EXCLUSIVO │ Richard Yáñez: «Allende y la UP asumieron el desafío y la responsabilidad de construir un sistema educativo democrático, universal e igualitario»

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Por Javier Larraín

Richard Yáñez es profesor por la Universidad de Concepción, Chile, y exdirigente estudiantil de pedagogía. En calidad de gestor cultural y destacado líder social, fue promotor durante tres lustros del Festival de Todas las Artes Víctor Jara y cursos de alfabetización y completación de estudios para personas adultas en la ciudad de San Pedro de la Paz, zona sur del país.

Como fundador de la Cátedra Edgardo Enríquez Frödden en la Universidad de Concepción, así como de espacios educativos como bibliotecas populares, ha estudiado a fondo la experiencia docente durante la Unidad Popular (UP) , razón por la cual Correo del Alba lo ubicó para abordar el tema.

¿En qué estado se encontraba el sistema educativo chileno a fines de los 60? ¿Cuáles eran sus indicadores más importantes?

A pesar de varias experimentaciones en relación a programas educaciones, en la década del 60 se manifestaban los mismos problemas que evidenciados a comienzo del siglo XX, esto es: principalmente dificultades de acceso a todos los niveles y programas educacionales desvinculados de nuestra realidad. Solo existía un 70% de cobertura a nivel de Enseñanza Básica, con una deserción del 68%, mientras que el 30% de los que terminaran el nivel básico no accedían a la Educación Media, la que a su vez tenía una cobertura inferior al 45%, con un 75% de deserción. El nivel educativo de la población chilena era de 4.2 años y de 2.4 años en el sector rural.

Las tasas de deserción y repitencia eran altas, el sistema educativo parecía estar más orientado a eliminar estudiantes que garantizarles permanencia y progreso en los diversos niveles. También se evidenciaba falta de asistencialidad para el apoyo y acompañamiento de estudiantes en contexto rural o de pobreza en la ciudad. El sistema educativo de Chile era elitista, destinado a mantener y perpetuar la estratificación y la segregación social. La escasa iniciativa en términos de políticas educativas se vio reforzada por el complejo contexto en el Magisterio, donde había diversas organizaciones y dificultades para construir instancias unitarias.

Sin embargo, a partir de 1965 y hasta 1970, con la Reforma y el abierto debate educativo, se fijó la atención en el aumento de matrícula y en la participación ciudadana, se instaló un proceso de ascenso en las luchas por un nuevo sistema educativo nacional. Se impulsaron reformas universitarias y se acrecentaron las reivindicaciones gremiales, llevando al Magisterio a una de las huelgas más largas y combativas protagonizadas por profesoras y profesores de escuelas públicas en 1968, lo que dio como resultado la fundación del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTE), en 1970.

¿Qué lugar ocupaba la materia educativa en el Programa de la Unidad Popular?

El gobierno de Allende y la UP asumieron el desafío y la responsabilidad de construir un sistema educativo democrático, universal e igualitario, desde la enseñanza parvularia a la universitaria. Para dicho objetivo se propusieron impulsar el proyecto de Escuela Nacional Unificada (ENU), una apuesta para realizar cambios estructurales al sistema educativo nacional en crisis.

¿En qué consistió la ENU? ¿Qué características tenía? ¿Cómo concebía el sistema educativo?

La ENU fue una revolución al interior del sistema educativo nacional. Una de las principales banderas del gobierno popular de Salvador Allende desde 1971, cuando se realizó el Congreso Nacional de Educación. El proyecto de ley planteaba una transformación profunda al sistema de enseñanza y buscaba, bajo criterios igualitarios y equitativos, articular la educación nacional mediante objetivos claros y comunes.

Existía un acuerdo frente a la descoordinación de la educación en todos los niveles (básico, medio y universitarios); en mejorar mecanismos de planificación; el déficit presupuestario y la ausencia de participación real de las comunidades educativas (profesores, estudiantes y apoderados).

«El sistema educativo de Chile era elitista, destinado a mantener y perpetuar la estratificación y la segregación social»

El proceso de reforma educativa provocó un gran revuelo, debates que se intensificaron entre los años 1971 y 1973, en que todos los sectores intervinieron, se organizaron encuentros comunales, provinciales, regionales y nacionales; con la intención de abrir un espacio abierto a los diversos sectores en el diseño de una nueva educación para el país. Un contexto social y político que fue conducido por un Gobierno que se trazó un recorrido por dónde irían las trasformaciones educativas en las tareas socialistas a que aspiraba la UP.

