No debemos apresurarnos a afirmar que la situación entre Rusia y Ucrania ha vuelto a la normalidad, pero sí podemos decir que el 15 de febrero el aparato comunicacional ruso tuvo una oportunidad de oro y aprovechó la ocasión para contradecir al estadounidense, difundiendo imágenes de tanques rusos que regresaban a su guarnición, tras haber concluido sus maniobras cerca de la frontera ucraniana.
De este modo, se contradice el alarmismo de Washington, que había pronosticado un inminente ataque ruso, señalando el 16 de febrero como fecha probable. Esto representa una victoria para el Kremlin al declarar vencida la
“locura mediática” alimentada por Estados Unidos y el Reino Unido. Pero, incluso antes de eso, confirma que Moscú no tiene intenciones de emprender una acción militar directa y está dispuesto a ceder algo para que el juego ucraniano vuelva a ser el más importante, es decir, el de las exigencias de la revisión de la arquitectura de seguridad europea.
Los estadounidenses, por su parte, han invertido la perspectiva, afirmando que han disuadido a Rusia de la agresión haciendo sonar la alarma. Objetivamente, desde el punto de vista militar las fuerzas movilizadas por Rusia, con anterioridad, son tan numerosas que deberán pasar varios días de retirada para que este movimiento sea verdaderamente significativo. A ciencia cierta sabemos de acuerdo a declaraciones de Igor Konashenkov, portavoz del Ministerio de Defensa de la Federación Rusa, que parte de las tropas rusas desplegadas en Bielorrusia para las maniobras conjuntas Allied Resolve 2022 están regresando a las bases rusas permanentes. Pero esto no quiere decir que los ejercicios conjuntos entre Minks y Moscú hayan sido suspendidos totalmente. Por otra parte, el personal militar ruso desplegado en Crimea también ha iniciado su retirada.
Sin avances diplomáticos significativos
En el terreno diplomático no hay avances significativos. A penas lo que hemos señalado en el plano militar; el retiro de los soldados rusos presentes en Bielorrusia fue el único compromiso asumido por el presidente Vladimir Putin, durante la visita del presidente francés Emmanuel Macron la semana pasada.
En cuanto a la situación en Donbás, en el este de Ucrania, que está en guerra desde 2014. El 15 de febrero, al recibir al canciller alemán Olaf Scholz, el presidente Putin habló de «genocidio» en esta región. El mismo día, el Parlamento ruso adoptó una resolución en la que se pide el reconocimiento de las dos repúblicas separatistas del Donbás, esto equivale a apuntar con una nueva pistola a la cabeza del gobierno de Kiev, además de decretar la muerte de los acuerdos de Minsk, cuya aplicación reclama el Kremlin, al igual que el canciller alemán Olaf Scholz. En este sentido, la cuestión es si el jefe de Estado aceptará el recurso y cuándo lo hará. La mayoría da por sentado el plazo presidencial, pero Putin puede tener una buena razón para postergarlo.
Al reconocer a las dos repúblicas del Donbás como independientes, la Federación Rusa se dota de una base legislativa, obviamente unilateral, para intervenir en caso de acciones militares ucranianas o de “amenazas” más generales contra la población local, que en su gran mayoría tiene pasaporte ruso. Con ello la federación rusa se dotaría así de una fuerte arma de presión en un momento en que la crisis parece avanzar hacia una fase de negociación. Al mismo tiempo, el reconocimiento implicaría un compromiso arriesgado de intervenir en un conflicto que oficialmente para Rusia sólo implicaría al ejército ucraniano y las milicias prorrusas. Los europeos esperan que el fin de la crisis esté a la vuelta de la esquina, pero se puede sospechar que Moscú tiene menos prisa. Cuanto más tiempo siga el tira y encoje con Estados Unidos y la OTAN sobre Ucrania, le dará ventaja al Kremlin para infundir dudas y temores en Europa y socavar aún más la unidad euroatlántica, que está mostrando muchas grietas. Así mismo cuanto más fuerte sea la alarma occidental sobre las intenciones bélicas de Rusia, más se arriesga el régimen ucraniano a la desestabilización.
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Yoselina Guevara López Corresponsal en Italia









