De paseo por el Museo de la Coca en Bolivia

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La coca es considerada una hoja sagrada, su uso ancestral ha sido parte de la medicina tradicional y un elemento esencial para rituales religiosos que comprenden la cosmovisión andino-amazónica, además es considerada un alimento con grandes propiedades nutricionales, que pueden sustituir o complementar la alimentación ya sea mediante el acullico o infusiones como el té.

Entre las cosas que conocemos sobre la coca, enlengua quechua “kuka”,  está que es una planta con flor que pertenece a la familia de las Eritroxiláceas, que proviene de Sudamérica, originaria de las escarpadas estribaciones de los Andes.

Historia del Museo de la Coca en Bolivia

Fue creado en 1997 por los esposos Sdenka Silva, socióloga, y Jorge Hurtado, médico psiquiatra. El museo es una institución independiente, que no está asociado con ninguna entidad política ni religiosa, y está ubicado en la zona de la Sagárnaga, en el centro de la ciudad de La Paz, convirtiéndose en un sitio recurrente para el turismo por ser un espacio artesanal por excelencia.

Sus fundadores estaban vinculados desde los años 80 al movimiento de productores de hoja de coca y tras la persecución por acusaciones de vinculación de la hoja con la creación de estupefacientes, vieron la necesidad de mostrar que su cultivo provenía de una tradición cultural arraigada desde antes de la conquista española y que nada tenía que ver con el narcotráfico y la producción de cocaína, que lleva a pasar la hoja por un proceso químico, cuando el pijcheo es el masticado, algo natural, por lo cual la criminalización era un error.

El interés de la familia Hurtado Silva fue aportar a la sociedad desde el punto de vista ideológico indigenista en defensa de un bien patrimonial de los pueblos. A la vez mostrar qué es y cómo se llega a procesar para convertir la hoja de coca en cocaína, elaboración ajena al mundo indígena. 

El propósito del Museo por tanto es exponer la hoja de coca y su importancia, sus usos culturales, los beneficios medicinales, el centro de la cosmovisión indígena, pero no solamente de los aymaras y quechuas, sino de todos los pueblos originarios que la han empleado a lo largo y ancho del continente.

Qué ver en su visita

El Museo cuenta con cuatro espacios:

1) La exposición, que parte desde la historia precolombina hasta la República, pasando por la época de la colonial;

2) Después encontramos el cultivo de coca, el uso indígena, aspectos científicos y  la guerra contra las drogas, la fabricación de cocaína, los anestésicos (uno de los primeros en el mundo) hasta la industria moderna de bebidas;

3) Un café que ofrece productos elaborados a base de hoja de coca;

4) Y la tienda, en la que se encuentran productos naturales como la harina de hoja de la coca que provienen de distintas partes del país, entre los que destacan los de Ajayus de Kori.

La coca no es cocaína

La Convención de Ginebra de 1961 de la Organización Naciones Unidas (ONU) sobre estupefacientes prohíbe el cultivo de el “arbusto de coca” por vincularla exclusivamente a la producción de cocaína. Esta ley tiene un acápite donde refiere que el único uso para el cual se puede destinar la hoja de coca es para dar sabor, es decir, borra toda la historia de los pueblos indígenas vinculada a la planta y da solo valor a la producción con uso de fines comerciales para la preparación de la conocida bebida transnacional, que no tiene ningún tipo de restricciones para el manejo de toneladas de hojas.

Bolivia no puede vender un mate de coca fuera del país porque es prohibido. El investigador boliviano Roberto Laserna dijo: “Si lográramos abarcar el comercio mundial de infusiones, té, mates, sería solo del cinco por ciento del mercado, no alcanzaría toda la coca de Bolivia y del Perú, legal o ilegal, para cubrir con producción esta demanda”. 

En 2013 Bolivia se adhiere a la mentada Convención de Ginebra con la “reserva de permitir el masticado dentro de su territorio”, y el 11 de enero promulgó la Ley 864, para celebrar el “Día Nacional del Acullico”.

El Museo es una referencia turística cultural de la ciudad de La Paz que se  ha convertido en un defensor de la idiosincrasia y cosmovisión indígena en el uso de la coca como tradición, para enfrentar la discriminación y el racismo, que no respeta sus formas, sus costumbres, y sobre todo para trabajar por la despenalización de la hoja de coca. 

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Tony González Correo del Alba

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