Bolivia es uno de los pocos países cuya celebración del Día de las Madres tiene un valor histórico y significativo, en honor a la resistencia de un grupo de mujeres que se alzaron el 27 de mayo de 1812 en la colina de San Sebastián en Cochabamba para hacerle frente a las tropas realistas en una jornada de sangre, dolor y valentía en momentos en que la América transitaba guerras para independizarse del yugo de la corona española.
Este episodio es habitualmente relegado por la historia clásica. Sin embargo, esas mujeres rebeldes, que resistieron hasta ser asesinadas, lograron trascender y en noviembre de 1927 se decreta como nueva fecha para celebrar el Día de las Madres.
No son una versión romántica de “madre coraje”, no actuaron bajo la emoción; al contrario, se organizaron, tenían convicción de que la lucha por la liberación era la vía y que todas y todos debían apoyar este principio, comprendieron la necesidad de pelear por su destino político, bajo el mando de Manuela Gandarillas, mujer adulta que se negó a abandonar el combate. Formaron cordones de defensa, hicieron centros de acopio, improvisaron armas, realizaron toda la coordinación de la defensa civil una vez que el Ejército patriota se retiró.
Con ello sentaron un precedente histórico en el Alto Perú, como es el que la emancipación no fue una obra exclusiva de los militares, de los caudillos, sino que hubo una defensa popular en la Coronilla, donde estuvieron mujeres de todas las edades. La Historia las trató no como sujetos activos, sino que las invisibilizó en tanto se precisaba destruir la imagen de mujeres fuertes y reforzar la idea que los hombres fueron los principales protagonistas en roles de liderazgo, organización, movilización e incluso combate.
Úrsula Goyzueta, Simona Manzaneda y Vicenta Juaristi Eguino fueron parte de la organización de mujeres que llevaron la logística, quienes desplegaron redes de espionaje, financiaron la insurgencia y movilizaron conciencias.
Recordar la Coronilla es hacer memoria de que estas mujeres son parte de la raíz profunda, esencia de las luchas de la mujer indígena, campesina, criolla, de aquellas voces silenciosas que dieron un vuelco a la lucha de guerrillas en Bolivia y que hoy permanecen presentes porque su legado no fue efímero. Ellas son parte de la genealogía de la lucha feminista actual en este territorio.
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Correo del Alba









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