En tiempos donde el horror en Gaza alcanza proporciones inocultables y las potencias del mundo se reparten silencios cómplices, surgen voces que no están dispuestas a mirar hacia otro lado. Daniel Jadue, arquitecto, sociólogo, exalcalde del municipio de Recoleta y figura emblemática de la izquierda chilena, es una de ellas. Descendiente de palestinos, su biografía personal se entrelaza con una historia más grande: la de un pueblo que resiste desde el exilio y desde la ocupación.
Desde sus inicios en la política local hasta su proyección presidencial Jadue ha defendido con firmeza los derechos del pueblo palestino, a la vez que ha impulsado una gestión municipal reconocida por su innovación social, su promoción de la cultura y su apuesta por un modelo de sociedad más justo. Su experiencia combina la defensa de causas internacionales con la transformación concreta del territorio, encarnada en iniciativas como la Farmacia Popular y los espacios culturales abiertos a la comunidad.
En esta entrevista exclusiva para Correo del Alba conversamos sobre el rol de Chile ante al genocidio en Palestina, la historia de la diáspora árabe en el país, el valor estratégico de la cultura en la lucha política y los desafíos de una izquierda que aún debe construir poder desde abajo, sin renunciar a sus principios en esta nueva contingencia que atraviesa el mundo y la Región.
Usted es descendiente de una familia palestina, ¿podría contarnos brevemente cómo y por qué su familia llegó a asentarse en Chile? ¿Qué historia migratoria hay detrás de su apellido?
Mi historia familiar, como la de miles de palestinos en Chile, es una historia de desarraigo forzado y de resiliencia. Mis abuelos y bisabuelos llegaron a estas tierras a principios del siglo XX, huyendo de la inestabilidad y la opresión que ya se vivían en la Palestina otomana, que luego se agudizaría con el Mandato Británico y, finalmente, con la Nakba y la política de exterminio físico y político que Israel ha implementado contra el pueblo palestino, desde su creación por el colonialismo europeo hasta nuestros días.
No fue una migración por elección, sino por necesidad, buscando un horizonte de paz y oportunidades que los ocupantes ilegales de su tierra les negaban. Eran comerciantes, agricultores, y trajeron consigo no solo su espíritu emprendedor y su amor por la tierra, sino también una profunda cultura, una identidad inquebrantable y una memoria viva de la Palestina que dejaron atrás. El apellido Jadue, como tantos otros, es un testimonio de esa diáspora, una huella de la perseverancia de un pueblo que se niega a ser borrado de la Historia.
A lo largo del siglo XX se conformaron en Chile instancias como el Comité de Defensa de los Derechos Árabes en Palestina (1936), la representación de la Liga Árabe (1945) y el Comité Central Árabe de Chile (1947). ¿Qué vigencia cree que tienen hoy esas formas de organización comunitaria y política? ¿Han influido en su propia formación política?
Absolutamente. A pesar de que la mayoría de esas organizaciones ya no existen, fueron la base de la estructura que hoy sostiene la causa palestina en Chile. Fueron pioneras en una época donde el mundo no miraba ni reconocía a Palestina con la urgencia que lo hace hoy. Demostraron la capacidad de una comunidad de autoorganizarse, de mantener viva su identidad y de alzar la voz por la justicia a miles de kilómetros de distancia.
De hecho, esas organizaciones lograron que Chile se abstuviera en la votación sobre la ilegal e ilegítima partición de Palestina, en un periodo en donde la mayoría de los países ya funcionaban como apéndices del imperialismo norteamericano y europeo, en cuanto a su posición en temas internacionales. Para mí, la influencia de estas instancias fue fundamental a pesar de las divisiones que el golpe de Estado creó al interior de la comunidad y del país, lo que influyó en el debilitamiento de las organizaciones palestinas y la subordinación de algunas a los intereses del capital transnacional, llegando al extremo de que muchos palestinos solo odian lo que el Imperio hace en Palestina, pero lo apoyan y creen sus mentiras cuando el Imperio ataca a otros países y pueblos del mundo que luchan por su libertad y autodeterminación.
