Libertarias

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En la disputa por ponerle nombre al mundo que nos rodea, libertaria o libertario aparece como una palabra tomada por el discurso neoliberal y ultraconservador. Así se hacen llamar los partidarios de la funesta “revolución de colores”, que busca derrocar gobiernos con algún tinte popular. En Venezuela lo hicieron los partidarios de las guarimbas violentas.

En el pasado, libertarios eran los anarquistas, una corriente política que está en los orígenes de la propuesta socialista y que tuvo desempeños notorios en países europeos. Es el caso español. También en Suramérica donde llegaron migrantes europeos después de la II Guerra Mundial.

De allí que el director Vicente Aranda escogiera ese nombre, Libertarias (1996), para su película en la que un grupo de mujeres anarquistas y feministas se juega el pellejo en la llamada guerra civil española. Está basada en una novela de Antonio Rabinad.

En uno de los discursos feministas de la película, un personaje –la actriz Ana Belén- dice: “Somos mujeres y queremos hacer nuestra revolución. No queremos que nos la hagan ellos. No queremos que la lucha se organice a la medida del elemento masculino, porque si dejamos que así sea estaremos como siempre jodidas (…) sería un desatino quedarnos en casa haciendo calcetas”. En medio de la guerra se inserta ese discurso que abre horizontes a la mujer.

II

Dice un fragmento de un sermón de un predicador del siglo XVIII, Guibert de Tournai (citado por María Milagros Rivera, Nombrar el mundo en femenino, Icaria, España, p. 158): “Que la mujer casada aprenda el gobierno de la casa, que consiste en cuatro tareas: con respecto a los hijos, a los siervos, a las siervas y a los trabajos domésticos. Eduque, pues, a los hijos, corrija los siervos jóvenes y lascivos, riña a las esclavas desordenadas y precoces, proteja la casa; así gobernada, esté en paz toda la familia, cumpliendo con lo que está escrito en el libro de la sabiduría, en el capítulo VIII: que yo reposo en paz al entrar en mi casa”.

Venimos de un mundo así que hizo ver como normal y decente la discriminación de la mujer, tanto que se usaba la etiqueta “sexo débil”; restó importancia a la violencia doméstica o machista y canceló los derechos de la mujer. Se le asignó un rol dentro de reducidos espacios de la polis –la familia, el hogar- y se le mantuvo lejos del poder político.

Lo demás lo puso el lenguaje. El mundo no se nombra en femenino. Se dice: “los electores” y no el electorado; el “hombre” y no la humanidad, “los niños” y no la infancia. Por eso hoy se levantan banderas por un lenguaje más inclusivo, donde la mujer sea visible. Todas y todos. El niño y la niña. Pedro y María. Es un catecismo en desuso decir que el sustantivo hombre lo resume todo.

III

Los conceptos y categorías de siempre se hicieron insuficientes para explicar la situación actual de la mujer; su condición de sumisión y subordinación, y la ausencia de derechos, en contextos conflictivos y complejos, como los de hoy.

Ahora se utiliza la noción de género. Se dice “violencia de género”, “políticas de género”, “perspectiva de género” y así sucesivamente. ¿Género? Definirlo así supone un giro sustancial. Acudo en auxilio de Simone de Beauvoir (El Segundo Sexo, 1962, Buenos Aires, Siglo XX), quien anota que “el género es una especie de filtro cultural con el que interpretamos el mundo y una especie de armadura con la que constreñimos nuestra vida”.

Género sitúa el debate en el campo de lo cultural y lo simbólico y lo saca de las consideraciones biologicistas en las que estuvo enclaustrado; amplía el horizonte de derechos. No es casual que las posiciones reacias a los cambios ataquen la forma de entender este tema crucial.

La conciencia de género pone al descubierto cómo las mujeres son asimiladas al paradigma patriarcal, para justificar la segregación y sumisión de la mujer. Su presencia es cada vez más visible y está permitiendo que surja otra sensibilidad, otro tejido social, otro mundo.

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Orlando Villalobos Finol Periodista venezolano y/ profesor de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor/a

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