Qué pretende la derecha en Bolivia

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El 18 de junio de 2021 Bolivia estaba en paz, su Gobierno abocado a frenar la pandemia vía vacunación masiva y otras medidas que no implicarán el confinamiento. Poco a poco, el país iba tomando aire para recuperar su economía dañada en menos de un año por un gobierno de facto que hizo de la represión, la violación de los Derechos Humanos y la corrupción una práctica cotidiana. A tal punto que el ministro de Gobierno de facto, Arturo Murillo, se encuentra detenido en una cárcel de Estados Unidos esperando sentencia por corrupción y lavado de dinero, desviado del llamado caso “gases lacrimógenos” adquiridos con sobreprecios y con dineros públicos.

Cito la fecha 18 de junio no casualmente, sino porque la memoria es frágil y ese día se publicó en la prensa nacional la visita realizada por el cívico cruceño Rómulo Calvo a Luis Almagro, indicando al cuestionado Secretario General de la OEA que Bolivia estaba al borde de la guerra civil y solicitaba la aplicación de la “Carta Democrática” al país para evitar la “guerra” civil.

El dirigente cívico se ha dedicado a realizar abiertos actos no solo anti-democráticos, sino de sedición, llamando a desconocer un gobierno legítimo y democrático. ¿A quién representa Calvo?, ¿al pueblo boliviano?, ¿a las «bestias» –como él mismo ha llamado a algunos de los bloqueadores–?

Desde ese momento vergonzoso para el país, en el que una comisión de representantes de la oligarquía y las élites cruceñas van a hablar con el cuestionado Almagro para solicitar apoyo para llevar a cabo sus actos sediciosos en contra del país y la democracia, el Gobierno ya podría haber advertido la conjura y tomado medidas para desmantelar dicho plan.

Haremos memoria, el 2  de julio de este año se aprehendió a siete jóvenes que serían parte de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), quienes se trasladaban armados al municipio de San Ignacio de Velasco, a un congreso sobre tierras, convocado por el gobernador Camacho.

La tierra y su propiedad es y fue un elemento clave para organizar actos que condujeran a una confrontación abierta que desencadenara en una guerra civil, como le advirtió Calvo a Almagro. Los conflictos por la tierra fueron armados y vociferados como bandera de lucha, prepararon marchas indígenas, después de tratarlos como salvajes, y ahora desconocen un gobierno legítimo que además demuestra debilidad al ceder a las presiones de la oposición y la derecha del país.

Todos los días, a través de sus medios de comunicación masiva, que controlan de forma mayoritaria, las élites bolivianas difunden mentiras y mensajes de odio, racismo y sedición. Hablan de libertad arrogándose una representación que no tienen. Su bochornosa participación en el mensaje del presidente Arce a la Asamblea Legislativa, el 8 de noviembre, demuestra el no respeto a las autoridades y al pueblo boliviano que votó por las mismas. Agresiones e insultos son la forma de actuar de la derecha que es parte del plan de desestabilización del Gobierno, que el mismo presidente Arce ha denunciado.

La oposición de derecha, acostumbrada a no respetar el mandato popular, experta en pactos políticos vergonzantes, sin otro proyecto de país que no sea el que demostraron en el gobierno de facto de Jeanine Áñez, ha decidido socavar al gobierno nacional y quiere llevarnos a la confrontación para terminar en una guerra que ellos ya planificaron.

No aprendieron el juego democrático que tanto pregonan, tampoco les interesa, no hay respeto al voto, aunque este sea por mayoría absoluta. Es tan demencial su argumento cuando hablan de fraude en una elección que ellos mismo convocaron bajo la responsabilidad del gobierno de facto y sus propias autoridades electorales. Finalmente, la reacción y resistencia popular a la represión y en las condiciones que imponía la pandemia, en las calles, lograron en agosto de 2020 detener a la dictadura y recuperar la democracia.

No, no hay oposición que quiera construir un país mejor, que aporte ideas, trabaje y consiga ganarse el respeto de la sociedad y que vote mayoritariamente por ella. En Bolivia, en las elecciones de  2019,  cuando la OEA decretó sin prueba alguna que hubo fraude, la derecha, con el cruceño Oscar Ortiz, sacó un 4%, se podría deducir que el pueblo boliviano no veía a esta ala del escenario político como alternativa, tal vez por eso la desesperación de estos personajes por lograr asirse del poder de manera canallesca.

No dejo de pensar en los Balcanes, ellos, quienes hablan de guerra civil en Bolivia, sin duda quiere una balcanización del territorio, lo han dicho en reiterada ocasiones, independencia de la nación boliviana. Costó muchos años lograr que croatas, serbios, musulmanes, cristianos se odiaran entre sí, muchos de los planes para sembrar el odio fracasaron, vivían en paz, mucho más que en nuestro territorio, hoy Yugoslavia no existe, lograron quebrarla, desintegrarla y ¿será casualidad que lograron penetrar la incordia por el lado de los mineros? ¿Para qué?, me preguntó si viven mejor ahora después de una sangrienta guerra, sangrienta como son todas las guerras, las secuelas son terribles.

Han logrado que el Gobierno derogue, una vez más, una ley promulgada para frenar enriquecimiento ilícito, ¿a quiénes afecta, quiénes deben millones al fisco? Es fácil, lamentablemente, muy fácil, interpelar a la ignorancia a través de sentimientos y resentimientos.

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Pilar Orellana Analista

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor/a

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