Crecí en un hogar donde la causa palestina era parte de la mesa, de la conversación cotidiana. Aprendí desde niño que la solidaridad no es una palabra vacía, que la lucha por la justicia no tiene fronteras, que el mundo constituye una unidad material en donde el destino de todas y todos esta unido. La comprensión de la opresión que vivía mi pueblo, las noticias cotidianas sobre el sufrimiento de mi familia, sumada a la experiencia de la dictadura en Chile, con los mismos titanes detrás de ambas experiencias, me enseñó la importancia de la organización, de la resistencia, de la coherencia política. Me demostró que la política es, ante todo, la defensa de los oprimidos, en cualquier parte del mundo y vengan de donde vengan.
«Mi historia familiar, como la de miles de palestinos en Chile, es una historia de desarraigo forzado y de resiliencia»
La comunidad chileno-palestina es una de las más grandes fuera del mundo árabe. ¿Cuál ha sido el aporte de esta comunidad a la vida política, social y cultural del país? ¿Cómo se mantiene viva la identidad palestina en Chile?
El aporte de la comunidad chileno-palestina al país es inmenso y multifacético. Hemos contribuido en el comercio, en la industria, en la academia, en la política, en la cultura, en el deporte. Hemos sido parte activa de la construcción de Chile y nos hemos integrado y asimilado por completo, siempre desde el respeto y el amor a nuestra nueva patria, pero sin olvidar nuestras raíces.
La identidad palestina se mantiene viva a través de un entramado de instituciones sociales, culturales y deportivas, como el Club Palestino, las federaciones, los centros culturales. Se mantiene viva en las nuevas generaciones que, a pesar de la distancia, sienten la causa palestina como propia. Es un legado que se transmite de generación en generación, de abuelos a nietos, a través de la cocina, la música, el baile, las historias de la tierra, y, sobre todo, a través de la incesante lucha por la justicia y la comunicación permanente que sostenemos con nuestras familias que aún viven allá y forman parte de la resistencia, porque en Palestina vivir, estudiar, casarse, tener hijos, cultivar la tierra y toda actividad humana es sinónimo de resistencia.
Desde el punto de vista diplomático, ¿qué evaluación hace del rol que ha jugado Chile en defensa del pueblo palestino, especialmente tras los recientes bombardeos en Gaza y las acciones del Gobierno israelí calificadas como genocidas por organismos internacionales? ¿Qué opinión le merecen los dichos del presidente Gabriel Boric, quien condenó el ataque estadounidense a instalaciones nucleares en Irán y reafirmó el compromiso de Chile con el Derecho Internacional Humanitario?
La posición de Chile frente al genocidio en Palestina ha avanzado, sin duda, pero aún es insuficiente frente a la magnitud de la tragedia y de la crueldad del Estado sionista. La condena pública del presidente Boric a las acciones de Israel ha sido un paso importante, necesario y valiente, que se diferencia de la ambigüedad de gobiernos anteriores, pero que, en términos concretos, no siempre es seguido de acciones consistentes desde la Cancillería y Defensa. A veces pareciera que el Canciller tiene posiciones y agendas distintas al Presidente de la República. El reconocimiento del Derecho Internacional Humanitario, del derecho del pueblo palestino a un Estado, es fundamental pero también lo es no seguir financiando ni apoyando la ocupación a través de acuerdos comerciales ni intercambios tecnológicos y militares.
Respecto a la condena del presidente Boric, al ataque estadounidense a las instalaciones nucleares de Irán, la considero una postura absolutamente correcta y coherente con los principios del Derecho Internacional. Es un llamado a la cordura y a la desescalada, reconociendo que la soberanía de los Estados debe ser respetada y que la confrontación no es el camino. Tal como se expuso en la declaración del Partido Comunista de Chile (PCCh), la paz no es solo la ausencia de guerra, sino la existencia de justicia, soberanía y respeto mutuo entre los pueblos. En este sentido, aplaudo que Chile alce la voz contra la hipocresía internacional que condena a unos y guarda silencio cómplice ante la agresión de otros. Es vital que Chile mantenga esta línea de autonomía y coherencia y que la lleve a todos los lugares que son víctimas del imperialismo, como Cuba, Venezuela, el Sahara Occidental, África y otros territorios en donde el colonialismo europeo y estadounidense siguen impidiendo la autodeterminación de los pueblos y el surgimiento de alternativas al neoliberalismo que está llevándonos a la destrucción del planeta.
