La paridad lograda días atrás entre el dólar y el euro es la primera ocurrida luego de veinte años en que la moneda europea estuviera en un pedestal casi inalcanzable, aunque no tenga reservas que le respalden más que la confianza en ella de los países que conforman la Unión Europea. Un caso similar ocurre con el dólar, que, tras el acuerdo de Bretton Woods, perdió el respaldo del patrón oro, sin embargo, mantiene la hegemonía monetaria por la misma razón que esta nación sigue siendo una de las más fuertes a nivel mundial, políticas que van ligadas a la insistencia de este país para que todas las negociaciones sean estrictamente en esta moneda, incluyendo las realizadas en Europa.
Lo que nunca se esperaba es que, con monedas fuertes y países considerados desarrollados, se instalara la inflación como un quiste difícil de extirpar. En el caso de Estados Unidos, este mes alcanzó el porcentaje más alto en los últimos cuarenta años con un 9.1%, que ha ocasionado la caída en la bolsa de valores de Wall Street, aumento en los precios de los combustibles, contracción del PIB (Producto Interno Bruto) y asoma la posibilidad de una recesión económica. Estados Unidos intenta paliar la crisis interna y el aumento de los combustibles con la liberación de algunas sanciones a Venezuela, en el área exclusiva de compra y venta de hidrocarburos.
En el caso de Europa, es claro que la escasez de combustibles y alimentos, producto del conflicto entre Rusia y Ucrania, ha llevado al descontrol de precios y que el viejo continente se prepare para una contingencia en desventaja para la próxima temporada de invierno.
Además de la caída del euro frente dólar, y la compra de ciertos ítems en esta moneda extranjera para la eurozona, que generará deudas y con la posibilidad que de no lograr acuerdos con proveedores, se entre también en una crisis de desabastecimiento mayor a la que ocurre ahora por la dependencia, por ejemplo, del gas. Y en una posible recesión de la cual será difícil salir con una Alemania golpeada y sin tener el respaldo de naciones fuertes como el Reino Unido, que también vive su propia crisis.
El incremento del IPC (Índice de Precios de Consumo) en Europa alcanzó un porcentaje de 7.4%, mientras que la inflación un histórico 10.2% que no se vivía, al igual que en Estados Unidos, desde hace más de treinta años. Las subidas en los precios de consumo no se han sentido tanto en la eurozona, por el verano los gobiernos aprovechan esta etapa para ajustar y aumentar los costos, el golpe a los bolsillos. La angustia se sentirá a partir de la entrada del invierno, de no levantarse las sanciones contra Rusia o amoldarse a las condiciones que impone este país para la compra, por ejemplo, del gas.
La pandemia también ha dejado su huella indeleble, aunque en muchos países se han levantado las estrictas medidas para el desarrollo del turismo, ha habido un incremento de casos y cepas, que han abarrotado los hospitales en el último mes, por lo que los costos en la inversión sanitaria, tiene que seguir siendo una alarma y prioridad.









