Nueva normalidad: extractivismo vs economía del cuidado

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Por Marielis Fuentes

La naturaleza es al capitalismo lo que la mujer es al machismo, un territorio-cuerpo para la explotación y dominación.

Ya sobrepasamos los primeros 60 días de cuarentena mundial y pocas personas recuerdan el voraz incendio que, ocho meses atrás, devastó millones de hectáreas del pulmón vegetal más grande del mundo, la Amazonía.

En ese crimen de lesa humanidad tiene el mercado metidas sus manos peludas. Extraer recursos y aumentar ganancias a costa de la muerte, esa es su lógica y, por los vientos que soplan, parece que los estragos de esta nueva crisis civilizatoria, siguen siendo interpretados en clave de lucro.

Se habla mucho de recesión, caídas bursátiles, desplome del barril petrolero, pero poco se dice del incremento exponencial que sufre por estos días la alta demanda de tareas de cuidado de la vida como la crianza, la atención de personas dependientes, alimentación, salud, educación o militancia comunitaria, que de manera desproporcional recae sobre los hombros de las mujeres a nivel mundial, y menos se habla de las consecuencias negativas que trae la actual sobreexplotación para la estabilidad emocional y material de ellas.

El sistema capitalista y el patriarcado comparten el mismo pozo, son funcionales el uno para el otro. Gracias a ese pacto la fuerza de trabajo femenina es concentrada en roles que sostienen la reproducción, mientras tanto lo masculino ocupa lo considerado productivo; a esto los feminismos le han dado el nombre de división sexual del trabajo.

De esa manera el sistema extrae plusvalía de la mano obrera, reduciendo los costos que le acarrearía tener que anexar al salario el pago por los servicios que, en cambio, cada mujer realiza en lo privado como un acto de amor, sin contar con garantías sociales, poco o nada remunerados.

«Ojalá podamos esta vez articular imaginarios colectivos que derrumben las dicotomías jerárquicas humano/no humano, hombre/mujer y en donde el humanismo se haga pandémico, de lo contrario de nada servirá tanta mascarilla»

Ahora que avanzamos hacia lo incierto, los gobiernos del mundo nos convocan casi al unísono a la “nueva normalidad”, eufemismo acuñado por primera vez por la prensa de fuente mercantil, para hacer referencia a las consecuencias de la crisis económica extendida en varios países, sobre todo por Europa en 2008.

En este punto y después de contar más de 326 mil muertes por Covid-19 en cinco meses, necesario es recordar las 760 mil defunciones anuales, de niños y niñas menores de cinco años que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) son causadas por enfermedades diarreicas como consecuencia de la escasez de agua en el mundo, o los 4.3 millones de muertes que las emisiones de efecto invernadero producen gracias principalmente a la intervención de la industria agrotóxica.

También tener presente que en el mundo al menos seis feminicidios ocurren por hora y que, tal como señalan las estadísticas, el trabajo no remunerado o doméstico que realizan las mujeres es, valga recalcar, un trabajo productivo que contribuye al bienestar social, al desarrollo y crecimiento económico a largo plazo, representando más de la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) a nivel global, según datos aportados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Ha llegado la hora de tomar la decisión, barbarie o reconversión de la economía, hacia una que ponga el cuidado de la vida en el centro del rol social. Cuidar de sí, de lo local y del planeta debe ser un bien común priorizado.

A las desbarrancadas de la bolsa sobreviviremos, pero muy difícil que sin agua podamos pasar un día y si lo inusual será lo común, que sea para salvar la vida. Ojalá podamos esta vez articular imaginarios colectivos que derrumben las dicotomías jerárquicas humano/no humano, hombre/mujer y en donde el humanismo se haga pandémico, de lo contrario de nada servirá tanta mascarilla.

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Marielis Fuentes Comunicadora popular especialista en perspectiva de género

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