Por Carolina Quisbert
Son las 12 del mediodía y el sol relumbra con toda su fuerza en la ciudad de La Paz y El Alto, donde miles de personas se dan cita a la tradicional “Feria de la Alasita”, que tiene lugar cada 24 de enero, durante un mes. Festividad que fue declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La principal figura de la feria es representada por un varón enano con vestimenta andina, que suele tener los brazos abiertos y le cuelgan todas las cosas en miniatura que la gente desea tener: billetes, casas, negocios, terrenos, automóviles, títulos profesionales, entre otros. Lo llaman el Diosecillo de la abundancia, también conocido como el Ekeko.

Al recorrer la feria se puede observar todo tipo de objetos en miniatura fabricados por talentosos artesanos, quienes promueven su fe con el anhelo de que todo lo que obtienen se materialice en sus vidas; posteriormente las personas acuden a la denominada cha’lla, un rito andino que incluye una rociada de alcohol, cigarros, pétalos de flores, sahumerio y rezos para la realización de sus deseos.
Alasita además ofrece una variada opción gastronómica de platos tradicionales y diversión para los visitantes que acuden año tras año en busca de sus sueños.