Con el fin de avanzar en el sector educativo se realizó en 1971 el Congreso Nacional de Educación, ¿qué objetivos se proponía? ¿Qué actores participaron y a qué conclusiones llegaron? 

Después de un análisis crítico de la educación, hecho en cada escuela del país durante el año, entre los días 13 y 16 de diciembre del 71, tuvo lugar en Santiago el Congreso Nacional de Educación. Este fue un acontecimiento altamente significativo. Por primera vez un gobierno hacía posible que una amplia reunión representativa, no solo de los docentes sino de otros sectores como los estudiantes, padres de familia, trabajadores, vecinos, entre otros, de variadas tendencias ideológicas, propusieran las líneas fundamentales de una política educacional.

Las resoluciones del Congreso Nacional de Educación sirvieron al Ministerio de Educación Pública para poner marcha a dos de sus intentos de cambios radicales en el sector: 1) Instauración de la ENU; y 2) El dictado del llamado Decreto de Democratización.

El debate nacional impulsando por el Ministerio de Educación Pública y el SUTE, culminó con la entrega del «Informe sobre la ENU», el 30 de enero de 1973. En su párrafo inicial, el texto expresó: “La perspectiva estratégica que ilumina la nueva política educacional presupone la construcción de una sociedad socialista humanista, basada en el desenvolvimiento de las fuerzas productivas, en la superación de la dependencia económica, tecnológica y cultural, en el establecimiento de nuevas relaciones de propiedad y en una auténtica democracia y justicia social garantizada por el ejercicio efectivo del poder por el pueblo”.

¿Qué era y cómo funcionaba el SUTE? ¿Quiénes lo componían y cuál era su peso gremial? ¿Qué rol jugaron durante la UP?

El SUTE fue la salida a la fragmentación que vivía el campo docente hasta 1970. Esta unidad a nivel nacional permitió negociar condiciones únicas en relación a las remuneraciones del sector y beneficios para todos los trabajadores y trabajadoras, de norte a sur. Se planteó fuertemente la necesidad de incidir como gremio en la reforma educacional y en el proyecto de ENU.

A través del SUTE y la Central Única de Trabajadores (CUT) se promovieron congresos locales y provinciales para elevar la participación del pueblo en la construcción de la nueva política educativa; juntos organizaron el Congreso Nacional de Educación, donde se ratificó la necesidad de avanzar a un nuevo sistema nacional de educación, unificado, científico, ligado estrechamente al desarrollo económico del país.

Congreso Nacional de Educación, diciembre de 1971.

Con gestos destinados a la clase trabajadora, en 1971, el Gobierno delegó la responsabilidad de conducir los procesos de reforma educativa a dirigentes del SUTE, quienes iniciaron una tarea maratónica para dirigir los esfuerzos en función del proyecto de la ENU.

El SUTE tuvo alrededor 100 mil socios y la conducción estuvo liderada por el Partido Radical (PR) hasta 1972, con apoyo de profesores socialista y comunistas. En las elecciones de ese mismo año triunfó la Democracia Cristiana (DC), con un 38.3%, frente a una fragmentada izquierda que obtuvo en su conjunto un 48.2%.

Finalmente, el proceso de politización o de izquierdización de las y los docentes se vio interrumpido con la llegada de la dictadura cívico-militar liderada por Pinochet. 

En sus discursos, Allende planteaba indistintamente el experimento chileno como un “tránsito al socialismo” y una “transición socialista”, pero sin dudar de aquel horizonte. ¿Hubo correlato de esa ideología en el sistema educativo en esos mil días? ¿Tanto en formas de enseñanzas y aprendizajes, gestiones administrativas, metodologías, ajustes curriculares u otros?

Con el triunfo de Salvador Allende se multiplicó el debate educativo a nivel estatal, las experiencias anteriores de articulación y lucha docente sirvieron de base para el nuevo momento donde las y los docentes y sus comunidades educativas fueron protagonistas de las transformaciones democráticas que Chile experimentaba. El proyecto ENU iba en función de la transición a una sociedad socialista, donde la escuela tenía un papel fundamental. Se propuso reestructura, articular y unificar todo el sistema educativo, con el fin de asegurar la igualdad en las condiciones de enseñanza y terminar con la segmentación clasista. Esta perspectiva estuvo instalada en el profesorado en el contexto de la UP, donde incrementó el debate y se propusieron novedosas metodologías que rescataron la tradición latinoamericana crítica a través de la educación popular.