Frente a las críticas de figuras como el representante de la ultraderecha Johannes Kaiser, que lo acusa de alinear a Chile con países como Venezuela, Cuba o Nicaragua, ¿cuál es su postura respecto a la política exterior chilena y su autonomía frente a las grandes potencias?
Las críticas de Johannes Kaiser y de la ultraderecha son predecibles y vacías, intentan desviar el foco del debate real. Nuestra postura, la postura de la izquierda chilena y del PCCh es clara: una política exterior soberana, digna, basada en el respeto al Derecho Internacional, la autodeterminación de los pueblos y la no intervención.
No se trata de alinearse con uno u otro bloque, sino de alinearse con los principios de la justicia y los Derechos Humanos, sin importar de dónde venga la agresión. Quienes nos acusan de “alinearnos” son, en realidad, los que están alineados con los centros de poder fáctico, con el imperialismo y con las políticas que promueven la desigualdad y la injerencia. Nuestra autonomía se construye defendiendo los intereses del pueblo chileno y la solidaridad con los pueblos oprimidos del mundo.
«La paz duradera en Medio Oriente solo será posible cuando se respete la autodeterminación de los pueblos, se ponga fin a la ocupación y se establezca un Estado palestino libre y soberano con Jerusalén como su capital»
En su opinión, ¿qué se ha hecho realmente –en el plano internacional y desde los pueblos– para detener el genocidio en Palestina? ¿Qué queda por hacer?
A nivel internacional y desde los pueblos se ha hecho mucho, pero aún no lo suficiente para detener el genocidio. Hemos visto un crecimiento exponencial de la conciencia global, de movimientos de solidaridad, del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), de condenas en foros internacionales. La sociedad civil ha sido clave para romper el cerco mediático y político. Sin embargo, lo que aún queda por hacer es gigantesco. Necesitamos que los Estados asuman su responsabilidad, que rompan relaciones diplomáticas, que impongan sanciones efectivas, que lleven a los responsables ante la justicia internacional. Se necesita una movilización popular masiva y constante que presione a los gobiernos. Y, fundamentalmente, se necesita que el mundo reconozca que Palestina tiene derecho a existir como un Estado libre y soberano, y que la ocupación militar es la raíz de todo el horror y la desestabilización de Asia Occidental.
Muchos medios intentan enmarcar el conflicto actual entre Israel e Irán como un enfrentamiento aislado, omitiendo la ocupación de Gaza. ¿Cuál cree que es la responsabilidad de los grandes medios en el tratamiento de estos temas?
La responsabilidad de los grandes medios es enorme y, lamentablemente, a menudo deficiente. No se comportan como medios de comunicación, sino como dispositivos de control y desinformación al servicio del capital transnacional. No existe en la mayoría de los medios ni ética ni profesionalismo, son solo instrumentos de poder. Existe una tendencia a simplificar los conflictos, a descontextualizarlos, a presentarlos como meras disputas entre Estados o potencias, sin abordar las causas profundas.
En el caso de Israel y Palestina, la omisión de la ocupación, del apartheid, del genocidio en Gaza, es un acto deliberado de desinformación que busca normalizar la injusticia. Al enmarcar el conflicto entre Israel e Irán como un enfrentamiento aislado, se ignora el papel de Israel como potencia ocupante y la agresión constante que ejerce en la Región. Se olvidan de que el primer golpe de Estado que los Estados Unidos impulsaron en el mundo fue el de Irán en 1953 y que desde ahí han tratado de impedir la autodeterminación del pueblo iraní. Los medios hegemónicos son, en muchos casos, voceros de intereses geopolíticos, y su tratamiento de la información distorsiona la realidad, confunde a la opinión pública y dificulta la búsqueda de soluciones justas y pacíficas.
