Hoy, el pueblo de Colombia marcha por las calles, barriadas y campos, protestando pacíficamente contra la pretención del Gobierno de la dupla Duque-Uribe de imponerles una reforma fiscal expoliadora que, entre otras cosas, busca ampliar la base impositiva para que los que menos ganan paguen impuesto y se arruinen más.
Un pueblo sufrido, que padece las penurias de un Estado entregado a los grandes privilegios de la oligarquía y del narcotráfico, que desde hace más de 60 años vive en una zozobra constante huyendo de la acción de bandas criminales paramilitares, de la represión del Ejército y de la Policía. Un país donde no existe el más mínimo respeto por la vida y donde se viola la Constitución permanentemente.
Hoy el pueblo colombiano, al igual que en el pasado, libra grandes combates en defensa de sus derechos. En efecto, en 1781, en la Villa del Socorro de Cúcuta tuvo lugar el nacimiento del Movimiento Comunero, que luego se extendió hacia el estado Táchira.
El Movimiento Comunero significó una levantada revolucionaria que estuvo a punto de deponer a las autoridades del Virreinato de la Nueva Granada, dada la fuerza popular de sus integrantes. Este movimiento revolucionario obedecía a la protesta de las clases populares ante los altos impuestos que les había impuesto la Corona, los cuales eran considerados como una abusiva exención. En sus marchas, los comuneros exigían, como hoy también lo están demandando, la abolición de aquellas medidas fiscales expoliadoras. Las medidas significan una carga que pesaba principalmente sobre la clase trabajadora más pobre y desvalidas que, de ser aplicadas, acabarían con las pequeñas empresas y que se hacían todavía más odiosas e insoportables por el modo grosero y arbitrario de cómo operaban los agentes recaudadores imperiales. No solo imponían a troche y garrote sus impuestos, sino que ofendían y humillaban la dignidad de las personas, insultándolas y haciéndoles sufrir las más crudas insolencias, sin permitirles ejercer ningún tipo de defensa, todo con la conchupancia de las autoridades de la realeza imperial española.
La fuerza mostrada por los millones de colombianos que con suprema dignidad marchan por las calles, hicieron recular a la dupla Duque-Uribe al punto que se vieron obligados a retirar la propuesta de reforma fiscal. Como ayer, ese sufrido pueblo salió a las calles y por Bogotá, Cali, Bucaramanga y otras grandes ciudades, desparramados y solo armados con la fuerza de sus verdades, triunfaron. La dupla reculó cobardemente y tuvo que admitir su derrota a manos de las fuerzas populares.
Los colombianos continúan la lucha por algo mucho más que la derrotada reforma fiscal. Ellos aspiran dar al traste con un narco-Estado podrido y corrupto. Esta lucha viene a ser la continuación de la gesta iniciada por Jorge Eliécer Gaitán, líder popular asesinado por la oligarquía en 1948. Es la continuidad de las luchas emprendidas por líderes guerrilleros hace más de 50 años. Miles de asesinatos, desapariciones, torturas y exilios ha padecido el pueblo colombiano y, pese a ello, continúa luchando por zafarse del yugo opresor neoliberal y fascista que lo oprime y que lo explota al igual que ayer. Es una lucha muy asimétrica que libra ese hermano pueblo. En territorio colombiano están instaladas ocho bases militares gringas que, entre otras tareas, custodian los grandes sembradíos y explotación de cocaína, fuente principal de los ingentes ingresos de esa oligarquía y de sus gobiernos.
Los organismos de seguridad paramilitar se desplazan alegremente, disparando sus armas y matando pueblo sin control alguno y sin castigo por parte de las autoridades, dejando a su paso una estela de asesinatos que parece no importarle ni a la Organización de Estados Americanos ni a la representante de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Son inclementes ante un pueblo desarmado, sufrido y humilde que solo reclama por el respeto a sus vidas y por la paz. Como ayer, hoy las y los colombianos siguen la senda de su padre fundador Simón Bolívar. Marchan, cantan y protestan. Reviven su pasado histórico. Los comuneros han resucitado después de más de 400 años y han dicho presente. Si ayer pusieron en jaque a las autoridades usurpadoras del Virreinato de la Nueva Granada, hoy están dispuestos a instaurar un nuevo modelo de gobierno verdaderamente democrático basado en la legitimidad popular, que garantice los Derechos Humanos, que respete la seguridad ciudadana, que restablezca el texto constitucional, que permita el renacer de la patria libertaria, de la Colombia bolivariana. El pueblo de Colombia se merece un futuro esplendoroso,como ayer lo asomaron las y los comuneros.
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Félix Roque Rivero Abogado
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