El juez del Tribunal Supremo de Brasil, Edson Fachin, anuló el día de ayer, lunes 8 de marzo, las condenas por corrupción contra el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que incluyen el caso que involucra a la petrolera estatal Petrobras, las cuales fueron dictadas por el Tribunal Federal de Curitiba. La sentencia de la máxima autoridad de Justicia no tendrá que ser ratificada en sesión plenaria. Con esta decisión el expresidente recupera sus derechos políticos y podrá postularse como candidato para cualquier cargo público.
Lula fue condenado por la justicia federal de Paraná por la Operación Lava Jato y había sido ingresado en prisión el 7 de abril de 2018, justo en el momento de su mayor popularidad, cuando las encuestas le daban una victoria en las elecciones presidenciales que se celebrarían el 7 de octubre de ese año. Tras una sentencia del Tribunal Supremo de Brasil Lula fue liberado un año y medio después, en noviembre de 2019.
Años de esplendor de Brasil
Lula da Silva fue presidente por ocho años, en el período de 2003 a 2011. Durante su gestión el país experimentó una increíble metamorfosis, única en la historia del gigante sudamericano en términos de profundidad, gradualidad y sostenibilidad. Con una economía que en 2010 creció a un ritmo del 7.5% , el período de Lula quedó impreso en la memoria colectiva como uno de los pasajes más importantes y productivos en el desarrollo del país.
Al llegar a la presidencia, en enero de 2003, Lula no tardó en definir el fortalecimiento de las relaciones con la Región como la prioridad absoluta de su política exterior, manifestando oficialmente la voluntad de Brasil de ofrecer numerosas contrapartidas, garantías económicas, políticas y militares en forma de préstamos, financiamiento y mediación diplomática. Además de ello se fortalecieron las relaciones Sur-Sur y surgió un novedoso concepto de integración entre los países sudamericanos, impulsado por Hugo Chávez, el cual se basa en la solidaridad, fraternidad y cooperación mutua y cuya estructura orgánica está representada por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
El expresidente Lula no se limitó a reiterar el vínculo inseparable entre el destino del desarrollo brasileño y el de la integración sudamericana, sino que puso a disposición la voluntad de su liderazgo para intervenir y corregir aquellas asimetrías económicas, comerciales y de infraestructura que, como en el caso del Mercado Común del Sur (Mercosur), impedían la realización de una integración plena y mutuamente productiva.
Por otra parte, durante los ocho años de gobierno de Lula, Brasil cambió radicalmente el alcance y la orientación de su proyección internacional, transformándose en el área comercial en un país con intereses económicos y financieros que iban mucho más allá de las fronteras de Sudamérica.
Debacle con Jair Bolsonaro
Con la llegada de Bolsonaro al poder en el 2019, Brasil ha perdido el esplendor que le caracterizó durante el período de Lula da Silva. La lista es larga del desastre que ha significado el gobierno del ultraderechista, encabezada por la ineficacia total y rotunda ante la pandemia Covid-19, convirtiendo al país en el tercero más afectado mundialmente, con 11.1 millones de casos de contagio, un incremento de más de 30 mil personas contagiadas diariamente, y 266 mil fallecidos, con 987 fallecidos cada 24 horas.
En el ámbito de las relaciones internacionales, Bolsonaro ha marcado a nivel regional el congelamiento de Unasur, una agenda hostil contra Venezuela, políticas migratorias xenofóbicas. Pero además de ello sigue una línea deliberadamente antimedioambiental, siendo evidentes los incendios en la Amazonía y su ineficacia en controlarlos. Son clamorosos sus ataques contra instituciones democráticas, su política abierta y explícitamente genocida hacia los pueblos indígenas. Con la decisión del Tribunal Supremo de Brasil sobre la reanudación de los derechos políticos del expresidente Lula Dda Silva, se abre un rayo de esperanza ante la debacle que ha significado el gobierno de Jair Bolsonaro.








