Mundiales de Fútbol, entre la pasión y el negocio

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Por Esteban Diotallevi

El momento más esperado por los fanáticos del fútbol en todo el mundo está en marcha. La ansiedad y espera de cuatro años y el sufrimiento de las eliminatorias quedaron atrás, se vive el sueño de un lugar en la final. Sin embargo, los entretelones del Mundial muchas veces no tiene nada que ver con el furor del hincha.

A Favor

Pasión de multitudes. Es el deporte más popular del mundo, una verdadera fiesta deportiva para los pueblos de los países que participan del Mundial y también de los que quedaron fuera en las eliminatorias, que en muchos casos suelen alentar a alguna Selección de un país vecino o porque simpatiza de algún jugador.

El equilibrio justo. Se celebra una vez cada cuatro años y durante un mes el mundo esta expectante hasta la final. Si bien las eliminatorias son importantes, el punto cúlmine es el Mundial, en el que el país anfitrión se prepara para ese momento durante años y presenta un verdadero espectáculo para el mundo entero.

Genera negocios millonarios. Todo espectáculo que moviliza multitudes representa activación económica, tanto para los organizadores como para todo el entorno. Empresas de indumentaria deportiva, de viajes y turismo, hoteles, restaurantes y todo el entramado comercial relacionado al Mundial se activa.

Mejora el rendimiento deportivo. La vidriera que supone el Mundial para jugadores y técnicos es una oportunidad única para mostrarse al mundo, principalmente para los más jóvenes, que tras la puja deportiva pueden conseguir pases millonarios a importantes clubes, con lo cual el buen rendimiento toma un doble sentido.

El compromiso por encima de todo. Si bien los jugadores se sienten motivados por lograr contratos millonarios con los clubes más importantes de Europa y el mundo, no hay que perder de vista que en el Mundial representan a su Selección, a su bandera, a su país y su gente, esto genera una sinergia difícil de lograr en otras ocasiones.

En Contra

La utilización política. El oportunismo de los poderosos suele corromper muchos aspectos de la vida cotidiana y el fútbol no es la excepción. La historia está repleta de casos, pero centrándonos en Rusia 2018, es triste ver como muchos países europeos, principalmente Gran Bretaña, intentan desprestigiar y frenar el crecimiento del gigante euroasiático.

Todo es un negocio. Nadie niega la importancia de la actividad económica y el dinamismo y creación de negocios que promueve el Mundial, pero cuando la pasión por el deporte se ve empañada por generar ingresos sin límite provoca cierto desencanto y lo que tendría que ser una fiesta deportiva se ve empañada por la avaricia.

Transmisiones restrictivas. La cobertura de los partidos también se hace en función de los negocios y sólo se pueden televisar total o parcialmente si se tiene licencia de la FIFA (Fédération Internationale de Football Association), y la peor parte es que hasta los horarios de los partidos suelen ser insólitos para el país anfitrión, ya que se determinan en función de los mercados más redituables.

Falta de transparencia. Los casos de corrupción por el llamado FIFA-Gate llega hasta las bases mismas de la institución y los sorteos de las sedes mundialistas no quedan exentos de las polémicas, como por ejemplo, los supuestos sobornos que pagó Qatar para celebrar el Mundial en 2022. Algo similar pasa con la fase de los grupos, donde a las “grandes selecciones” suelen tocarles rivales más fáciles de sortear.

Reventa de entradas. Todo el entramado detrás de la organización mundialista se realiza con años de anticipación, negocio que también incluye la venta de entradas por anticipado, en el que las agencias de turismo y otros sectores participan, entonces, el tráfico de entradas en circuitos no habilitados incrementa los valores de los tickets decenas de veces.

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