Sobre contenido y método

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La historia, en su infinita multiplicidad, posee una gramatología que permite ordenar y comprobar que hechos y formas particulares son identificables.
A esas modalidades, reconocibles por su uso práctico, las denomino “episteme”, al modo de Foucault y Deleuze.
Hoy estamos en un período en que se debilita la episteme actual, construida sobre la ilusión del valor de las cosas como cualidades intrínsecas de ellas. Sin esa comprensión, el mundo que se observa solo se vería caótico y sin sustrato alguno.

No creo que el proceso de confluencia de voluntades, tal que posibilite un cambio, pueda ser algo mecánico o casual, ni que provenga, en esta fase de la historia, de individualidades brillantes.
Hoy se requiere una coparticipación consciente y activa de las multitudes en la gramatología, como diría Jacques Derrida¹.

En ese plano, no se puede tener miedo, aunque suene pedante, al uso de nuevas categorías empíricas (tales como los woke, por ejemplo, o la Ekopoiesis), sin intentar hacer de ellas un nuevo universal abstracto, sino socialmente localizado.


Tal como señala Gramsci, lo que importa no es la opinión de Fulano o Mengano sobre cualquier asunto, sino aquello en cuanto expresen un sentimiento social y un elemento a considerar en la evolución de las correlaciones de fuerza.

Se puede errar en el esfuerzo, pero seguirá siendo válido intentar diferenciar e insistir en buscar un terreno para que el bando propio vivifique un pensamiento crítico correspondiente a sus condiciones de vida.
He insistido en que solo conocemos la realidad en relación con el género humano y su historia. Tampoco mistificamos la empirie.

Podemos, a veces, utilizar ciertos términos —característicos de ideas filosóficas— sin estar obligados a una identidad de conceptos respecto de los miembros de una nomenklatura que también los utiliza.
La actividad central que nos interesa es la crítica materialista; pero ello requiere un concepto ordenador que permita distinguir una serie de hechos respecto de otra.

Allí es donde nuestro criterio de elección se articula en torno a la Ekopoiesis y su expresión central en desarrollo: la crisis perfecta.
De ello continuaremos conversando en el futuro cercano.

Jacques Derrida, De la gramatología (1967), Éditions de Minuit.

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Rafael Kries Chileno, economista

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