A finales del siglo XIX, en las legendarias fábricas de tabaco cubanas, los trabajadores pagaban de su propio salario a un lector que les leía en voz alta mientras enrollaban puros. Esto fue un aprendizaje colectivo, era resistencia a la rutina del trabajo y a la explotación que embrutece.
Actualmente, en la Fábrica Partagás de La Habana, Felicia Alejandra Torres Rodríguez, es una lectora oficial, que cuenta cómo durante los tres turnos del día, las y los torcedores se sacan sus audífonos y guardan los celulares para escucharla. Felicia lee textos de Martí, García Márquez, entre otros. Es interesante el proceso de selección para el cargo, pues eligieron su voz mediante una elección democrática: “cada vez que terminaba un capítulo, ponía una canción de Polo Montañez… así los convencí”.
Lo que empezó en 1865 como resistencia, se mantiene como acto político. Porque donde la voz del conversar colectivo suena, construye comunidad. Donde se lee juntos se piensa fusionado, traspasando la individualidad que identifica al neoliberalismo.
Marx y Martí lo sabían, los tabaqueros lo sabían. Y lo sabe también el capital, pues allá por 1931, en Tampa y Cayo Hueso, los obreros cubanos que habían llevado esta bella práctica, enfrentaron la prohibición de los lectores en voz alta en las fabricas, lo que desató protestas, huelgas, y por consecuencia, represión policial y del Ku Klux Klan. La figura del lector fue abolida. El lector que hace pensar colectivamente, debía ser silenciado
Hoy, en esta época de disrupción digital, algoritmos que nos encierran, fragmentación individualista, la práctica se mantiene a través de Felicia Torres y de aquellos tabaqueros que aseguran que la voz comunitaria es subversiva porque el lector era una antorcha —“the reader lights the candle”, dice la historiografía estadounidense…y sigue siéndolo.
En Correo del Alba creemos que, hacer del trabajo un lugar para pensar juntos, no es poesía, es política y ojalá se leyera nuestra revista en espacios colectivos, porque los artículos están dirigidos a recuperar el espíritu lector. Porque leer es formarnos en pensamiento crítico y potencial de organización que nos puede salvar de las rapacidades del sistema neoliberal reinante.
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Correo del Alba









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