Mujeres como moneda de cambio

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Por Emily Caro y Alborada Garrido

Septiembre, 2019. Transcurre el siglo XXI, época en la que, según estudiosos del siglo pasado, se materializaría el modernismo y se daría la solución a muchos problemas sociales. Sin embargo, septiembre de 2019 es uno de los tantos meses de este año en los que fenómenos como el intercambio de mujeres y niñas por comida, dinero, vacas, servicios, favores y pagos de deuda, se desarrollan de manera normal.

Si hay algo que trajo consigo el siglo XXI fue la mutación de la cosificación del cuerpo de las mujeres, quiénes pasan de ser un objeto que puede comprarse y/o pagarse y se convierten en moneda de cambio, en una forma de pago, en su defecto en salario, como ocurrió en Sudán del Sur el año 2016.

Estas prácticas comunes también se aplican en India, Tanzania, Irak, Nigeria, Brasil, México… la lista es muy larga. Esta realidad es narrada en primera persona en la voz de una mujer iraquí que prefiere conservar su nombre en el anonimato: «Uno de los amigos de mi padre le había prestado 3 millones de dinares (moneda del país) y como no tenía dinero para pagarle, me entregó a él».

Las niñas igualmente son forzadas a casarse para establecer nexos familiares que, «según la cultura», se sellan a través de la entrega de niñas como esposas a hombres mayores. «Pensé que era mejor morir y no existir para que la gente dejara de hacerme daño, ¿qué más podía hacer?», se pregunta Atifa, una niña/esposa de 12 años que para huir de su matrimonio decidió verter gasolina sobre su cuerpo y prenderse fuego.

«Fenómenos como el intercambio de mujeres y niñas por comida, dinero, vacas, servicios, favores y pagos de deuda, se desarrollan de manera normal»

En Tanzania los padres intercambian a las niñas y adolescentes por vacas. Cuando en una familia tanzana hay pocas mujeres para intercambiar, los padres se sienten desgraciados porque significa que tendrán pocas «vacas» para el canje.

«Tenemos solo una hija, por eso tenemos pocas opciones de tener vacas. Según nuestra tradición las vacas valen más que nuestras hijas», explica una de las madres que intercambiará a su hija por siete vacas. Según esta «costumbre» africana las vacas parecen cumplir un rol más importante que las mujeres.

En 2016, las Naciones Unidas denunciaron que en Sudán del Sur las violaciones masivas contra mujeres eran usadas como herramienta de terrorismo y arma de guerra, pero el informe hace un especial énfasis en que las autoridades permitían a grupos aliados violar a mujeres a modo de salario, siguiendo el principio de «hagan lo que puedan y tomen lo que quieran», uno de los testimonios muestra la crueldad de estos hechos: «Éramos muchas mujeres, estábamos cerca del río (…) todas las mujeres huyeron pero a mí no me dio tiempo, a mí me atraparon. Ahora cada vez que tengo que salir tengo miedo. Sabemos que si no te violan hoy te violarán mañana», concluye Nyakuor Roam, una mujer sudanés que sobrevivió a la violación de por lo menos 300 hombres.

Pibhia Erot, integrante de Women´s Proteción, detalla que Kenia es otro de los países afectados por estos fenómenos, dato que pudo verificar con testimonios de algunas mujeres que incluso arriesgan la vida para dar de comer a sus hijos: «Si sé que es VIH positivo y tiene comida, tengo que ir y tener sexo con él para que pueda darme comida», explica una mujer keniana que no llega a 40 años.

Líderes de comunidades de este país africano afirman que dicha práctica es de origen cultural, no obstante, las mujeres se han organizadas para desmontar esta afirmación que ha truncado el futuro de tantas mujeres y niñas. Aunque se quiera relacionar esta práctica con culturas de países en guerra o tercermundistas, cabe señalar que también es común en países europeos como España, Rusia, Alemania y otros países de América.

Recientemente en Brasil, la ministra de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, reconoció públicamente que en las islas del archipiélago de Marajó las niñas son intercambiadas por «alimentos o aceites diésel que mueven los botes», y en México, las mujeres en situación de calle ofrecen su cuerpo a cambio de comida, protección y drogas.

«Cuando en una familia tanzana hay pocas mujeres para intercambiar, los padres se sienten desgraciados porque significa que tendrán pocas ‘vacas’ para el canje»

Pero esta situación de esclavización de la mujer no surge solo por supuestas prácticas culturales, desde que EE.UU. inició la invasión a Irak y auspició a grupos terroristas en Oriente Medio, la situación de DD.HH. de las mujeres va en decadencia, la invasión las convirtió en botín de guerra y en parte de los negocios en medio del conflicto armado.

Una situación similar surgió producto de la conformación y financiamiento de grupos extremistas que, con el apoyo de Occidente, sembró el terror, ellos se autodenominaron EIL (Estado Islámico) y usaban a las mujeres como objetos.
«Nos fueron repartiendo, nos forzaron a convertirnos al islam y nos obligaban a leer el Corán en cualquier momento. Cuando les apetecía, a nosotras nos violaban, nos vendían, nos intercambiaban entre ellos y nos entregaban a milicianos del Daesh», relata Nadia Murad, mujer iraquí sobreviviente de esclavitud sexual.

En algunos casos de manera «voluntaria» la mujer asume su cuerpo como vía para acceder a comida, servicios o recursos a los que no puede acceder con dinero, y es entonces cuando negocia con su cuerpo. En este caso es el sistema el que la orilla a una situación en la que ni el dinero, ni el trabajo, pueden pagar. Aunque estas prácticas buscan ser justificadas con las costumbres, la cultura o el supuesto libre albedrío, someten a la mujer a través de la violencia, el hambre, con castigos o con la muerte.

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Emily Caro y Alborada Garrido Productora del programa Congénero de teleSUR

José Cheo García Ilustración



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