Por Yoselina Guevara López
La wiphala se yergue victoriosa en toda la Abya Yala, nunca ha dejado de ondear y de estar presente en la lucha y la resistencia de los pueblos , ícono en Bolivia de las movilizaciones sindicales de 1970, cuando los pueblos originarios y los trabajadores se enfrentaron al golpe militar de Hugo Bánzer. Este símbolo fue víctima junto con el pueblo boliviano en 2019 de las hordas del imperialismo, depredadores de vidas y esperanzas, quienes intentaron dar una señal de triunfo tratando de destruirla y atando a árboles en las plazas públicas a los líderes originarios, quemando sus casas, entre otros actos de violencia racista. Es más que una bandera, término que los pueblos originarios se niegan a utilizar por asociarlo etimológicamente a las palabras “banda”, “bandolero”, “bandido”, de la época del feudalismo de Europa. La wiphala es un símbolo sagrado que el racismo fascista intentó destruir y desaparecer de la memoria de las naciones bolivianas, las cuales ahora con el triunfo de Luis Arce y David Choquehuanca retoman el camino de dignidad que habían perdido momentáneamente con el golpe de Estado de 2019 y el nefasto acceso al poder de la derecha.
El maravilloso doble arco iris del que está tejida la wiphala es ahora más que nunca un símbolo de encuentro y del compartir la lucha de los pueblos , un signo de la alianza de todas las comunidades indígenas de la resistencia. Es la misma identidad que nos une a través de las diferentes etnias, como lo señala Galeano, es la convivencia de las diferencias, un verdadero punto de encuentro en la diversidad. Para la cosmovisión andina en la wiphala está plasmada a un hecho sagrado: el cruce de dos arcoiris, es la unión de la dualidad femenina y masculina, que es a la vez complementariedad. Una visión holística en la que la realidad es un continuo y no un juego de fuerzas en el que uno siempre debe prevalecer sobre el otro. Al respecto, Kantuta Killa Mayu (Dra. Mariel N. Camillo) y Wari Rimachi Mayu (Tp. Javier R. Ríos), miembros del Consejo de Amautas Indígenas del Tawantinsuyu de Argentina señalan que “esta dualidad, complementariedad de los opuestos, en su cruce, lleva a la evolución, al crecimiento, a la fertilidad y a la sabiduría. De este entrecruce de k´uichi (arcoíris) surge la wiphala”.
Una historia de miles de años
La wiphala fue el emblema nacional de la civilización andina, antes y durante el período incaico, hace más de dos mil años. Esto ha sido comprobado científicamente de acuerdo con hallazgos arqueológicos de tejidos de colores que son probablemente wiphalas pertenecientes al Tawantinsuyu (período Inca), territorialmente consolidado como nación Estado en los actuales espacios de Ecuador, Bolivia, Perú, el sur de Colombia y el norte de Argentina y Chile. En los siglos pasados, la wiphala se utilizaba en las actividades agrícolas, en las fiestas solemnes, las ceremonias y en todas las reuniones comunitarias del hombre andino que incluyen bodas, nacimientos y funerales.
El arcoiris de colores de la wiphala
La wiphala siempre ha sido perfectamente cuadrada, con ello expresa organización y armonía, unidad e igualdad. Tiene cuatro lados y siete colores de igual proporción, lo cual significa igualdad en la diversidad de los pueblos andinos. La estructura y composición de los colores de la wiphala, como emblema cultural andino, constituye una forma simétrica y orgánica. La formación de los siete colores del arco iris, es el reflejo cósmico que representa a la organización del sistema comunitario y armónico de los Qhishwa-Aymara. Los colores se propagan desde el rayo de sol al blanco (kutukutu) en los siete colores del arco iris (kurmi). Los antepasados del hombre andino siempre se han referido al arco iris para diseñar la composición, estructura y organización de la comunidad y la sociedad armónica.
Rojo: encarna el planeta Tierra (aka-pacha), es la expresión del hombre andino en su realización intelectual, en la cosmogonía, en el pensamiento y el conocimiento de los amautas, la raíz ancestral, la identidad, la cosmovisión indígena originaria.
Naranja: representa la sociedad y la cultura, es la expresión de la cultura, la preservación y la procreación de la especie humana, considerada como la mayor riqueza de la nación. La salud y la medicina ancestral, la sanación del cuerpo físico a nivel psicológico y espiritual, la formación y la educación, el dinamismo de la juventud y la práctica cultural.
Amarillo: simboliza la energía, la fuerza (ch’ama-pacha); es la expresión de los principios morales del hombre andino, de la doctrina de Pacha-kama y Pacha-mama, del dualismo (chacha-warmi), las leyes y las normas que regulan la vida colectiva de la fraternidad y la solidaridad humana. A su vez representa al Nunaq, espíritu ancestral que está en todas las cosas; a las cuatro virtudes del hombre andino: Munay (amor incondicional), Yachay (sabiduría), LLank´ay (trabajo alegre y con pasión) y Kamay (creatividad).
Blanco: encarna el tiempo y la dialéctica (jaya-pacha); es la expresión del desarrollo, la transformación permanente del Qullana Marka en los Andes, el progreso de la ciencia y la tecnología, el Buen Vivir, el arte, el trabajo intelectual y manual que da vida a la reciprocidad y la armonía dentro de la estructura de la comunidad. Es el desarrollo personal que no se concibe si no es también comunitario.
Verde: representa a la allpamama (naturaleza), a los frutos de la tierra, el trabajo del campo, a la economía comunitaria autosuficiente, a la abundancia de alimentos, de minerales, a Yaku Mama (Madre Agua). La economía y la producción andina; es el símbolo de la riqueza natural de la Tierra en la superficie y en el subsuelo; simboliza la tierra y el territorio, la producción agrícola, la flora, la fauna y todos los depósitos de agua y minerales.
Azul: significa el Hanan Pacha, mundo cósmico, al universo, entidades del cosmos, energía sami (sutil) y energía jucha (densa), energías cósmico telúricas, a la Chakana (constelación Cruz del Sur), al sistema matemático fractal. Es el espacio cósmico, el infinito (araxa-pacha); es la expresión del sistema estelar, el universo y los efectos naturales que causa en la tierra, la astronomía, la física, y las dimensiones de los fenómenos naturales.
Viola: representa a los Ayllus, Markas y Llajtas (comunidades, regiones y naciones), al Inca como la expresión de la evolución y el poder político y comunitario del Tawantinsuyu; simboliza a todas las organizaciones comunitarias sociales de desarrollo y dirección gubernamental. La política e ideología andina; es la expresión del poder comunal y armónico de los Andes como instrumento del Estado, y de la estructura de poder como instancia superior.
Un símbolo que nos pertenece a todos y todas
Para los miembros del Consejo de Amautas Indigenas del Tawantinsuyu no hace falta pertenecer a un pueblo originario para sentirse representado por la wiphala: “En este nuevo Pachakutyk (ciclo cósmico de 500 años de luz) se han abierto a toda la humanidad las puertas del conocimiento, el sentir y la sabiduría que en un principio se originó en los runas (hombres de origen andino amazónico)”. La wiphala es un símbolo que ahora más que nunca nos pertenece, nos une a todos y todas, que por siempre sobrevivirá victoriosa como lo ha demostrado hasta ahora después de más de 500 años de genocidio, saqueo e invasión cultural y material.
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Yoselina Guevara López Corresponsal en Italia








