todo buen transcurso vital entendido como una continuidad humanizada y amorosa con el mundo. A ellas –hermanas y víctimas de un sistema patriarcal muy efectivo– las mutiló para una realización plena, o cercana a la plenitud. En ellas habita y se ve, en definitiva, el horror de esta sociedad cada vez más hundida en su locura. En su obsesión por la máscara y lo superficial.

Adquirir el libro en Acercándonos Ediciones

https://libros.acercandonoscultura.com.ar/libro-242-el-demonio-del-mediod_iacute_a.html

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Cris González Fundadora de Correo del Alba

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