Odio de clase y horizonte en Bolivia

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Por Boris Ríos Brito

I

En 1992, los diferentes actos y encuentros por los 500 años de resistencia marcaron época, porque pueblos y naciones originarias hablaron de su identidad, de su proyecto social y de su propia historia, lo que fue un impulsor de rebeldías que coparon espacios, desplazaron conservadurismos y esparcieron semillas de procesos revolucionarios en la medida que se posicionaron anticoloniales, antiimperialistas, anticapitalistas y antipatriarcales.

Bolivia no estuvo ajena a este proceso que vino desde abajo y desde el tiempo negado. En 1994, un brioso Movimiento Campesino de Bases (MCB) llevó una tesis importante a un encuentro campesino en la ciudad de Santa Cruz. Se trataba de una propuesta trabajada desde tiempo antes, pero que innovaba en mucho. Primeramente, el indígena-originario-campesino se concebía como sujeto histórico de la revolución boliviana, no en una lectura “indianista”, sino en una que articulaba marxismo-leninismo-guevarismo con la cosmovisión andino amazónica y la teología de la liberación. El desarrollo de la lucha de clases en Bolivia había concentrado una doble contradicción sobre este sujeto histórico, la de la explotación de clase y la de nación; lo que le permitía enarbolar las banderas de la transformación social radical hacia una sociedad que destruyera al capitalismo y al colonialismo y recuperara la memoria, la historia negada y el conocimiento que habían resistido, rumbo a un “socialismo comunitario”.

II

Otra tesis del MCB fue la autorepresentación, la necesidad de crear un instrumento político, es decir, no un fin, sino un medio, para conquistar el poder hacia la autodeterminación de las naciones y pueblos originarios, al tiempo de construir una sociedad multinacional y plural; así nació primero la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, y luego el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos, que se incorpora a la sigla del Movimiento Al Socialismo (MAS).

El ascenso del proyecto político fue vertiginoso y lleno de tropiezos, pero indudablemente exitoso, ya que desde 1995 se comenzó a tomar espacios de poder municipales y para 2002 se tenía una fuerza considerable que, en las elecciones presidenciales del 2005, tras un cúmulo de fuerza popular movilizada que se concentró electoralmente, abrió una ruptura con la democracia neoliberal.

Efectivamente, en las elecciones de 2005, el MAS-IPSP representaba la lucha antiimperialista, anticapitalista y anticolonial, sus símbolos y sus imágenes simbolizaban  bastante de la lucha revolucionaria más radical de Bolivia y la Patria Grande, estaban Tupac Katari, Zárate Willka, Bartolina Sisa, el comandante Che Guevara y tantos héroes y heroínas que el pueblo recuperó de la memoria rebelde.

De esta manera, la forma y el fondo venían de una crítica radical al capitalismo, al colonialismo y al imperialismo. El enemigo a vencer se planteaba, básicamente, como el imperialismo yanqui y la burguesía criolla que le servía.

III

El definir al enemigo, no solamente como sujeto político a derrotar, sino como horizonte a superar, articuló un movimiento significativo que tenía una agenda en blanco, la que debía llenarse en la medida que asumía las tareas históricas que se había trazado, como la autodeterminación de las naciones y pueblos originarios y la desarticulación del capitalismo y el modelo neoliberal hacia una sociedad con igualdad y justicia social.

Como apunta el marxista Walter Benjamin, el nutriente del odio y el sacrificio de clase vine de la imagen de los antepasados oprimidos y no del ideal de los descendientes libres. Por eso, como desviación socialdemócrata, el desplazar el odio de clase para suplantarlo por una supuesta amplitud, tiene asidero en el liberalismo.

Ese, probablemente, ha sido el camino que ha llevado a un victorioso movimiento social a un reencuentro con un renovado golpe de Estado que a lo lejos vislumbra una dictadura neoliberal. ¿Podrá aquel sujeto histórico revolucionario que hizo época revertir este momento?

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Boris Ríos Brito Sociólogo

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