Los tejidos femeninos como fuente de poder y fragilidad en «Antigua vida mía» de Marcela Serrano

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¿Cómo contarían ustedes la vida de su mejor amiga? ¿Cómo definirían su historia, como una de pasión o de añoranza?

Y para cerrar el párrafo interrogador, con el que decidí iniciar este escrito que pretende ser una reseña del libro que más ha calado en mi corazón, les pregunto: ¿Cómo se imaginan la versión de su propia vida narrada por su mejor amiga?

En la historia de una amiga inevitablemente está también la nuestra

En Antigua vida mía (1995), novela escrita por la chilena Marcela Serrano, la autora nos sumerge en la historia de Violeta Dasinski relatada por su mejor amiga, Josefa Ferrer. Ellas compartieron y habitaron un vínculo que pasó la frontera divina de la amistad a la complicidad.

Sus vidas se entrelazaban, porque las dos carecían de almas sencillas, huían de lo opaco y sobre todo compartían el deseo de soledad, como si la carencia de esta impidiera cualquier florecimiento.

Por ello Josefa afirma al inicio del libro: “Esta quisiera que sea la historia de Violeta si la mía no se entretejiera tanto con la de ella, pero nuestras biografías no me permiten las distancias necesarias”.

Una amistad está hecha de pactos y promesas que tarde o temprano se cumplen

Antigua vida mía comienza con Josefa cumpliendo una promesa que le hizo a Violeta, primero en la infancia y luego siendo adultas: cuidar sus diarios o, como ella los llamaba, “apuntes”. Tenía un baúl lleno de estos, los escribía desde niña y cuando le preguntaban ¿para qué los escribes? Violeta respondía con contundente frescura: “Para ordenarme la cabeza, es mi único orden posible”.

Le hizo prometer a Josefa que el día que muriera ella protegería ese baúl. Así lo hizo, fue tras él en cuanto supo la noticia.

Violeta no había muerto, pero su primera vida había concluido; y la segunda estaba en alumbramiento.

Una mujer es la historia de su sangre y es la historia de su utopía

Marcela Serrano nos presenta dos personajes opuestos, que aprenden a acompañarse la vida desde sus complejidades y fragilidades.

A través de sus vidas nos muestra la importancia de la niñez, sus huellas y secuelas; lo frágil de la adolescencia y la vida adulta como consecuencia casi inmediata de las anteriores.

A lo largo de la historia, a las voces de Josefa y de Violeta se suman las de “nosotras, las otras” (madres, abuelas, bisabuelas), como un testigo de la experiencia femenina a través de las generaciones.

Violeta era madre de Jacinta, hija de Cayetana, nieta de Carlota.

Josefa era madre de Celeste, hija de Martha, nieta de Adriana.

A través de las protagonistas de esta explosiva novela recorremos el linaje femenino de cada una de ellas y el impacto en sus psiquis y en sus vidas.

Y me atrevo a afirmar que también podemos encontrar “nosotras, las otras” mucho de lo que sentimos, mucho de lo que hacemos, mucho de lo que soñamos, muchísimos de nuestros silencios y de nuestras utopías, las alcanzadas y las por alcanzar.

Un diario como descifrador del dolor y del valor: Violeta disparó por todas nosotras

La autora nos muestra con determinante ternura cómo para las mujeres un diario puede ser la brújula de quien fuimos, somos o seremos, porque en páginas blancas depositamos los sentires y pensares más inmediatos, los más impulsivos y los más abstractos.

Josefa intentó descifrar lo que le pasó a Violeta mediante la lectura de las últimas páginas de la libreta, donde escribió antes de esa madrugada.

Ya no queda un solo demonio en el infierno, se fueron todos a mi cabeza.

Que se profane mi cuerpo, que se profane la existencia misma menos mi vientre.

El abuso mata algo muy valioso: La misericordia.

Releer frases como esas taladraron la mente de Josefa, quien se preguntaba: “¿Por qué no la rescaté?”.

Así inicia un viacrucis hacia el pasado, al que unos cuantos dicen que no hay que volver; pero de ahí venimos, ahí están nuestras semillas y raíces.

Entonces Josefa se embarca en la valiente misión de contarnos capa a capa la vida desgarrada de Violeta y su propia vida, que se menea entre el éxito y la angustia.

Un manantial de donde proviene poder y heridas a la vez: El linaje femenino

En las 344 páginas de esta novela la autora nos sacude para despojarnos del miedo de ver hacia dentro, nos empuja hacia nuestras heridas, nos acerca a nuestros demonios, nos reconecta con nuestro linaje femenino y, principalmente, nos hace apostar por la amistad entre mujeres como una cura posible.

Josefa casi al final del libro reflexiona: “…Me abracé a él llorando a las mujeres –a ciertas mujeres– incapacitadas para encontrar solas su interioridad. Porque lamentablemente yo soy una de ellas, porque no he sabido mirarme de frente, porque he necesitado de otra femineidad –aunque fuese mi opuesta– para hacer mi propio relato”.   

¿Y nosotras hemos necesitado de esa femineidad para mirarnos? Me atrevo a decir que sí, y voy más allá aún: gracias a este libro afirmo que las mujeres venimos, somos y dejaremos una estirpe de sobrevivientes que se salvaron unas a otras.

Autora: Marcela Serrano
Género: Novela
Editorial: Alfaguara, 2014
Páginas: 344

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Anahí Alurralde Molina Boliviana, feminista, escritora y cientista política

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