Una vez más los Estados Unidos violan el Derecho Internacional obviando los esfuerzos diplomáticos de Irán por resolver el conflicto con Israel, y bombardea instalaciones nucleares en territorio iraní. ¿Por qué cree que esto está sucediendo? ¿Cuáles son los planes reales, según su criterio? ¿Se está reconfigurando el Medio Oriente?
Lo que estamos presenciando es la cruda manifestación de una política imperialista que se niega a reconocer la soberanía de los pueblos y el Derecho Internacional. Estados Unidos, actuando en sintonía con los intereses de Israel y de su propia hegemonía global, busca mantener un control férreo sobre una región estratégica, rica en recursos energéticos como el petróleo. Los bombardeos a las instalaciones nucleares de Irán, ignorando los canales diplomáticos, han tenido varios objetivos claros, desde mi perspectiva:
- Desviar la atención del genocidio que Israel está cometiendo en Gaza. Es una maniobra para cambiar el foco mediático y político, para que el mundo mire hacia otra parte y no a los crímenes de lesa humanidad que se perpetran a diario contra el pueblo palestino;
- Debilitar cualquier potencia regional independiente. Irán, por su autonomía y su capacidad de desarrollar sus propias tecnologías, incluyendo la nuclear con fines pacíficos, representa un desafío al orden hegemónico que los Estados Unidos y sus aliados quieren imponer en Medio Oriente. El plan real es mantener una región bajo su esfera de influencia, controlando los flujos energéticos y la geopolítica local.
En cuanto a si se está reconfigurando el Medio Oriente, sí, se está reconfigurando, pero no en un sentido de progreso o estabilidad para sus pueblos. Es una reconfiguración forzada por la agresión y la intervención externa, que busca quedarse con todos los mercados, con todos los territorios y dominara todos los pueblos, reafirmando un orden unipolar al servicio del capital transnacional y aplastar cualquier atisbo de soberanía real. Esto genera más inestabilidad, más dolor y más ciclos de violencia.
«En la lucha ideológica actual la cultura juega un papel central, es el campo de batalla donde se disputan los sentidos, los valores, las narrativas»
¿Cómo ve la correlación de fuerzas Irán-Israel y cómo ve el futuro en dicha Región?
La correlación de fuerzas Irán-Israel es compleja. Por un lado, tenemos al Estado genocida de Israel, un Estado parasito que es a su vez una potencia militar regional formidable, que cuenta con el respaldo incondicional y el armamento de los Estados Unidos y de Europa, incluyendo capacidad nuclear no declarada y fuera de cualquier supervisión internacional. Esto le otorga una ventaja tecnológica y de armamento muy significativo. Sin embargo, por el otro lado, Irán posee una profunda resiliencia, una vasta extensión territorial, una población numerosa y una capacidad de desarrollo militar y tecnológico propio que lo convierte en un actor de peso. Su estrategia se basa en la disuasión, en la capacidad de responder y en el apoyo a movimientos de resistencia en la Región.
El futuro de Medio Oriente es, lamentablemente, muy incierto y sombrío si no hay un cambio radical en la política internacional. Mientras la ocupación de Palestina persista y el imperialismo siga buscando imponer sus intereses por la fuerza, la Región seguirá siendo un polvorín. La paz duradera en Medio Oriente solo será posible cuando se respete la autodeterminación de los pueblos, se ponga fin a la ocupación y se establezca un Estado palestino libre y soberano con Jerusalén como su capital. Sin eso, cualquier “paz” será un mero cese temporal de hostilidades, una olla a presión esperando explotar.
¿Cómo podría perjudicar a América Latina un escalamiento del conflicto?
Un escalamiento del conflicto en Medio Oriente tendría repercusiones devastadoras para América Latina. En primer lugar, veríamos un aumento drástico de los precios del petróleo, lo que golpearía directamente las economías de nuestros países, generando inflación, encareciendo el transporte y la producción y afectando el poder adquisitivo de las familias. Esto, en un contexto donde muchas de nuestras economías ya son frágiles, podría desencadenar crisis sociales y políticas.
