El litio es un elemento crítico para la transición energética mundial debido a su uso en la fusión nuclear como en baterías recargables de ion-litio, representando un valor económico cercano al 8% y un 2% en cuanto a su contenido, por lo que se espera una demanda de cerca de cinco millones de toneladas para el año 2050, lo que provocaría el agotamiento de las reservas estimadas. No obstante, se mejoraría la tecnología de extracción de fuentes marinas y salmueras así como el establecimiento de un ciclo del litio que consienta su reutilización.
La ciencia avanza exponencialmente y una prueba de ello es que la gigante asiática CATL producirá industrialmente a partir de este año baterías ion-sodio, un elemento que es mil veces más abundante que el litio y su obtención es de bajo costo. Además posee ventajas como alta densidad de energía, carga rápida, estabilidad térmica, excelente rendimiento a baja temperatura, seguridad, entre otras.
Esta situación axiomáticamente sugiere el aprovechamiento del contexto internacional para desarrollar una industria nacional. Discretamente Bolivia se ha proyectado desde hace una década implementando una planta de sales y plantas piloto con el fin de escalar a una producción industrial. Sin embargo, al existir pocos métodos de extracción de litio, se pretendió replicar la experiencia exitosa de Chile mediante la evaporación, para lo cual se construyeron gigantescas y onerosas piscinas que no funcionaron –como inocentemente creyeron sus responsables en ese entonces– debido a las condiciones climáticas y concentraciones en el Salar de Uyuni. Aunque la política haya sido la correcta, el conocimiento científico aún era inmaduro, por lo que la parametrización de los procesos de concentración en las piscinas es una tarea pendiente que requiere del soporte académico e innovador del que aún carece Bolivia.
Siendo más optimistas, la oportunidad consiste en incorporar tecnologías en pleno desarrollo, como es la de “extracción directa del litio”, que pertenezcan a corporaciones con experiencia científica y tecnológica para que se transfiera sistemáticamente la tecnología con el fin de dominarla, reproducirla y mejorarla.
Por otro lado, en el contexto de las empresas transnacionales existen capitales que se desplazan según las estadísticas de rendimiento económico, no importando el rubro de la industria. Asimismo, hay empresas que cuentan con todas las herramientas corporativas para su funcionamiento, con institutos científicos, laboratorios, centros de investigación, asociación con universidades, entre otros. Es de estas últimas de donde el Estado puede aprovechar para integrarse a las cadenas de valor. Resulta que hace pocos días la Corporación de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) firmó un acuerdo con CATL, reconocida por producir más del 30% de las baterías de litio existentes en el mundo. Por si fuera poco, la gigante asiática cuenta con más de tres mil 300 patentes, ocho parques industriales, seis centros de investigación, entre otros componentes estratégicos.
Lamentablemente el foco de atención se reduce a la proporción de las regalías, para lo cual se hacen esfuerzos extraordinarios a fin de proponer varias versiones de una ley de recursos evaporíticos donde el espíritu es la fijación de elevados porcentajes, de entre el 10% y 20%, mediante una administración regional ministerial. Cabe señalar que las regalías establecidas tanto en Chile y como en Argentina para las regiones donde se explota el litio es de un 3%, lo que configura un escenario de carácter extractivo e insostenible, criterio que es apoyado por opinadores políticos que pretenden disfrazar sus relaciones económicas con empresas tránsfugas vía cuestionamientos desprovistos de conocimiento científico.
Finalmente, lo que debe quedar claro es la necesidad de incorporar tecnologías extranjeras y el desarrollo de la capacidad del Estado para transferir estratégicamente esos amplios conocimientos. El aprovechamiento será exponencial si se permite la participación de más empresas con similar perfil.
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Sebastián Mamani Cuenca Boliviano, investigador en Ciencia y Tecnología








