El principio de reciprocidad y la observación electoral

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Las elecciones de este domingo 7 de noviembre en Nicaragua,  ha desatado nuevamente  la ofensiva política de los centros imperialistas y colonialistas dirigidos a imponerle a la patria de Sandino un tutelaje político de Observación Electoral, que al final se convierte en una operación política, dirigida a cuestionar la validez de las elecciones generales en la que están en juego la presidencia de la República, la Asamblea Nacional y la representación nicaragüense en el Parlamento Centroamericano.

A pesar de todas las presiones diplomáticas, las medidas coercitivas ilegales (mal llamadas sanciones) contra sus altas autoridades y la economía nicaragüense,  la república de  Nicaragua defendió dignamente los principios,  universalmente aceptados en la Organización de Naciones Unidas, de reciprocidad,  no injerencia en los asuntos internos e  igualdad jurídica de los Estados, invitando a su proceso electoral  a aquellos países hermanos de nuestra América, entre ellos a  la República Bolivariana de Venezuela, para acompañarlos en este importante proceso con el cual se cierra el ciclo de desestabilización subversiva que la derecha neocolonial,  al servicio de los Estados Unidos,  desató en abril de 2019 provocando muertes y heridos entre las fuerzas del orden y la población,  daños cuantiosos a la propiedad pública y privada, afectaciones  a la economía con el crecimiento porcentual del Producto Interno Bruto (PIB) más elevado de América Latina y el Caribe  y uno de los  gobiernos con mayor estabilidad política de Centroamérica. Con el mismo formato de los años 2014 y 2017 en Venezuela y con el mismo resultado: la derrota política y la aplicación inexorable de la ley a los principales actores terroristas, financistas y agentes mediáticos y políticos de la subversión.

En esta operación subversiva global, financiada por el gobierno de los Estados Unidos, destacó el uso del foro regional de la Organización de Estados Americanos, OEA, que bajo la dirección del su Secretario General, el uruguayo Luis Almagro, pretendió el envío de una comisión de observación electoral y el Consejo de la Unión Europea,  cuyo vocero es el español Jhosep Borrell, con la misma pretensión, a quienes de manera soberana el Estado nicaragüense con base a la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, les negó tal pretensión y con ello evitó que, al igual que en el Estado Plurinacional de Bolivia, tales organismos pudieran crear condiciones para cuestionar los resultados electorales.

Esta postura de la República es constitucional, legal y legítima, conforme al orden jurídico interno, pero también, a los principios de la Carta de la ONU y de la OEA y la Convención Internacional de Relaciones Diplomática, también conocida como Convención de Viena, de 1961 y a la luz de la experiencia recientes de Bolivia y  Honduras, es una medida políticamente correcta para blindar los procesos políticos de los países de Nuestra de América del pretendido tutelaje  de los Estados Unidos y la Unión Europea que, contrario a su pretensión de observar y calificar todos los procesos electorales que se producen en la región, no aceptan  en modo y forma alguna,  operaciones de observaciones electoral en sus propios procesos, negándose a admitir la vigencia del Principio de Reciprocidad que norman las relaciones pacíficas, de cooperación y colaboración entre los Estados.

En este contexto, sería   interesante observar  Comisiones de Observación o Veeduría Electoral de América Latina y el Caribe en Estados Unidos, los 28 Estados Miembros de la Unión Europea, Canadá, Israel, Australia, Japón y Corea del Sur, recogiendo las quejas e inconformidades de su poblaciones en materia de Derecho al Sufragio, a la libre organización y financiamiento de los partidos, a la representación proporcional de las minorías, la integración imparcial de los organismos electorales y la distribución equitativa   del pueblo en los organismos de representación popular, especialmente de los negros, latinos y asiáticos, los irlandeses del norte, los escocés y galeses,   los catalanes, vascos, canarios y gallegos, los bretones, mauritanos, guadalupenses, martinicos, vicentinos, granadinos, arubeños, curazaleños, bonaerenses e  indígenas canadienses y  australianos. En cualquier caso, estás operaciones de acompañamiento, observación o veeduría electorales, no solo se han convertido en una situación colonizante de las relaciones entre los Estados sino que, a la luz de la existencia de misiones diplomáticas, servicios consulares y medios electrónicos de amplio espectro y efectos, resultan técnicamente innecesarias para que los Estados, con interés en tales procesos y, las organizaciones internacionales relacionadas con el tema electoral, dispongan de suficientes y efectivas fuentes humanas y tecnológicas para colectar información relevante para suministrar a sus gobiernos y altos directivos,  informaciones fidedignas del desarrollo y resultados de tales procesos, con el fin de realizar estudios y análisis situacionales en su legítimo beneficio, sin necesidad de enviar  sus agentes de  chalecos azules o grises que resultan tan chocantes a la dignidad de nuestros  pueblos.

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Yoel Pérez Marcano Exembajador de Venezuela en San Vicente y las Granadinas y Belize

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1 COMENTARIO

  1. https://grupolipo.blogspot.com/2016/03/yuri-valecillo-y-la-caceria-de-brujas.html

    «Yuri Valecillo va siempre a contracorriente. Los admiradores y detractores de su trabajo fotográfico son muchos, pero sus enemigos se los gana a pulso y en buena lid. Como le ocurrió con un amigo mutuo que escribió una carta punzopenetrante contra Yuri a un alcalde, que meses después sería encarcelado por malversar los dineros públicos. Valgan aquí unas líneas textuales (con todos sus gazapos) para destacar la virulencia pasionaria que desata Yuri Valecillo:»

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