Historia de mujeres por Ariana Campero

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Por Javier Larraín

En persona acude la ministra de Salud, Ariana Campero, al vestíbulo ministerial a buscar el equipo de La Correo para invitarnos a su despacho y dar la vuelta a la venta de una palabra que versa sobre literatura e historia. En una mesita de centro descansa, con numerosas notas de colores, un ejemplar de Mujeres (Siglo Veintiuno Editores, 2015), el último título publicado en Vida por el más universal de los escritores uruguayos, Eduardo Galeano.

De entrada le proponemos que se remontó a su infancia, a su lectura inicial, y, con mirada chispeante, nos cuenta que las primeras letras las aprendió de la mano de El Principito, la reconocida novela del escritor y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry . Inmediatamente señala que su jardín infantil, en su Cochabamba natal, que llevaba el nombre de ese texto, por lo cual tuvo que repasar sus páginas en varias oportunidades.

Campero nos desconcierta a los pocos minutos para extenderse respecto a otra obra que, según nos confiesa, le dejó una profunda huella. Se trata de la novela de Harriet Beecher Stowe: La cabaña del tío Tom. «Fue el primer libro que leí con la voluntad propia y el que más me marcó. Vivió 11 años y hasta hoy lo recuerdo. Trata de la esclavitud de los negros en Estados Unidos, en la cosecha del algodón, entonces era bastante triste, porque recogía las historias del sufrimiento de la esclavitud «.

A pesar de detenerse en cuentos y novelas, manifiesta su inclinación por la poesía, donde Mario Benedetti y Rubén Darío acaparan sus preferencias. Ante la petición de que pudiéramos tener Citar -y en lo posible recitar- su poesía, de nuevo nos lleva a Nacer hombre, de Adela Zamudio, explayándose sobre la vida de la poetisa.

Como antesala de la presentación del libro de Galeano no hace mucho gusto por el género biográfico y de corte político-social, rememorando su encanto por las vidas de Olga Benario y Gladys Marín, pero sobre todo por la fotografía, artista y activista italiana Tina Modotti, inmortalizada en Tinísima, novela biográfica de ficción escrita por Elena Poniatowska.

Su última lectura, Mujeres, es la síntesis perfecta de todo lo que se puede encontrar en una antología de cuentos, relatos y mini biografías trabajadas durante décadas por el prolijo narrador uruguayo. «Este libro habla de la historia de la mujer en la humanidad y recoge anécdotas no solo de mujeres y también de otras cosas de la vida real, además de momentos históricos específicos como cuando, por ejemplo, Napoleón Bonaparte, al escribir el Código Civil, plasma un matiz machista en el cuerpo legislativo y en la aplicación de la justicia, pues resulta interesante el hecho de que sea un marido adulta, en caso de ser descubierto en su falta, pagaba una multa, sin pruebas «.

A lo largo de casi dos páginas páginas, nos cuenta apasionadamente la Ministra, Galeano se sumerge en las raíces del patriarcado de Occidente y escudriña en las vías de escape y la emancipación de la mujer en la historia, profundizando en el inventario como la de Aleksandra Kolontái, colaboradora de Lenin: «con este libro nos enteramos, por ejemplo, que ella fue una de las primeras ministras de mujeres del mundo, que luchó contra la homofobia en 1920, que abogó por la legalización del divorcio y la temprana conquista del voto femenino en la Rusia soviética «.

Pero, recurriendo a sus coloridas anotaciones, la doctora nos muestra que Mujeres cariñosamente destaca episodios del acontecer boliviano, es así que “el relato ‘Cinco mujeres’ habla de cómo con Domitila Barrios –más conocida como Domitila Chungara, por el nombre del esposo– y otras cuatro empiezan una huelga de hambre contra la dictadura de Banzer. Entonces el mundo las veía como unas ‘mujeres locas e ingenuas’ que no iban a lograr nada, pero uno de los primeros en unirse a la huelga fue Luis Espinal, y luego se fueron sumando otros miles y eso permitió la caída del dictador”.

Antes de finalizar, reflexiona acerca de Juana Azurduy y cómo se la reconoció, luego de las batallas, por su «varonil esfuerzo y valentía», cuestión roja por la expresión argentina Cristina Fernández, quien recibió el póstumamente el grado de Generación del Ejército Argentino, señaló: «por su femenina valentía». Es con esta edad que Campero se despide de nosotros, aunque antes nos lanza una pregunta que incluye una respuesta de buena suerte por ella misma: «¿Se dan cuenta que nos heredaron una historia machista y patriarcal? Alguna vez la polaca Rosa Luxemburgo dijo que ‘el socialista que no es feminista carece de profundidad’ «.

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