En segundo lugar, se traduciría en una mayor presión e injerencia de los Estados Unidos en la Región. Con la atención global centrada en el conflicto podríamos ver un desvío de recursos, un aumento de la militarización y, probablemente, la exigencia de alineamientos que pongan en riesgo nuestra propia soberanía y autonomía. El capital transnacional podría retirar inversiones, buscando refugios más “seguros”, lo que agravaría nuestras crisis económicas. América Latina se vería arrastrada a una dinámica ajena a sus intereses, desviando esfuerzos y recursos que deberían estar dedicados a resolver nuestras propias urgencias sociales y económicas.
¿Qué piensa un palestino como usted al ver el desplazamiento de los israelíes fuera del que consideraban su territorio por temor a la guerra?
Como palestino es inevitable sentir una profunda tristeza y preocupación ante el desplazamiento de cualquier civil por temor a la guerra, sin importar su origen. Nadie merece vivir bajo el miedo y la amenaza constante. El sufrimiento humano, sea palestino o israelí, es una tragedia.
Sin embargo, y esto es crucial, no puedo dejar de señalar la abismal asimetría y la profunda ironía de la situación. Mientras los israelíes se desplazan temporalmente por temor a la guerra que su propio Gobierno ha intensificado, el pueblo palestino ha vivido un desplazamiento sistemático, forzado y permanente durante más de 76 años, desplazamiento que además ha sido ignorado y apoyado por las potencias occidentales. Desde la Nakba en 1948 millones de palestinos fueron expulsados de sus hogares y tierras, convirtiéndose en refugiados eternos. Las familias palestinas no se desplazan “por temor a la guerra”, sino que son desplazadas por la ocupación, por los asentamientos ilegales, por la demolición de sus casas, por los bombardeos indiscriminados, en definitiva, por una política sistemática de exterminio físico y político llevada a cabo a vista y paciencia de la comunidad internacional. Su desplazamiento es forzado y continuo.
Es un recordatorio doloroso de la raíz del conflicto: la ocupación. Si los israelíes sienten temor hoy, es una pequeña fracción del terror y la desposesión que el pueblo palestino ha vivido por generaciones. Para mí el verdadero camino hacia la seguridad para todos en la Región pasa por el fin de la ocupación y la consecución de justicia para el pueblo palestino. Solo así podrá haber una paz real y duradera.
Ante el resurgimiento de corrientes neoliberales en América Latina, con gobiernos que promueven la privatización de empresas públicas, atacan al Estado y reducen la inversión social –corrientes muchas veces vinculadas a ideologías fascistas, neofascistas y conservadoras–, ¿cómo debería responder la izquierda latinoamericana frente a este escenario regional?
La izquierda latinoamericana debe responder a este resurgimiento neoliberal y neofascista con unidad, coherencia y radicalización democrática. No podemos caer en el juego de la derecha de la confrontación estéril. Nuestra respuesta debe ser doble: por un lado, desde arriba, los gobiernos progresistas deben fortalecer el Estado como garante de derechos, defender las empresas públicas y aumentar la inversión social. Deben impulsar un cambio en el modo de producción, diversificando sus economías y favoreciendo la integración regional y la actuación conjunta ante el resto del mundo, con políticas que combatan la desigualdad y redistribuyan la riqueza, mostrando a la ciudadanía que hay una alternativa real al modelo neoliberal que solo beneficia a unos pocos.
«La esencia del comunismo, para mí, radica en la defensa de los derechos de la clase trabajadora, la lucha por la igualdad, la justicia social y la emancipación de los pueblos, en cualquier parte del mundo»
Por otro lado, desde abajo, debemos fortalecer el poder popular. Esto implica construir y consolidar movimientos sociales, organizaciones sindicales, estudiantiles, feministas, de pueblos originarios y otorgarles poder para permear el sistema político cada vez que lo sientan necesario. La izquierda debe ser capaz de articular esas fuerzas, de generar espacios de participación real y de promover la autoorganización de las comunidades.
Las experiencias como la de Recoleta, donde demostramos que desde lo local se pueden construir soluciones populares y concretas, son un camino a seguir. Solo desde un pueblo organizado y consciente podremos enfrentar y derrotar estas corrientes reaccionarias. La lucha ideológica es clave: debemos desarmar los discursos de odio y el negacionismo, y construir narrativas que promuevan lazos de solidaridad y esperanza.
