Por Yoselina Guevara López
Como una voz en el desierto, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, solicitó un alto al fuego mundial para concentrar todos los esfuerzos en combatir el avance del coronavirus. Pero el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y sus aliados bélicos, han hecho caso omiso al llamado.
A inicios de 2020, Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, presentaron su «visión» para mejorar la vida de los pueblos palestino e israelí, que no incluye en ningún caso el cese al fuego y la injusticia en los territorios ocupados. En el «Acuerdo del siglo», así denominado por sus creadores, se reafirma la naturaleza dominante del Estado de Israel para la anexión de los territorios de la Ribera Occidental, es decir, la incorporación del Valle del Jordán, donde viven 60 mil palestinos. Así, la «visión» de Trump, plasmada en este acuerdo, deja en evidencia la hipocresía sobre las fronteras de 1967 y la imposible paridad y equilibrio en las negociaciones entre israelíes y palestinos. Esta es la enésima intervención estadounidense en el llamado «proceso de paz», que pone a los palestinos ante un complicado dilema: aceptar el tamaño del Estado propuesto por Washington u oponerse al «compromiso» para presenciar, a lo largo de los años, la continua anexión israelí de otros trozos de territorio, hasta encontrarse como ciudadanos de menor rango del Estado israelí.
«La Sociedad de Prisioneros Palestinos dijo que Israel detuvo al menos 600 palestinos en Jerusalén Oriental desde principios de este año, incluyendo menores»
En medio de la pandemia mundial, el pueblo palestino sigue siendo humillado. De acuerdo a la página web Días de Palestina, el régimen israelí mantiene a 41 mujeres palestinas encarceladas en la prisión de Damon, en el norte de Israel, en condiciones muy difíciles, con una creciente preocupación por el brote de la pandemia de coronavirus entre las reclusas. Las mujeres han sido condenadas a largas penas de prisión por su resistencia a la ocupación israelí. Tres de ellas cumplen detención “administrativa” sin cargos y sin derecho a la defensa. La Sociedad Palestina de Prisioneros ha pedido que se liberen a las mujeres detenidas, para evitar que contraigan la infección por coronavirus, en particular a algunas de ellas que están enfermas, como Isra Jaabis, una madre que ha cumplido 11 años de prisión y tiene quemaduras en más del 60% de su cuerpo.
Asimismo, este martes 5 de mayo, las fuerzas israelíes acorralaron a 13 palestinos en la Jerusalén Oriental ocupada, incluyendo figuras líderes y activistas, según fuentes locales. Entre los detenidos se encuentran Bilal Natsheh, que dirige la Conferencia Popular Nacional en Jerusalén, y su director de oficina, Muath Ashhab, igual Mustafa Abu Zahra, que está a cargo de los cementerios musulmanes de la ciudad en el departamento de Awqaf, el periodista Tamer Obeidat, la escritora Rania Hatem, los activistas Imad Awad y Jad al-Ghoul, entre otros. La policía israelí afirmó que allanó los hogares de los activistas detenidos, que estaban haciendo su trabajo para hacer frente al coronavirus en la ciudad ocupada en nombre de la Autoridad Nacional Palestina, incautándoles sus computadoras y teléfonos celulares, junto con otros materiales encontrados en sus hogares. La Sociedad de Prisioneros Palestinos dijo que Israel detuvo al menos 600 palestinos en Jerusalén Oriental desde principios de este año, incluyendo menores.
El régimen de ocupación israelí, que controla estrictamente los movimientos de entrada y salida de Gaza, informó que cualquier ayuda para los palestinos por el coronavirus dependerá del regreso de los dos soldados sionistas capturados por la Resistencia Palestina durante la agresión militar israelí en 2014. La pandemia pareciera iniciar su deceso a nivel mundial, pero lo que nunca ha disminuido es la injusticia en los territorios ocupados.
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Yoselina Guevara López Corresponsal en Italia








