Luego de ocho horas de autopista y carretera, desde La Habana llegamos al hostal San Rafael en Camagüey, y partimos a la Universidad Carlos J. Finlay, donde un grupo de estudiantes y profesores, entre ellos su Vicerrectora, nos esperaban. Junto a Froilán González y Adys Cupull iniciamos el conversatorio que culminó con la presentación del poemario dedicado a la ciudad de La Paz, cuyo magnetismo caló hasta la profundidad de mi prosa.
En esos días tomamos conocimiento del proyecto «golpe a golpe», que resumido es un completo aporte de la juventud urbana a las zonas más alejadas, una especie de intercambio cultural permanente que traslada a cualquier lugar recóndito de la provincia todas las expresiones artísticas posibles, incluyendo jornadas de cine, danza, música y poesía. El plan encabeza el esfuerzo de una muchachada consciente del impacto que este ejercicio está produciendo en las zonas en transición. Y Camagüey entonces se me torna en una ciudad esencial para la creatividad y la identidad del Caribe y América. Un conjunto de experiencias sociales que se deben reproducir en otras latitudes por el bien de la humanidad.
Este es un pueblo muy orgulloso de su identidad, de su historia, de su mestizaje que sostiene la nacionalidad cubana y que le da el denominativo de ciudad literaria. Fundada en 1514, en el centro histórico, la villa es desde 2008 Patrimonio de la Humanidad, vale la pena conocer sus calles empedradas, sus edificios de antes del siglo XIX, donde cada esquina y cada proyecto tienen que ver con las letras, la lectura, los libros, así que la denominación de ciudad literaria no es en vano. El nombre de Nicolás Guillén sobresale y muchos centros y cafés recuerdan su poesía mulata. Redescubro a Gertrudis Gómez de Avellaneda, la más reconocida poeta camagüeyana, pero también su ballet, el segundo en importancia en toda la Isla y me atrevo a decir en el Caribe. Aquí han nacido figuras tan excelsas en la historia americana y caribeña como Ignacio Agramonte, líder de la primera guerra de independencia contra España entre 1868 y 1878; o el científico Carlos J. Finlay, quien en 1881 descubrió el origen de la fiebre amarilla y la humanidad pudo poner atajo al flagelo, solo por nombrar algunos. Demasiados personajes y episodios fundamentales en la historia de Cuba han tenido su origen en la provincia, de la cual Camagüey es su capital.
La Revolución ha creado universidades y en todo Camagüey la gente estudia o está vinculada de alguna manera a sus centros de educación y espacios artísticos, en fin, tremendo nivel cultural. Todos los municipios continentales deberían tomar a Camagüey como ejemplo en la impronta de que mientras más cultura mejores serán las personas.
En medio de la escritura de este artículo surge la terrible noticia de la explosión accidental en el Hotel Saratoga de La Habana, y sufro por mi querido pueblo cubano, que debe afrontar una adversidad más, que pone a prueba su temple. Quiero expresar mi más profundo pesar por lo sucedido y enviar a cada cubano y cubana mi solidaridad en esta hora ante la tragedia. Sin duda, el apoyo de su Gobierno y el valor del pueblo acompañan a Cuba en esta triste y dolorosa fatalidad. #Fuerza Cuba
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Cris González Directora de Correo del Alba







