Por Gustavo Torrico
Cuando era joven, hasta hace un par de años atrás, en el grupo de amigos solíamos expresar con la frase “al huevo” cuando nos referíamos a cosas que decíamos o actos que realizábamos sin sentido alguno, algo así como una estupidez de magnitud incalculable que nos traería bastantes problemas y además sería imposible de explicar.
Traigo a colación esta frase al enterarme, gracias a la aplicación que puso a disposición del ciudadano el TSE para poder ver, mediante la misma, si cualquiera de los habitantes de nuestra amada Bolivia estamos inscritos en las filas de alguno de los partidos políticos o agrupaciones ciudadanas que cuentan con personería jurídica y terciarán en las futuras lides electorales cumpliendo la Constitución Política del Estado, Ley de Organizaciones Políticas y el calendario electoral.
Exactamente fue “al huevo” los libros que llenaron con supuestos militantes que nunca se inscribieron en los mismos, cuyos datos fueron utilizados sin su consentimiento con el solo afán, en algunos casos, de mostrar una militancia inexistente o el de lograr cumplir el requisito del número mínimo de militantes cuando consiguieron su personalidad jurídica, o como es en este caso específico, el tratar de enlodar al TSE y su padrón electoral biométrico y así exigir el pedido más “al huevo” de la historia: que se anule la convocatoria a las elecciones primarias, pero más “al huevo” todavía, el que se invalide el padrón electoral biométrico que no tiene relación ni de lejos con la base de datos de los militantes partidarios.
La jugada política de la oposición fue la más “al huevo”, como todo lo que hacen siempre; pero si pasadas las elecciones de 2019 la Asamblea Legislativa Plurinacional no sanciona una ley que anule todas las personerías jurídicas de todos y cada uno de los partidos y agrupaciones políticas y ciudadanas, esas personerías serán y estarán igualmente “al huevo”.
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Gustavo Torrico │Asambleísta.