¿De qué manera América Latina –particularmente las fuerzas progresistas y el campo popular– podría involucrarse más activamente y fortalecer procesos de integración como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que en enero de 2014 declaró a la Región como Zona de Paz?
América Latina tiene un potencial enorme para ser un actor clave en la construcción de un mundo multipolar y pacífico. Las fuerzas progresistas y el campo popular debemos impulsar activamente el fortalecimiento de procesos de integración como la Celac, es el espacio natural para construir una voz unificada y soberana frente a las presiones externas.
¿Cómo hacerlo?
- Profundizando la integración económica y energética para reducir nuestra dependencia de los centros de poder hegemónicos;
- Articulando una política exterior común que defienda el Derecho Internacional, la autodeterminación de los pueblos y la paz, como ya lo hizo la Celac al declararse Zona de Paz;
- Promoviendo la cooperación en ciencia, tecnología y cultura, para construir un modelo de desarrollo propio centrado en las necesidades de nuestros pueblos y no en la lógica del mercado global.
- Fortaleciendo los lazos entre los movimientos sociales y populares de la Región. La verdadera integración se construye desde abajo, con los pueblos empoderados, exigiendo a sus gobiernos que defiendan la soberanía y la justicia en el ámbito internacional. Chile, en su momento, dio pasos importantes, debemos retomar y profundizar ese camino.
El Departamento de Estado de los Estados Unidos pidió el lunes 23 de junio de 2025 a los países latinoamericanos definir “de qué lado están” en el conflicto con Irán, ¿cuál es su análisis y postura al respecto?
La declaración del Departamento de Estado de los Estados Unidos es una clara expresión de su mentalidad hegemónica y colonial. Es un chantaje inaceptable que pretende coartar la soberanía de los países latinoamericanos y obligarlos a alinearse con sus intereses geopolíticos.
¿De qué lado estamos? Los pueblos de América Latina estamos del lado del Derecho Internacional, del lado de la paz, del lado de la justicia y de la no intervención.
No tenemos porqué “elegir un bando” impuesto por una potencia extranjera, especialmente cuando esa potencia es la más grande promotora del terrorismo y la desestabilización a nivel internacional, la que históricamente ha intervenido en nuestra Región y la que hoy bombardea a una nación soberana.
Nuestra postura es clara: exigimos el respeto a la soberanía de Irán, el fin de la agresión y el respeto al Derecho Internacional Humanitario en todos los conflictos. América Latina debe rechazar categóricamente este tipo de ultimátum y reafirmar su autonomía y su voz propia en el concierto mundial.
Nuestra Región fue declarada Zona de Paz, y esa paz se construye con independencia y no con sometimiento a los dictados de ninguna potencia imperial.
El Club Deportivo Palestino no solo es un equipo de fútbol chileno, sino también un símbolo vivo de la memoria y la lucha del pueblo palestino. ¿Qué significado tiene para usted este equipo en el imaginario político y cultural del país?
El Club Deportivo Palestino es mucho más que un equipo de fútbol, es un estandarte, un símbolo de la identidad y la resistencia palestina en Chile y en el mundo. Representa la memoria viva de un pueblo, sus sueños, sus dolores y sus esperanzas. Cada partido, cada camiseta con el mapa de Palestina, es un grito de existencia, una forma de mantener viva la llama de la causa palestina en el imaginario colectivo del país. Para mí es un motivo de orgullo y una fuente constante de inspiración, demuestra cómo el deporte puede trascender lo meramente lúdico para convertirse en un vehículo de identidad, solidaridad y lucha política. Es un puente cultural que une a Chile con Palestina y un recordatorio de que la causa palestina es una causa universal de justicia y libertad.
