Luego de vivir tiempos complejos y sufrir por la distancia, hoy muchos venezolanos vuelven a la casa; esa casa que representa la protección emocional y afectiva, ese lugar que es más que un espacio físico y no importa sus dimensiones, ni siquiera importa si es o no la casa de los padres, ya que ese refugio puede ser donde está el amigo, donde está el tío o los segundos padres, así como en palabras del cantante zuliano, Ricardo Cepeda, es donde “está la razón de mi existencia, una historia, una vivencia, un ejemplo familiar, que llora cuando hay que llorar y ríe con evidencia”.
Vuelven a esa casa grande llamada Patria, donde están las raíces y el altar de los recuerdos. En esta época de unión y reflexión, cuando culmina un año e inicia otro nuevo, podemos ver el encuentro familiar, de familia consanguínea y de sentimiento como las amistades y vecinos, de los seres separados por la pandemia, de la búsqueda de nuevas oportunidades, pero también de la fantasía de que fuera de nuestra fronteras, todo es perfecto.
Cuando se habla de Patria, no nos referimos a una idea partidista, sino que nos referimos a nuestra identidad personal que está estrechamente relacionada con el origen de nuestros nombres, apellidos y con el vínculo, con el lugar donde nacimos, o como dice la salsa de un cantante panameño, “Patria son tantas cosas bellas” o “es lo que lleva en el alma todo aquel cuando se aleja”. Es indiscutible que los que salen de las fronteras venezolanas, sea por las razones que sean, siempre sueñan con volver.
Lamentablemente, muchos venezolanos y venezolanas sufren por la xenofobia y la aporofobia lejos de casa y hoy entienden que esas características cotidianas de recibir al extranjero como uno más de nosotros es muy propia del pueblo venezolano y no sucede igual en otras partes. No es lo mismo ser turista en un país, que ser un emigrante con pocos derechos, a pesar de las selfis y las imágenes de las redes de quienes se han ido, y del hecho que los Derechos Humanos son universales y deben ser garantizados por todos los Estados, para lo cual reciben gran cantidad de recursos.
Todos tenemos derecho de emigrar o volver y de disfrutar del libre tránsito, nadie es mejor o peor ciudadano por quedarse o irse. Tenemos el derecho a emigrar a cualquier país del mundo y a establecer allí la propia residencia con toda libertad, pero en la práctica es una utopía, ya que para algunos gobiernos del mundo los extranjero sin papeles o documentación son vistos como una peste o criminales responsables de todos los males y también una posibilidad de tener mano de obra barata en situación de esclavitud moderna.
Ciertamente, cada situación, circunstancia personal y familiar es distinta, pero hoy podemos ver más regresos que despedidas, hoy podemos escuchar más “me regresaría demasiado” que “me iría demasiado”. Estos retornos pudieran tener su origen en distintos aspectos, como los avances en la seguridad ciudadana, mayor estabilidad, programas de vacunación contra el Covid19, la renovación institucional y una nueva realidad económica; pero también el regreso puede tener su origen en los sentimientos como la nostalgia o el amor y hasta por ser víctima de odio lejos de casa.
Es evidente que las cosas se valoran más cuando no se tienen y esa dimensión espiritual de Venezuela, que nos hace parecernos a todos pero al mismo tiempo ser únicos, solo se puede apreciar con mayor nitidez lejos de esa casa que no es solo el apartamento o el ranchito, ni el documento o el papel que nos identifica como ciudadanos de la República Bolivariana de Venezuela… el documento o el papel no es la persona, sino que solo es lo que nos ayuda a identificar cuál es tu casa o donde están tus vínculos geográficos.
Cuando volvemos al colegio donde estudiamos después de años, no solo vemos la estructura física, sino que tratamos de buscar a los compañeros y amigos que ya no están, eso, en una mayor dimensión, es lo que buscamos y nos hace volver a los lugares; no tiene que ver con los lujos sino con la gente. El cantor Alí Primera señala en una de sus canciones “La patria es el hombre”, en este mismo sentido el prócer latinoamericano José Martí, lo definió como“Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca y en que nos tocó nacer”.
Lo que crea la dimensión emocional y ese vínculo no solo es un mejoramiento en el estado de bienestar sino los afectos de la gente que, combinado a las indescriptibles bellezas naturales de un país, hace que, aunque se esté lejos, siempre el pensamiento viaje a ese lugar, a esa casa que es más que el bloque y el cemento o el papel, señala que naciste o perteneces a un punto geográfico del mundo. Este análisis sincero o ideas comunes expresadas en estas líneas no son un ensayo jurídico ni científico, pero sí es una reflexión y un llamado de atención para apreciar lo que se tiene aun teniéndolo y no esperar a no tener a nuestra gente, nuestros afectos y nuestro país para quererlos.
Feliz Navidad y Prospero Año 2022
Que el gran arquitecto del universo en sus distintas manifestaciones bendiga a todos los seres humanos de Venezuela y del planeta.
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Yonder Canchica Abogado venezolano experto en Derecho Internacional
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