Pedro, el nuevo heraldo

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La Casa de Pizarro de Lima, recibe a un nuevo huésped. Un ser sencillo y diminuto, llega con su mochila y un lápiz en el bolsillo. Su sombrero enorme, rompe los vientos y corta la frialdad de esa ciudad gris embadurnada por el salitre del Pacífico.

Es el nuevo heraldo que viene a resarcir los golpes, golpes muy fuertes, dice Vallejo en sus poemas, como el de Dios, donde la resaca de todo lo sufrido se ha quedado empozado en el alma… Yo no sé!

Pedro Castillo llega guiado por los espíritus de los incas que bajaron de Machu Picchu para acompañarlo y protegerlo de la desidia y de los odios viscerales y oscuros provenientes del pantanal y las tinieblas. Él es el nuevo heraldo de la esperanza de los peruanos.

Con su lápiz traza líneas en el papel del alma de sus compañeros. Invita a todos y pasa la página del libro de los incas que lleva en su mochila. Se toma una máchica y mirando a la montaña se jura no claudicar y ruega al dios Inti que le irradie su fuerza y a Mamá Quilla lo mantenga en su paciencia serena.

Ganó Pedro Castillo y el Océano Pacífico quiere honrar su victoria y, por eso, como sábana plácida, le muestra el espejo de sus aguas limpias y transparentes, como diciéndole… así quiero que gobiernes a tu pueblo.

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Félix Roque Rivero Abogado

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