Un elemento demostrativo de lo anterior es el libro Sugerencias para la alfabetización, primer texto impreso por el Ministerio de Educación Pública para profundizar en la alfabetización de las y los trabajadores; ahí claramente se ve expresado el método psicosocial propuesto por Paulo Freire, implementado años antes en los campos del sur de Chile.

¿Qué papel jugaron las universidades y centros de formación técnica para responder a los intereses sociales en esa época? ¿Hay alguna experiencia relevante de democratización de enseñanza que nos pueda mencionar?

Un claro ejemplo en esta perspectiva de dio en la ciudad de Concepción, en el periodo temporal que abarca los años 1968 y 1973, en la Universidad de Concepción. Esa etapa se caracterizó por la Reforma Universitaria que llevó al Dr. Edgardo Enríquez Frödden a la rectoría y reconfiguró el papel de la Universidad en todo el concierto de convulsión social de la época.

«Estaba en marcha una nueva escuela extramuros, una pedagogía nueva, una síntesis nuestraamericana de experiencias que solo pueden ser posibles con el pueblo en el poder»

Durante la gestión de Enríquez, que luego fue ministro de Educación de Salvador Allende, la Universidad de Concepción tuvo un crecimiento sostenido en ámbitos culturales, académicos, sociales e identitario con la ciudad, que se materializaron con la Reforma en curso, en palabras del propio Rector: “La democratización de la Universidad de Concepción, en general y, muy especialmente en las elecciones de sus autoridades. Que los cargos docentes, no docentes y de empleados y obreros, se llenen por concursos amplios y muy justos. Que el manejo académico y administrativo sea realizado también en forma democrática, es decir, con la participación ponderada de los tres estamentos de la Universidad: docentes, alumnos y no docentes. Que se amplíen los cursos y carreras universitarias, sin menoscabo de la excelencia Académica. Que se fomente la investigación; que se creen cursos de postgrado; que se amplíe la extensión universitaria, en conferencias, cursos de temporada, teatro, orquesta, etc. Que todo el personal de la Universidad pasa a ser socio de la misma. Que se mejore la previsión del personal. Que se mejoren los sueldos y salarios. Que la Universidad, en fin, se ponga al servicio del progreso social. Que, en especial, se vincule más estrechamente al desarrollo de la región”.

Como nos plantea Enríquez, en un extracto de sus memorias, el proyecto universitario que encarnó fue la síntesis de lo que se respiraba en aquellos años en el mundo entero. Desde el “grito de Córdoba” a la fecha, ninguna universidad de Chile pudo llegar a los niveles altísimos de participación y decisión que tuvo la comunidad universitaria penquista, que estuvo muy comprometida con los procesos de transformación. La elección democrática del Rector; la extensión universitaria; la incorporación de carreras nocturnas para trabajadores y su colaboración con el Gobierno de la UP; llevó incluso a Enríquez a la cabeza del Ministerio de Educación Pública y junto con esto conducir el proyecto de la ENU.

Para terminar, ¿qué es lo más valioso de la experiencia educativa durante la UP? ¿Qué sigue vigente y qué debiera conocerse?

Los procesos de transformación vividos en Chile empujaron al gremio docente a tomar partido en un momento histórico donde confluyeron una corriente de pensamiento latinoamericano que promovió la democratización de la educación. Toda la tradición combativa del profesorado se disponía a protagonizar junto al pueblo cambios radicales a nivel educativo. Una nueva escuela para una nueva educación.

La experiencia de Paulo Freire y las pedagogías liberadoras tuvieron una amplia recepción en el Magisterio y hay registros de interesantes reflexiones en los permanentes congresos y encuentros que se desarrollaron; sin dudas, estaba en marcha una nueva escuela extramuros, una pedagogía nueva, una síntesis nuestraamericana de experiencias que solo pueden ser posibles con el pueblo en el poder.

La experiencia de la ENU y la UP nos enseñaron que era posible y que siempre es posible cuando hay confianza en el pueblo. Ayer y hoy, por una nueva educación: ¡A democratizar la escuela! O como señaló Salvador Allende en el Congreso Nacional de Educación: “Para nosotros, toda sociedad debe ser una escuela y la escuela debe ser parte integrante de esa gran escuela que debe ser la sociedad. Pero no la tradicional, introvertida, satisfecha de una enseñanza que puede ser bien impartida, pero que no traspasa más allá de sus muros; porque pensamos en la escuela abierta, plenamente integrada a los procesos que inquietan, preocupan e interesan a la comunidad…”. La nueva educación socialista.

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Javier Larraín Jefe editorial

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