Por Correo del Alba
Hace días se escuchaba el rumor que renunciaría, era una forma de presión para que dejara el cargo. Más o menos con esas palabras, Óscar Ortiz, cruceño excandidato a la presidencia en las elecciones de 2019, representante de la derecha boliviana, señaló a la prensa el porqué de su alejamiento de la cartera de Economía de Bolivia que asumió en julio de este año; en pocas palabras, aclaró que no ha sido una renuncia sino un despedido.
Expuso las diferencias profundas con algunas políticas que pretende asumir el actual Gobierno y roces con autoridades como Arturo Murillo.
Las diferencias serían, para Ortiz, de carácter ético, explicando que se le quería obligar a firmar un Decreto Supremo que atenta contra el ordenamiento jurídico, como es el caso de lo que pretende hacer el gobierno de facto con la devolución de las acciones de la Empresa Eléctrica de Luz y Fuerza de Cochabamba (Elfec).
Ortiz declaró con seguridad y firmeza: “No creo que el Gobierno, en sus últimas semanas, deba realizar nuevos contratos o adjudicaciones importantes, que debieran dejarse para la próxima gestión”.
Con sus declaraciones, que incluyeron también su satisfacción por haber podido entregar el Bono Juancito Pinto, creado en el gobierno de Evo Morales, la autoridad saliente deja al descubierto la profundidad de la corrupción existente en el en torno de Áñez.
Ortiz se mostró con altura e informó que vuelve a Santa Cruz, con seguridad a apoyar a Luis Fernando Camacho, como parte de un proyecto mayor; por eso, el alejarse de un gobierno corrupto, parece ser la mejor decisión para continuar con sus aspiraciones políticas.
La preocupación sigue siendo para el pueblo boliviano: “Hay suficientes deudas como para asumir nuevas obligaciones”, dijo.








