Debra Hevia se marcha de Bolivia y Erik Martini toma su lugar al frente de la representación estadounidense en La Paz. El relevo ocurre en un momento particularmente crítico para Bolivia con todo el poder del movimiento social desplazado por el país para evitar las medidas neoliberales que Rodrigo Paz, ha querido implementar desde el primer día de mandato, de manera grosera.
Sabemos que desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump, redefine su política de seguridad hemisférica para justificar las invasiones explicitas como ha sido en Venezuela y Honduras. Desde que asumió en febrero de 2025 declaró a varios carteles mexicanos Organizaciones Terroristas Extranjeras. El pasado 5 de junio, Washington amplió esa doctrina al incluir al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho (CV) de Brasil en la lista de organizaciones terroristas globales.
No se trata de un detalle técnico. Durante décadas Estados Unidos intervino política, económica y militarmente en América Latina, conocemos este guion. Primero fue la Doctrina de Seguridad Nacional, el enemigo era interno, político, ideológico. Después llegó la guerra contra las drogas donde el enemigo era criminal. Hoy se consolida una síntesis peligrosa: narcotráfico igual terrorismo igual amenaza a la “estabilidad democrática”.
Y el camino está cantado, a finales de mayo, en Bolivia fue detenido Gerson Palermo, señalado como uno de los narcotraficantes más buscados de Brasil y vinculado a la cúpula del Primeiro Comando da Capital (PCC), con una condena acumulada de 126 años de prisión. Su localización en Cotoca se produjo durante una operación coordinada entre fuerzas bolivianas y brasileñas… Al mismo tiempo, en medio de la crisis política y social, el gobierno de Rodrigo Paz, comenzó a utilizar el concepto de «narcoterrorismo» para referirse a sectores vinculados a las protestas, no es casual que mientras Washington redefine jurídicamente al crimen organizado como terrorismo, en Bolivia la conflictividad social empieza a ser leída desde esas categorías.
En Venezuela, durante años, la narrativa del llamado «Cartel de los Soles» sirvió para presentar al Estado venezolano como parte de una estructura criminal transnacional. Esta construcción permitió justificar sanciones, recompensas multimillonarias contra autoridades del país y una creciente presión internacional sobre Caracas hasta finalizar el 3 de enero con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Cuando una disputa política se traduce al lenguaje de la seguridad, es muy peligroso, pues las reglas del juego cambian y en nombre de esta “seguridad” han actuado de la manera más vil.
En ese contexto llega Erik Martini. Su trayectoria da cuenta de quién es el personaje: Estudió Derecho en la Universidad de Wisconsin en Madison. Fue Cónsul General de los Estados Unidos en Ecuador 2023-2025. Fue subdirector de Asuntos de Venezuela en la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental de la Oficina de Asuntos Andinos. Fue director Adjunto de la Oficina de Asia Central y Meridional y el Cercano Oriente de la Oficina de Contraterrorismo, donde ocupó el cargo de Director de diciembre a agosto de 2019. Fue voluntario del Cuerpo de Paz en Guatemala. Fue Consejero de Control de Armas en la Misión de Estados Unidos ante Organizaciones Internacionales en Viena, Jefe de la Sección Política y Económica en Lahore, Pakistán, Jefe Adjunto de la Sección Política y Económica en Yaundé, Camerún, y Oficial Político en Quito, Ecuador.
Por su parte Debra Hevia deja una relación bilateral reconstruida dejando que Martini aterrice justo cuando la “seguridad” vuelve a convertirse en el eje ordenador de la política hemisférica estadounidense y en medio de la protesta de los movimientos sociales y con un marco de Estado de excepción promulgado hace unos días atrás.
Por último, las recientes declaraciones de Marco Rubio terminan de completar el cuadro. El secretario de Estado declaró en sus redes sociales: «reafirmar el compromiso inquebrantable de Estados Unidos de apoyar la democracia boliviana y al Gobierno de Paz en la reconstrucción del país tras 20 años de políticas socialistas fallidas». Claramente no es una formulación diplomática, sino que es abiertamente una definición ideológica.
El Gobierno de Rodrigo Paz, está de rodillas ante Washington, lo que ha desembocado en una crisis social profunda, la aparición del discurso del narcoterrorismo, la presencia de organizaciones criminales transnacionales en la región, una nueva doctrina estadounidense basada en la asociación entre narcotráfico y terrorismo y la llegada a La Paz de un diplomático formado precisamente en esos ámbitos.
El peligro es que podríamos estar frente a un nuevo Ecuador ya que comienzan a aparecer algunas de las condiciones políticas, jurídicas y discursivas que hicieron posible experiencias similares en otros países de la región. El único freno son los movimientos sociales que sí saben de organización y han estado en el poder, y luchan por no entregarnos al imperio dejando atrás los logros alcanzados para las mayorías que fueron por siglos desplazadas.
“El trabajo de la Embajada de Estados Unidos continuará sin interrupciones, dado que Erik Martini asumirá el cargo de inmediato tras la partida de la Jefa de Misión Hevia”, indicó escuetamente la delegación diplomática en Bolivia…
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Correo del Alba








