Muchos analistas políticos, dirían que el presidente salvadoreño Nayib Bukele es un progresista, una dialéctica equivocación, cuando este millennials político ha vuelto a excavar las mazmorras represivas de una violenta guerra que ensangrentó a la República de El Salvador por varias décadas, las heridas de la misma aún no han logrado cicatrizar y los Acuerdos de Paz, comenzaron a caer en la ignominia en la hermana menor y la más pequeña de Centroamérica, en donde goza de un gran respaldo popular.
Entre el paternalismo y autoritarismo, Bukele gobierna con mano de hierro, apagando, silenciando todo brote y vestigio de oposición y cuestionamiento a su régimen de poder omnímodo, ya que tiene control total de la Asamblea Legislativa, de la justicia y Fiscalía General del Estado, sumado el apoyo del ejército y la policía. El presidente salvadoreño, no tiene el menor resquemor de hacer sentir su presencia con estos entes de la fuerza pública. Amenaza con instaurar la pena de muerte cuando no se escucha su comportamiento autárquico. Bukele conforma “la nueva generación de líderes autoritarios latinoamericanos” como manifiesta Ángel Sermeño.
Su programa de gobierno es un libreto de persecución política a la carta, selectivo, direccionado para encausar, sin el debido proceso, a expresidentes de la República, figuras estratégicas y militantes del partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que le permitió por dos veces consecutivas ser alcalde de Nueva Cuscatlán y San Salvador, la capital salvadoreña.
Posteriormente, con una organización política creada por él, Nuevas Ideas (NI), y en alianza con otra fuerza política de derecha, gana la presidencia de la República de El Salvador.
Su actitud y comportamiento mesiánico devela que tiene una agenda, de clara intencionalidad de judicialización de la política, para encarcelar a sus excoidearios que le permitieron salir a la arena política salvadoreña, pero que no oculta su intolerancia, prepotencia y comportamiento misógino, que le costó la expulsión del FMLN, por actuar con violencia verbal, y psicológica ante una mujer edil en San Salvador. En las Cortes de Justicia tiene dos juicios por violencia misógina y machista.
Bukele, un presidente de temperamento fuerte, que pretende exterminar al FMLN, mediante artimañas, fake-news, para ello cuenta con una gran estructura de redes sociales, con millones de seguidores y seguidoras. Se ha encargado de enlodar y contaminar la justicia con narrativas recurrentes de actos de corrupción, que cumplen un objetivo estratégico neutralizar a la oposición, es decir, con acciones de cuño populista de derecha.
A decir de Margaret Canovan “En Europa, el populismo de derecha se define por sus posiciones xenófobas y la defensa conservadora de privilegios, sobre todo de raza y clase. En América Latina, con Bukele y Bolsonaro a la cabeza, el populismo de derecha procura mantener el estatus quo de la dominación económica, por medio de la recuperación discursiva y facciosa de preocupaciones ciudadanas como son la inseguridad y la corrupción. A pesar de que él afirme que no es “ni de derecha ni de izquierda”. Lo consideramos un populista de derecha, antisistema, antimodelo neoliberal, autoritario a lo Bolsonaro.
Es sorprendente como imparte órdenes desde la red social de Twitter, desacató resoluciones de la Sala Constitucional y sugirió fusilar a sus magistrados. Persigue permanentemente a la “prensa independiente”. Su gabinete presidencial destila nepotismo con familiares y amigos, es decir, una verdadera cofradía de parientes y cercanos, gobierna para su clan, con el asesoramiento de la extrema derecha venezolana.
La Comunidad Internacional empieza a reaccionar, y es muy fácil visibilizar que su objetivo es la desaparición del FMLN, la fuerza política que puede anegar su apetito egocéntrico y autárquico de poder.
Ergo, es importante decantar la arena política salvadoreña y desmitificar que no es un presidente progresista, pero sí un peligroso populista alineado a la derecha, que pretende convertirse en el caudillo del pueblo salvadoreño.
Bajo el paraguas de anticorrupción, y un mesianismo con discurso de modernidad. No duda en abrir frentes en la arena geopolítica internacional para decir que es un iluminado y escogido por la deidad del cristianismo.
Empero, es importante visibilizar que mediante la implementación de un adecuado manejo de la pandemia de la Covid-19, copiado por sus ultraderechistas asesores venezolanos del exitoso programa bolivariano de Venezuela, que presenta una ratio de letalidad y mortalidad de los más bajos de Centroamérica, “así como las medidas punitivas contra la pandemia ampliamente aceptadas” como expresan Robert Evenson y Johan Walters.
Su acercamiento a China está provocando jaquecas y dolores de cabeza al gobierno federal de Joe Biden. Desde una mirada objetivamente dialéctica vemos que puede ser un distractor impulsado desde el pentágono para mantener al pueblo anestesiado, mientras las grandes empresas y estructuras corporativas concentran cada vez más riqueza en detrimento del pueblo.
No ha ocultado su animadversión y cuestionamiento a los gobiernos progresistas que aplican el principio de la libre determinación. Aprendió todas las tácticas y estrategias de marketing y comunicación política, mismas que son utilizadas para destruir a la oposición.
Es inadmisible la creación de centros clandestinos de privación de libertad para opositores, más aún, con tanques de pensamiento que han evidenciado un fracaso político total en Venezuela, las guarimbas, la violencia, y sus afanes de desestabilización, que han repercutido en terribles violaciones al disfrute de derechos del pueblo venezolano, como reconocen especialistas en derechos humanos de las Naciones Unidas.
Mientras tanto, la vulneración de derechos humanos y persecución política es el azote de cada día que los y las salvadoreños/as tiene que soportar, como expresión de un populismo de derecha que hace uso de viejas estrategias como mano dura contra el crimen, “es rentable el monopolio de hablar con Dios y la continuidad de la cleptocracia” en un pueblo profundamente penetrado por el sincretismo de la religiosidad popular.
Por ahora, el único camino es una resistencia y lucha organizada, para detener al caudillo en su insaciable apetito de concentración de poder, además la denuncia y solidaridad de la comunidad internacional.
No te creo Bukele, tu tienes ínfulas dictatoriales y antidemocráticas. Ha creado un supragabinete en la sombra, con asesores de clara injerencia antidemocrática, que inciden en Bukele para la toma de decisiones que han permanecido en un constante intento de desestabilización a la Revolución Bolivariana de Venezuela y que agitan banderas de intolerancia, concomitante sus asesores de confianza son tres de sus hermanos, que filtran y procesan todo tipo de decisiones antes de que lleguen a los despachos de los ministros de las carteras de Estado estratégicas. “El populismo bukeliano ha sido calificado como millennial” por Charles Call y Darío Mizrahi. La cachucha o gorra al revés, el recurrente y persistente uso de las redes sociales, el privilegio de la forma en detrimento del fondo, así como el miedo a la crítica, al debate, la carencia de un plan de gobierno son algunas de las características del predominio de la apariencia, del espíritu de una vida de consumo. Ese vacío ideológico, devela que este populista de derecha tutele permanente la corrupción para gobernar con un apetito dictatorial.
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Luis Ernesto Guerra Analista político y activista de Derechos Humanos
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