A dos meses de haberse ejecutado el golpe de Estado liderado por el general Abdourahamane Tchiani, jefe de la seguridad presidencial, junto al Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria (CNSP), que depuso al presidente Mohamed Bazoum, por acusaciones de corrupción y malas gestiones administrativas, lo que desencadenó la crisis en el país. Los militares insurrectos, dentro de sus demandas, exigían la retirada inmediata de las tropas francesas de su territorio y la ruptura de relaciones, ante la eventual amenaza de intervención militar occidental en Níger.
Ante esta situación, el pueblo se congregó en las afueras de la sede diplomática francesa en una protesta que duró varios días, exigiendo la salida inmediata del cuerpo diplomático. Sin embargo, el gobierno de Emmanuel Macron se negaba a cumplir esta demanda, arriesgando a su personal y transfiriendo esta responsabilidad a los nigerinos. El argumento esgrimido por el gobierno francés fue que el embajador, que decidió permanecer al frente de la embajada en Niamey, había sido secuestrado en la sede diplomática, sin posibilidades de movilizarse fuera de esa zona ni de recibir alimentos.
Macron anunció que, a pesar de no reconocer al gobierno militar en Níger, abandonaría el país junto con toda la misión cívico-militar que permanecía en el territorio. Esto marca un avance histórico, ya que, aunque Níger obtuvo la independencia de Francia en 1960, la intromisión colonialista no había cesado. Esta vez, la injerencia se produce bajo el pretexto de la «lucha contra el terrorismo» en este país, que ocupa el cuarto lugar en el mundo en producción de uranio, pero además es rico en petróleo, oro y otros minerales. Estas riquezas son difíciles de abandonar para los galos, ya que carecen de estas en su territorio y durante siglos han despojado a África para obtener una fuente de crecimiento económico y estabilidad para Francia. Estas invasiones, tanto directas como indirectas, han ido en detrimento de ese continente, que ha sido golpeado y empobrecido por Occidente, y en décadas de intervención no ha experimentado cambios sustanciales.
«No quieren seguir luchando contra el terrorismo», fueron las palabras del presidente francés durante una entrevista en la que afirmó que no reconoce a este nuevo régimen y que traerá de vuelta a todos los ciudadanos que cumplían funciones en Níger.
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Correo del Alba