«El proceso judicial que he enfrentado ha sido, sin duda, un claro ejemplo de lawfare, una persecución política disfrazada de acción judicial, cuyo objetivo es inhabilitar y desgastar a figuras de la izquierda, como lo ha hecho en todo el continente»
Como exalcalde de Recoleta, una comuna diversa y culturalmente activa, ¿cuál cree que fue su mayor aporte en términos culturales? ¿Qué iniciativas impulsó que dejaron huella en la comunidad? ¿Qué rol juega la cultura en la lucha ideológica actual? ¿Cree que el fortalecimiento cultural puede ser un camino para resistir el avance de los discursos de odio y el colonialismo simbólico?
En Recoleta nuestro mayor aporte cultural fue democratizar el acceso a la cultura y la participación cultural del pueblo, entenderlas no como un privilegio, sino como un derecho fundamental y una herramienta de transformación social a la hora de disputar las conciencias y reconstruir una hegemonía cultural desde abajo. Impulsamos iniciativas como la Escuela Abierta, la Universidad Abierta de Recoleta, las Escuelas Populares de Teatro, de Música y de Danza, la Librería Popular Recoletras y Recomúsica, la Editorial Popular, la recuperación de los espacios culturales en los barrios, la Orquesta Comunitaria, el Festival Womad con todo su contenido promotor de la fraternidad universal y la paz perpetua.
Creemos que la cultura es un motor de desarrollo humano, de pensamiento crítico y de cohesión social. En la lucha ideológica actual la cultura juega un papel central, es el campo de batalla donde se disputan los sentidos, los valores, las narrativas. Los discursos de odio y el colonialismo simbólico buscan homogeneizar, alienar, despolitizar. Frente a eso el fortalecimiento cultural desde abajo, desde la identidad de los pueblos, desde la solidaridad y la fraternidad universal, es un camino poderoso de resistencia, ya que permite a las comunidades empoderarse, reflexionar sobre su propia realidad, generar nuevas formas de expresión y construir alternativas al pensamiento único. Es una herramienta para descolonizar nuestras mentes y reafirmar nuestra soberanía cultural.
En el marco del debate interno de la izquierda y del PCCh, ¿se considera parte de un “ala renovadora” o cree que sus ideas se enmarcan dentro de la tradición comunista más histórica? ¿Dónde ubicaría hoy su propuesta política?
No me considero parte de un “ala” específica, sino un militante consecuente con la tradición histórica del PCCh. La esencia del comunismo, para mí, radica en la defensa de los derechos de la clase trabajadora, la lucha por la igualdad, la justicia social y la emancipación de los pueblos, en cualquier parte del mundo. Mi propuesta política se enmarca en esa tradición, pero siempre con una mirada crítica y adaptada a los desafíos del siglo XXI. El comunismo no es una doctrina estática, es un proyecto en constante construcción y que aprende de sus errores y se renueva para responder a las nuevas realidades.
Nuestro trabajo en Recoleta, con iniciativas innovadoras como las farmacias y ópticas populares, las inmobiliarias populares, es una prueba de que la tradición comunista es capaz de generar soluciones concretas y transformadoras desde lo local, construyendo poder popular desde abajo sin renunciar a los principios que nos guían. Nuestra propuesta política se ubica en la construcción de una alternativa real al neoliberalismo, una alternativa que ponga la dignidad humana en el centro.
Tras haber enfrentado un proceso judicial calificado como lawfare, ¿tiene usted la intención de postularse nuevamente a un cargo de elección popular? ¿La legislación chilena se lo permitiría en este momento?
El proceso judicial que he enfrentado ha sido, sin duda, un claro ejemplo de lawfare, una persecución política disfrazada de acción judicial, cuyo objetivo es inhabilitar y desgastar a figuras de la izquierda, como lo ha hecho en todo el continente. A pesar de ello, mi compromiso con la transformación social y con el pueblo de Chile es inquebrantable. Actualmente mi situación legal me permite postular, ya que no existe sentencia condenatoria que me inhabilite y espero seguir contribuyendo a la lucha social y política, esta vez desde el Parlamento. Sin embargo, mi prioridad ahora es seguir contribuyendo a la construcción de un proyecto político de la izquierda, desde donde sea más útil para la gente. Las decisiones sobre postulaciones se tomarán en el momento adecuado, siempre en función de lo que sea más conveniente para el avance de las causas populares.
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Cris González Fundadora de Correo del Alba









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