Por Yoselina Guevara
El 6 de abril de 1520 Roma se detuvo en la conmoción y el pesar por la muerte del joven pintor Rafael Sanzio; la noticia se difundió con increíble rapidez en todas las cortes europeas. El mundo entero conmemora los 500 años de su desaparición física, pero su obra sigue latente. Pocos artistas han conocido en vida un reconocimiento tan entusiasta y unánime como Raffaello, de quien escribió el ruso Fiódor Dostoyevski: «Las cosas divinas salieron de sus manos».
Rafael Sanzio es uno de los más importantes pintores del renacimiento italiano, época artística donde los valores del hombre dejaron de estar sometidos a una jerarquía, como en la concepción medieval. Momento en que el arte parece haber alcanzado la máxima perfección, con Rafael y Miguel Ángel. Desde ya contrapuestos: aquel, con un carácter tranquilo y sereno, a diferencia de este, de fuerza y emoción abrumadora. Sin embrago, Sanzio es solo aparentemente frío, porque en realidad es capaz de contener su propia emocionalidad en una medida tan racional, casi estoica, que hace pensar que en él no laten emociones o traumas como los que sí lo hacen en Michelangelo y en los posteriores manieristas.
Bajo el signo de Perugino
Sus primeras enseñanzas las recibió de su padre, Giovanni Santi, pasando a formar parte de los discípulos de Perugino. Con este último profundizó el estudio de la composición espacial, para el correcto equilibrio de las formas y la conquista de una profundidad atmosférica obtenida a partir de mezclas armoniosas de color.
Podemos decir que Rafael ciertamente parte de Perugino, pero desarrolla su lenguaje en una nueva armonía que incluye toda la esencialidad de la pintura y, principalmente, la relación entre el espacio, las figuras, así como su propio cromatismo característico y luminoso.
La estancia en Florencia
Rafael viajó constantemente, era curioso y ávido de conocer todo lo que en su campo se realizaba. Por ello se trasladó a la ciudad medicea, donde el clima artístico era ferviente. Estableció amistad con otros artistas, entre ellos Aristóteles de Sangallo, Ghirlandaio, Fray Bartolomeo. La estancia en Florencia fue fundamental en su formación, permitiéndole profundizar en el estudio de los modelos del siglo XV, Masaccio, Donatello, así como en los últimos logros de Leonardo y Miguel Ángel.
Desde joven aprendió los principios compositivos para crear grupos de figuras estructuradas plásticamente en el espacio, mientras pasaba por alto las complejas alusiones e implicaciones simbólicas, sustituyendo el «indefinido» psicológico por sentimientos más espontáneos y naturales. De Miguel Ángel, en cambio, asimiló el claroscuro plástico, la riqueza cromática, el sentido dinámico de las figuras. Sus obras en Florencia estaban destinadas casi exclusivamente a clientes privados conquistados por su arte, es el periodo de las madonnas y retratos.
«Pocos artistas han conocido en vida un reconocimiento tan entusiasta y unánime como Raffaello, de quien escribió el ruso Fiódor Dostoyevski: ‘Las cosas divinas salieron de sus manos'»
El período romano
Hacia finales de 1508 Rafael recibió un encargo desde Roma que cambió su vida. En ese período, el Papa Julio II puso en marcha un extraordinario trabajo de renovación urbana y artística de la ciudad en general y del Vaticano en particular, llamando a los mejores artistas de la plaza, incluyendo a Miguel Ángel y Donato Bramante. Fue el propio Bramante, según el testimonio de Vasari (pintor y biografista), quien sugirió al Papa el nombre de Rafael. Con apenas 25 años, se mudó rápidamente a Roma, donde vivió como un príncipe, entre una corte de discípulos y admiradores de su obra.
En la ciudad eterna marcó un camino esencial para todos los pintores posteriores, desarrollando el lenguaje artístico de los siglos venideros, además de ser un modelo fundamental paralas academias. Su influencia ha llegado hasta los pintores modernos y contemporáneos.
Una exposición durmiente
En el Palacio de la Escuderia del Quirinale (Roma) duerme una de las más valiosas exposiciones, que reúne más de doscientas obras de Rafael Sanzio. La muestra se articula de acuerdo con una idea original, que propone un camino de retroceso en la carrera de Rafael, a partir del 6 de abril de 1520, para recorrer toda su aventura creativa, de Roma a Florencia, de Florencia a Umbría, hasta sus raíces en Urbino. Esta exposición no escapó a la emergencia generada por el Covid-19 y, casi inmediatamente a su inauguración, se cerró al público en cumplimiento a la cuarentena. Dadas las necesidades técnicas para la protección, sobre todo de los dibujos, se han cubierto las obras enteramente con telas negras para protegerlas de la luz. Pero en tiempos de pandemia esto pareciera casi un poético mensaje de luto por la muerte de tantas víctimas por el contagio del virus.
En el Quirinale ahora reposan cuadros emblemáticos, como la Madonna del Granduca de la Galeria Uffizi (Florencia), la Santa Cecilia de la Pinacoteca de Boloña, la Madonna Alba de la Galeria Nacional de Washington (Estados Unidos), la Madonna de la Rosa del Museo del Prado (España), la Madonna Tempi de la Alta Pinacoteca de Munich (Alemania), La Fornarina de la Galeria Nacional de Palacio Barberini (Roma), entre otras.
Por ahora, el recorrido solo se puede realizar virtualmente, a la espera que el mundo regrese a la tan ansiada normalidad. Una rosa roja estará durante todo el año en la tumba de Rafael Sanzio, en conmemoración de su muerte.
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Yoselina Guevara López Corresponsal en Italia




EXPOSICIÓN Rafael Sanzio en el Scuderie del Quirinale 2020 (visita virtual)








