Por Tony González
Es tan cercana y rápida la información en las redes sociales, que ahora hablamos en tiempo real de un país a otro, con diferencia de milisegundos. Con solo estar conectados, podemos darle la vuelta al mundo desde una red social, por eso alguna persona en el planeta que tenga un celular con acceso a Internet y sus redes, se convierte en un transmisor de noticias, reportero, cuentista, humorista, analista y hasta coredactor de mensajes de diverso tipo. Y no hablo en este caso de los youtuber, donde apreciamos a una gran variedad de “especialistas”, sino de millares de individuos que, sin saber de lo que están comentando o reenviando, se convierten en repetidores de oficio, mientras los que saben de la importancia de esta herramienta, la usan para encausar a su favor la opinión pública.
De manera cotidiana nos encontramos en el mundo en una especie de burbuja conectada entre opiniones y aseveraciones, donde se va construyendo la verdad que imponen los que manejan la Big Data, con la cual terminan encausando a las mayorías, en que la cabeza de los seres humanos es el objetivo final. Cada dueño de celular forma parte del pensamiento de la mayoría, y por tanto asegura estar del lado de la razón. Este juego es tan detallado que cada individuo está en el grupo le que corresponde, según sus creencias, gustos, hobbies, cultura o poder adquisitivo. El que tiene en sus manos un celular, tabla o computadora conectado a las redes, sin saberlo forma parte de este mundo virtual, ya que cada individuo es identificado con sus datos y el número que le asigna el sistema, con el cual es analizado psicológicamente.
Desde hace unos años, el nivel de información que maneja una niña o niño, gracias a esta tecnología, es abrumadora. De hecho, ahora no es solo la televisión quien se encarga de adoctrinar. El mayor trabajo en este momento lo hacen las redes sociales. La idiotización gana espacio entre los juegos en línea y las redes. Si comparamos a las generaciones que no tuvimos acceso a estos aparatos, pareciera que no vimos ni sabemos nada. Ahora encontramos personas especialistas en todo, discuten por las redes con facilidad sobre temas que copian de algún chat, podcast o youtuber, para colocarlo en otro de la misma red u otra donde quedan como los eruditos de la discusión y del conocimiento.
«Es tan cercana y rápida la información en las redes sociales, que ahora hablamos en tiempo real de un país a otro, con diferencia de milisegundos»
Así, en este juego del saber todo, sin profundidad ni certeza, muchos crean una personalidad (un súper yo) y dan paso a una especie de show que los hace sentir superiores, aunque cuando vuelven a la cotidianidad de su entorno se chocan con el vacío de que socialmente han perdido el sentido a la realidad; otros creen ser la representación en vida del fhotoshop.
Con el Covid-19 pasa un fenómeno similar. La gente ha seguido y apoyado desde las redes cada acción de los gobiernos del llamado Primer Mundo. Como las que buscaban mantener el funcionamiento de la economía por encima de la vida humana, menospreciando el peligro que significa esta enfermedad. El tiempo les ha quitado la razón, la cantidad de víctimas por la pandemia superó sus negaciones y propuestas.
Ahora es difícil ocultar la realidad, las redes se han volcado a reproducir los testimonios que viven en sus propias casas o sectores las personas. La muerte se apodera de cada mensaje, y cada comentario y testimonio deja ver que no es producto de la manipulación, es el dolor de los familiares que cuentan su verdad en medio de la pena por sus pérdidas.
Igualmente nos topamos en las redes con recetas curativas caseras, y hasta científicas, para paliar el contagio o curar el coronavirus. Pero la gran coincidencia en las recomendaciones es la cuarentena social. Nadie discute que es la mejor forma de prevenir la propagación.
Es por eso que es preferible quedarse en casa y ver el mundo desde las redes, porque aunque haya muchas mentiras, su daño lo cura la comparación y oír todas las voces posibles, ya que al final no es tan peligroso como el Covid-19. Sal y entra a las redes, cualquiera de ellas, pero quédate en casa.
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Tony González Cineasta








